¿Alguna vez has pensado de dónde vienen los «tonos ocres«? Nosotros tampoco nos lo habíamos planteado hasta que, buscando sitios que visitar en nuestro road trip por la Provenza francesa, nos topamos con unas imágenes alucinantes de un paisaje rocoso anaranjado que respondía al nombre de «Sendero de los Ocres». Fotos que nos recordaban a las Médulas en León o al cañón del Colorado. ¿Qué era aquello?

Érase una vez, hace 230 millones de años, que la región que ocupa la actual Provenza estaba en el fondo del mar. Cubierta de agua. Del todo. El suelo de este fondo marino estaba compuesto por distintos minerales, que además fueron mezclándose y descomponiéndose con el tiempo (no entraremos en detalles).

El Sendero de los Ocres, en Roussillon, Francia

Y de repente (bueno, no de repente, poco a poco, pero contamos la historia resumida), hace unos 100 millones de años, el agua se retiró de esta zona. Por aquel entonces el clima aquí era tropical, lo que significa que llovía mucho. Esta lluvia cambió a su vez la tierra, antes cubierta por el mar y ahora en la superficie, dando lugar tras varias transformaciones geológicas a las arenas ocres protagonistas de nuestro post.

Los antiguos habitantes de este área pronto descubrieron que esta tierra de color rojizo se deshacía con facilidad y mezclada con agua o aceite constituía un poderoso pigmento natural. Durante siglos se establecieron canteras que extraían el ocre y, además de emplearlo ellos mismos, lo vendían. Un buen negocio que les enriqueció hasta que a principios del siglo XX fue sustituido por la industria de tintes sintéticos.

El Sendero de los Ocres, en Roussillon, Francia

Cerrada la mina ya, la naturaleza y la erosión terminaron de esculpir el paisaje: grandes acantilados y llamativas formaciones rocosas de vivos tonos anaranjados, rodeados de vegetación y árboles. ¡Y entonces llegó otra industria, la del turismo! Y así nació el Sendero de los Ocres.

Dos circuitos, de 3 y 1 kilómetro respectivamente, recorren mediante pasarelas y senderos las antiguas áreas de extracción de ocre. La erosión natural ha contribuido a la espectacularidad del paisaje, que parece una brecha sangrante entre los bosques, con paredes verticales y chimeneas de hadas donde pueden apreciarse hasta 17 tonalidades distintas de ocre.

Sendero de Ocres en Roussillon, Francia

Para visitar el Sendero de los Ocres debes dirigirte a Roussillon, uno de los pueblos más bonitos de Francia y ya de por sí solo foco de atracción turística. Si vas en coche, puedes dejarlo en el parking que hay justo a la entrada del municipio (15 primeros minutos gratis, 3 euros el día). Justo junto a éste se encuentra el acceso a los Ocres. La entrada tiene un precio de 3 euros por persona, tanto si haces la ruta corta (1 kilómetro, unos 30 minutos) como la larga (3 kilómetros, 60 minutos). Ambas suponen un agradable paseo, apto para todos los públicos.

También puedes visitar el Conservatorio de los Ocres y del Color, donde brindan más información sobre el proceso geológico de formación del ocre e imparten talleres de pintura y otras artes decorativas empleando los pigmentos naturales.

Sendero de Ocres en Roussillon, Francia

A 50 kilómetros de Aix-en-Provence, desde donde partíamos nosotros, encaramado en lo alto de un desfiladero y rodeado de bosques y montañas, se encuentra Roussillon. Rápidamente llama la atención que todas sus casas son de tonos rojizos, anaranjados y amarillos, casi fundiéndose con la piedra sobre la que están construidas. No dejes de pasear por sus calles, admirar sus bonitas edificaciones y subir hasta la Iglesia de San Miguel, en la parte alta de la ciudad, desde donde se obtiene una bonita perspectiva.

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