Nuestra sección de #viajarparaver se iba a enriquecer mucho después de nuestro reciente viaje a Madagascar. Tanto es así que hemos pensado que lo mejor es dedicar un post a todas esas curiosidades que han llamado nuestra atención mientras estábamos allí, por diferentes, por alejadas de nuestro día a día o por todo lo contrario. ¡Y ha habido muchas!

Como ya os contamos, en este viaje hemos pasado muuuuuchas horas en la carretera. Afortunadamente nuestro conductor era un crack y el coche super cómodo. Y para amenizar el road trip, en algún momento el guía nos ponía música malgache y en castellano. El primer día que conectó la radio, sonó una canción de Thalía. Nos sorprendió mucho y pensamos que quizá, por deferencia a nosotros españoles, había buscado música en castellano por Internet y había encontrado justamente ésa. Pero no: nos explicó que Thalía era muy famosa en Madagascar porque se habían emitido allí sus novelas y la gente conocía sus canciones. ¡La globalización era esto!

Rosalinda, una de las novelas por las que Thalía es famosa en Madagascar

Rosalinda, una de las novelas por las que Thalía es famosa en Madagascar

Para los que no pueden pagarse un transporte privado y necesitan desplazarse por el país está el servicio de los taxi brousse. Son furgonetas donde puedes viajar a bajo coste, cuentan con estaciones en numerosos pueblos y ciudades y sus rutas cubren prácticamente todo el país. No son taxis ni son autobuses, sino un híbrido en el que el aprovechamiento al máximo del espacio disponible es su ley. Hemos visto taxi brousses de 9 plazas con más de 30 ocupantes, unos sentados sobre otros, y con maletas, bolsas, cajas y todo tipo de equipaje estratégicamente colocados en la baca de la furgoneta. (También hemos visto alguno estrellado en un campo de arroz junto a la carretera). ¡Viajar en taxi brousse es de auténticos aventureros! (creo que nosotros no lo somos…)

Un taxi brousse bien cargado en su recorrido por Madagascar

Un taxi brousse bien cargado en su recorrido por Madagascar

Y para moverse dentro de un pueblo o ciudad está el pousse pousse: un vehículo pequeño de dos ruedas tirado por una persona andando o pedaleando en bicicleta. Para los familiarizados con Asía, lo que viene siendo un rickshaw. Se siguen usando en nuestros días como herencia colonial francesa y su nombre significa literalmente “empuja empuja”. No exageramos si decimos que hay cientos de estos carros multicolor en cada uno de los pueblos que visitamos y es un transporte muy frecuente.

Hilera de pousse pousse esperando por clientes

Hilera de pousse pousse esperando por clientes

Madagascar está atravesado por numerosos ríos. Nosotros estuvimos en la estación seca (de abril a octubre) con lo que muchos tenían su cauce sin agua, pero durante la estación lluviosa nos explicaron que tienen abundante caudal. Al atravesar por puentes o pasar cerca de estos ríos nos sorprendía ver a una gran cantidad de gente (niños y mayores) agachados como buscando… ¡Oro! ¡Zafiro! Resulta que Madagascar es riquísimo en piedras preciosas y hay pueblos enteros que se dedican a buscarlas y venderlas.

Niña buscando oro en el río

Niña buscando oro en el río

Pero sin duda la principal actividad económica en la isla es la agricultura, sobre todo el cultivo de arroz. Es realmente impactante ver kilómetros y kilómetros de verdes terrazas de arroz mientras recorres el país. Muchas veces no sabes si estás en Indonesia o en África: al final es una mezcla de ambos, pues junto a los arrozales encontrarás la característica tierra roja de Madagascar (en la zona central) o baobabs (en el Oeste y el Sur). El cultivo de arroz es muy importante para el país y la base de su alimentación y con técnicas innovadoras han logrado en algunas zonas del país producir hasta 3 cosechas al año de este cereal.

Los arrozales son una tónica constante en los paisajes de Madagascar

Los arrozales son una tónica constante en los paisajes de Madagascar

“¡Vazaha, vazaha!” (léase “bassa, bassa”). Éste es el grito más frecuente que escucharás cuando entres en contacto con población malgache, pues es cómo nos llaman a las personas blancas. Los niños sobre todo se acercan siempre gritándolo y pidiéndote que les regales algo. Nosotros compramos un par de bolsas de caramelos para tener qué darles en estas circunstancias. No es que pidan limosna (en realidad creo que no vimos a nadie en todo el viaje en esa situación): simplemente se acercan curiosos y quieren que les des algo de dinero, les saques una foto, les regales un detalle… Literalmente lo que sea.

