¿Sabías que Castilla La Mancha es líder mundial en extensión de territorio destinado al cultivo de la vid? Sí, es oficialmente el viñedo más grande del mundo. Así que decir que es uno de los mejores destinos de enoturismo posibles es casi una obviedad: y no solo por superficie dedicada al cultivo, sino también por la cada vez mayor calidad de sus vinos.

Entre todas las opciones posibles, Socuéllamos, en la provincia de Ciudad Real, ocupa un lugar muy destacado, al ser uno de los más importantes productores de vino manchegos. Aunque ciudadrealeño, el municipio limita geográficamente con las provincias de Cuenca y Albacete, lo que le convierte en punto de partida perfecto para recorrer la región de La Mancha al completo. Rodeado literalmente por un inmenso mar de viñas, cuenta con 12 bodegas locales y con el interesantísimo Museo Torre del Vino. Por todo esto Socuéllamos es una de las paradas fundamentales de la Ruta del Vino de La Mancha.

La Ruta del Vino de La Mancha busca dar a conocer la Denominación de Origen DO La Mancha a todos los niveles. Incluye 6 municipios, distribuidos entre las 3 provincias de Toledo, Albacete y Ciudad Real, incluyendo Socuéllamos, y más de 50 establecimientos: bodegas, hoteles, restaurantes, comercios… Toda la oferta de naturaleza, cultura y gastronomía que posee el territorio comprendido por la DO.

Mar de viñas en torno a Socuéllamos, en Ciudad Real
Mar de viñas en torno a Socuéllamos

Socuéllamos y el vino

La relación entre el vino y Socuéllamos comienza ya en el siglo I A.C., época a la que pertenecen dos ánforas encontradas en los yacimientos ibero-romanos El Bernardo y Torre de Vejezate. Esta relación se consolida fundamentalmente en la Edad Media, cuando Don Juan Osórez, Maestre de la Orden de Santiago, ordena en el siglo XIII que todo aquel que construya una casa y plante viñas queda exento del pago de impuestos. Es lo que se conoce como la Carta Puebla de Socuéllamos, refrendada posteriormente por los Reyes Católicos y por Carlos I. De este modo, el mantenimiento de esta situación durante varios siglos favorece la repoblación de la zona y la producción vitivinícola va en aumento.

A mediados del siglo XVI unas fuertes inundaciones anegan de agua las bodegas, que hasta ese momento almacenaban el vino en cuevas, y obligan a trasladar de ubicación el municipio. Se van recuperando poco a poco hasta que en el siglo XIX dos factores impulsan el crecimiento de Socuéllamos: la filoxera acaba con las viñas francesas y llega el ferrocarril. Ambas circunstancias hacen que el vino manchego se exporte masivamente. Durante el siglo XX se suman nuevas bodegas y se crean las primeras cooperativas.

Venir a Socuéllamos es adentrarte por tanto en el mundo del vino. Y por eso, sí o sí, debes hacer una visita guiada a alguna de sus bodegas, aprender en el interior del Museo Torre del Vino y, por supuesto, degustar sus vinos y su gastronomía en los bares y restaurantes de la ciudad. ¿Vamos a ello?

A pesar de que La Mancha es la región de España, de Europa y del mundo que aglutina ella sola la mayor concentración de viñas, históricamente se ha dedicado sobre todo a la venta a granel para otras bodegas, tanto españolas como francesas e italianas. Esto ha derivado en el desconocimiento generalizado por parte de la población del vino manchego. Afortunadamente esta situación está cambiando y ya muchas bodegas compaginan la venta al por mayor con la comercialización de sus propias marcas o incluso se dedican únicamente a esto último con el afán de dar a conocer un vino con entidad propia y representativo de La Mancha.