Niños pidiéndonos caramelos a los

Niños pidiéndonos caramelos a los “vazaha”

La gastronomía malgache es una maravilla. Este viaje, lo repetimos, es uno de los que mejor y más variado hemos comido: zebú, pollo, cerdo, pescado, marisco, verduras, legumbres, fruta… ¡Nos hemos puesto las botas! El zebú es de la familia bovina, similar a una vaca pero con una joroba donde almacena grasa para subsistir, es el “animal para todo” en Madagascar, como herencia de sus primeros pobladores indonesios, y su carne es la más sabrosa y deseada. De hecho, tener zebús es un símbolo de riqueza y la costumbre malgache prohibe cocinar juntas la carne de pollo y la de zebú. ¿Por qué? La tradición es que el padre le entrega al hijo un pollo con el que empezar su forma de ganarse la vida. El siguiente escalón para el hijo sería trucar el pollo por un cerdo y el último peldaño de su riqueza sería lograr tener un zebú. Por ello, el pollo, el principio de la cadena, no puede cocinarse junto con el zebú, la meta final.

El zebú, además de animal de carga, es un exquisito plato de la gastronomía malgache

El zebú, además de animal de carga, es un exquisito plato de la gastronomía malgache

Y para acompañar el plato de comida, aunque también tienen su propia cerveza (la estupenda “Three Horses Beer”, THB, que se fabrica en Antsirabe) la bebida malgache por excelencia es el ron. Lo fabrican ellos mismos de manera casera a partir de la caña de azúcar y tiene una gradación indeterminada, pero en cualquier caso, muy muy alta. En sus celebraciones es costumbre beberlo. Para los turistas poco acostumbrados a tal concentración alcohólica hay versiones light, mezclando el ron con zumos frutales, o nuestra favorita: punch coco, ron con leche de coco y aroma de vainilla. ¡Delicioso!

Jóvenes malgaches preparando ron a partir de la caña de azúcar

Jóvenes malgaches preparando ron a partir de la caña de azúcar

Esta imagen es la más frecuente en las calles y campos de Madagascar: las mujeres llevan siempre bolsas, mercancías, objetos… todo en perfecto equilibrio sobre sus cabezas. E incluso aún tienen fuerzas para llevar a sus bebés a la espalda. Lo más admirable que vimos, aunque no dio tiempo a captar la imagen, fue a un grupo de mujeres con una torre de ladrillos recién hechos sobre sus cabezas portándolos con absoluta elegancia. ¡Chapó!

Mujer malgache llevando sus mercancías sobre su cabeza y su bebé a la espalda

Mujer malgache llevando sus mercancías sobre su cabeza y su bebé a la espalda

Antes del viaje pensábamos que, incluso en Madagascar, los baobabs eran escasos y que la famosa Avenida era célebre precisamente por ser de los pocos sitios donde podríamos verlos. ¡Qué gran error! Cuando ya vas llegando a Morondava empiezas a avistar baobabs entre los arrozales. Y en el camino hacia el Tsingy, que comienza de hecho en la Avenida, los hay a centenares. En el Sur también hay muchos, aunque de otras especies menos icónicas que la de la típica imagen malgache. Así que en nuestro road trip por la isla pudimos disfrutar de la visión de montones de baobabs, de todos los tipos y en distintos lugares. ¡La Avenida es sólo uno de ellos!

Baobab en la Reserva de Reniala, al Sur de Madagascar

Baobab en la Reserva de Reniala, al Sur de Madagascar

Dejando a parte los baobabs, entre todas las plantas y árboles endémicos de Madagascar, el más simbólico del país es el árbol del viajero. Es el icono de la (odiada) aerolínea nacional Air Madagascar y está presente también en el escudo malgache. Se trata de una mezcla de platanero y palmera (aunque en realidad no pertenece a la familia de las palmeras) y su denominación se debe a que, en caso de perderse el viajero, este árbol le puede ser de gran utilidad. En primer lugar porque sus grandes palmas están formadas por dos hojas que pueden servir de brújula: una indica el Norte y otra, el Sur. Y en segundo lugar, porque guarda importantes reservas de agua, con lo que al partir sus palmas o tallos es posible saciar la sed.