Museo torre del Vino

La antigua estación de ferrocarril, aquélla que en el siglo XIX propició que el vino socuellamino se vendiese por el mundo, acoge hoy el Museo Torre del Vino. Sus instalaciones son muy modernas y, desde luego, lo más llamativo es su Torre- Mirador, que alcanza los 32 metros de altura. Desde ella puedes disfrutar de unas estupendas vistas de Socuéllamos y del campo manchego: panorámica que le ha dado el sobrenombre del «Faro de La Mancha». Sin embargo, personalmente te recomendamos no quedarte solo con lo llamativo de la torre y visitar el interior del museo porque merece mucho la pena (tanto que le hemos dedicado un post completo)

Museo Torre del Vino en Socuéllamos
Museo Torre del Vino en Socuéllamos

Propone un recorrido didáctico amplísimo por la cultura vitivinícola de esta tierra. Una primera estancia está dedicada a la historia de Socuéllamos. Una segunda sala, más grande, analiza el proceso completo de cultivo y elaboración del vino: desde la semilla de la uva hasta las vías para su comercialización. Especialmente interesante nos pareció el espacio dedicado a la cata y el maridaje, con información muy útil para cualquiera que disfrute bebiendo vino: los tipos de copas, las formas de las botellas, la evolución de las etiquetas… Por último, el museo acoge una exposición de vinos producidos en las bodegas de La Mancha.

Además de paneles informativos con texto y fotos, todas las salas cuentan con audiovisuales y juegos interactivos. Mención especial para la pantalla con el glosario de términos manchegos y para los vídeos con refranes populares ligados al vino. ¡Nos encantaron!

Bodegas

Una vez estudiada la teoría en el museo, es momento de verla poner en práctica en una de las bodegas de Socuéllamos. Y por falta de opciones no será: desde grandes cooperativas con instalaciones a escala industrial hasta pequeñas bodegas familiares. Nosotros estuvimos en tres, cada una de un estilo diferente. En todas ellas puedes hacer una visita guiada con cata de sus vinos.

Bodegas Cristo de la Vega (Bodegas Crisve). Nace en 1955 cuando 25 agricultores deciden unirse y dar forma a un proyecto que, con el paso de los años, se ha convertido en la segunda mayor cooperativa de Europa. Sus instalaciones, sin salir del radio urbano de Socuéllamos, son impresionantes y sus cifras marean: recogen 107 millones de uvas, cuenta con 1.5000 barricas de madera y tienen tanques para almacenar hasta 115 millones de litros de vino. Aunque venden mucho a granel, también comercializan, blancos, tintos y rosados, a través de marcas propias de las que “Yugo” es sin duda la más conocida.

Bodega Explotaciones Hermanos Delgado. Producen vinos 100% ecológicos, venden tanto a granel como en marcas propias, pero también trabajan muchos otros productos: sangrías, vinagres, aceite de semilla de uva para cosmética, harinas, piensos… Bodega y viñedo están en la misma finca. Tienen además una clara vocación enoturística que trasladan a sus instalaciones: han acondicionado una cueva natural que se puede recorrer, están preparando un museo de objetos relativos a la producción del vino, van a construir una torre mirador para disfrutar de la panorámica de los campos de viñas que los rodean e incluso realizan visitas teatralizadas.

Finca Tinedo. El tatarabuelo del dueño actual compró esta finca y su bisabuela creó en ella la bodega a finales del siglo XIX. 175 años después la familia continúa con el proyecto. No solo su vino cuenta con certificación ecológica oficial, sino que todo el proceso de producción es sostenible: 300 metros cuadrados de placas solares les proporcionan energía propia y tienen un sistema de recogida de agua de lluvia para su reutilización. Destaca la belleza del lugar (la construcción original de la bodega rodeada del viñedo, las tinajas antiguas) y el afán por hacer un vino diferente, de alta calidad, pero muy representativo de la tierra manchega donde se cría.