El árbol del viajero, todo un símbolo malgache

El árbol del viajero, todo un símbolo malgache

Los animales malgaches son expertos en el camuflaje. Los insectos, camaleones, geckos… están ahí ¡pero nunca los ves! Los guías de los distintos parques naturales que visitamos jugaban con nosotros: “en este árbol hay un animal, a ver si sois capaces de verlo”. ¡Imposible! Y ellos los divisaban mientras caminábamos y a distancia, ¡eso es tener buena vista! Insectos palo indistinguibles de ramas secas, ranas que parecen hojas, geckos fusionados con el tronco de un árbol, mini camaleones del color de las hojas… Tanto es así que ya hablamos de la “fauna invisible” de Madagascar.

Difícil distinguir esta mantis religiosa en el Parque Nacional de Isalo

Difícil distinguir esta mantis religiosa en el Parque Nacional de Isalo

Y mientras temíamos, injustificadamente a la vista de los acontecimientos, que insectos y reptiles nos invadiesen, esperábamos tener suerte y lograr ver algún lemur… Si es también tu intención visitando Madagascar, apunta este lugar: Reserva de Anja. Se trata de una iniciativa de la comunidad local liderada por un antiguo guía donde puedes ver lemures de cola anillada a, literalmente, 4 pasos de ti. Incluso madres con sus crías a cuestas pasan a pocos metros de distancia. ¡El sueño de cualquier aficionado a la fotografía de animales!

Lemures paseando a cuatro pasos de distancia en la Reserva de Anja

Lemures paseando a cuatro pasos de distancia en la Reserva de Anja

En Madagascar hay hasta 18 tribus diferentes y todas comparten el mantenimiento de ritos y tradiciones en torno a la muerte y el profundo respeto por los antepasados y por sus tumbas, a las que es fady (tabú) señalar con el dedo. En nuestro recorrido por el país, desde la carretera o en las rutas por las reservas y parques, las vimos de todo tipo (algunas realmente curiosas): grandes panteones individuales con pinturas homenajeando la vida del enterrado, tumbas con motivos eróticos como símbolos de la vida, humildes sepulcros familiares de piedra, tumbas situadas en elevadas cuevas en el Parque Nacional de Isalo…

Enorme tumba conmemorativa en recuerdo de un hombre (rico) que siempre quiso tener un barco (y al parecer no lo tuvo en vida)

Enorme tumba conmemorativa en recuerdo de un hombre (rico) que siempre quiso tener un barco (y al parecer no lo tuvo en vida)

También en esta línea, una de las tradiciones malgaches más curiosas que se mantiene hoy en día, incluso entre católicos, es la famadihana o levantamiento de los restos enterrados. Al cabo de un número impar de años desde el entierro (después de 1 año, de 3, de 5…) se celebra este evento que dura como mínimo 3 días pero puede extenderse más si la familia es adinerada. Además de festejar con comida, bebida y música, el acto principal consiste en desenterrar los restos del cadáver, cambiarles la mortaja de seda en que se envuelven y volverlos a enterrar. Los familiares deben ahorrar para invitar a todos los allegados, amigos y vecinos a este acto y consultar a un astrólogo que les indicará la fecha más idónea para celebrarlo.

Vista de una tumba desde la carretera

Vista de una tumba desde la carretera

Ni en ciudades ni en pueblos de Madagascar hay iluminación nocturna (otro ejemplo de la nefasta gestión pública de su Gobierno), por lo que nuestra actividad diaria se desarrollaba en las horas de luz: nos despertábamos al amanecer (a eso de las 6 de la mañana) y nos acostábamos temprano (sobre las 9 – 10 de la noche). Alrededor de las 5 de la tarde nos sentábamos simplemente a observar el espectáculo de los atardeceres africanos. El sol se ocultaba en cuestión de minutos pero tanto la hora antes como la hora posterior, los tonos rojizos inundaban el cielo. Sin palabras.

Atardeceres mágicos en Madagascar con un cielo teñido de rojo

Atardeceres mágicos en Madagascar con un cielo teñido de rojo

Y cuando la luz del sol desaparecía del todo, miles de estrellas tomaban el relevo. La ausencia de alumbrado público tiene al menos una ventaja… No hay contaminación lumínica alguna con lo que se puede contemplar un cielo estrellado rebosante en que es posible distinguir incluso la Vía Láctea. Y así terminaban nuestros días… ¿No está nada mal, eh?

Miles de estrellas pueden verse cada noche en el cielo de Madagascar, vía láctea incluida

Miles de estrellas pueden verse cada noche en el cielo de Madagascar, vía láctea incluida

 

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8 Comment on “#viajarparaver especial Madagascar

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