Gastronomía

Cervantes describió ya en su Don Quijote los platos típicos manchegos, contundetes y sencillos, y estos han variado poco a lo largo de los siglos: gachas, migas, pisto, carne de caza… Siempre acompañados por el queso y el vino. ¿Ya te ha entrado hambre? En cualquiera de estas tres propuestas de Socuéllamos podrás satisfacerla y, avisamos, con sorpresa incluida, porque la oferta culinaria ha evolucionado, y mucho.

El Trampantojo Gourmet. Sus platos son muy originales, como el propio nombre del restaurante indica, tanto en cuanto a cocina como en su presentación. No puedes perderte el tartar de atún rojo (certificado). Y aunque tienen terraza, entra a su local para admirar los cuadros de sus paredes.

Punto de Encuentro. Tapas basadas en la gastronomía manchega más tradicional, pero con toques modernos, como la tosta de pisto manchego con huevo de codorniz o los duelos y quebrantos (revuelto de huevo, chorizo, jamón y tocino). Déjate aconsejar por Antonio sobre con qué vino maridarlo porque su vinoteca y sus recomendaciones merecen la pena.

El Cocedero de Kiele. ¿Te imaginas comer pescado y marisco en el corazón de La Mancha? Pues no hace falta imaginárselo. Kiele empezó (y continúa) como una fábrica de semiconservas de pescado. Habilitó un espacio para que los clientes pudiesen probar sus productos y de ahí nació el restaurante actual. Su carta te traslada a cualquier puerto marinero de España (palabrita de vasca de nacimiento y asturiana de adopción): pastel de cabracho, chipirones, gambas, pulpo, cocochas, paella de marisco…

Paseo por Socuéllamos

Pero no solo de vino vive el turista (¿o sí?). Ya que estamos en Socuéllamos también merece la pena conocer la ciudad. A pesar de tener mucha historia, como hemos comentado en varios puntos, es cierto que, desafortunadamente, no se ha conservado todo su patrimonio.

Aún así, hay una plaza que debes visitar sí o sí pues en ella sola encuentras los edificios más antiguos de Socuéllamos. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XV y estilo gótico tardío; el Antiguo Ayuntamiento, del sigo XVI; y la Casa de la Encomienda o de los Mendoza, de 1440, que ha mantenido su estructura de gran casa solariega y los blasones de las familias que la habitaron, visibles en su fachada (como Antonio de Mendoza, virrey de México y Perú).

La Plaza de la Constitución es el centro neurálgico de la ciudad, donde se encuentra el actual Ayuntamiento así como númerosos bares y terrazas. Será imposible que no pases por ella en algún momento. Cerca está el Centro social y cultura Carmen Arias, situado en una antigua casa solariega que conserva en su patio una chimenea industrial. Junto al Museo Torre del Vino está también el Parque Adolfo Suárez.

La última visita imprescindible es la Ermita de Nuestra Señora de Loreto, patrona de Socuéllamos (y patrona del Ejército del Aire, motivo por el que un caza Mirage F-1 está expuesto justo frente a la Ermita). El edificio es del siglo XVII, ampliado en el XX, y se encuentra justo detás de las instalaciones de Bodegas Crisve. En su amplio patio de hecho se celebra cada septiembre la Fiesta de la Vendimia, cuando se ofrece el primer mosto del año a la Virgen.

En enero, las luminarias. En febrero, Carnavales. En marzo o abril, dependiendo del año, Semana Santa. Las Cruces de Mayo, a principios de este mes, seguidas de la Romería de San Isidro, a mediados. Las fiestas en honor al Cristo de la Vega en agosto y las de la Vendimia en septiembre. Cierran el año la Feria y Fiestas de Todos los Santos, primero, y la tradicional Navidad, por último. ¿Quién da mas? No será por falta de fiestas en Socuéllamos… Está claro que elijas el mes que elijas para visitarlo, te toparás con alguna celebración.

Nuestro agradecimiento a Turismo Socuéllamos que nos invitó a pasar un fin de semana en su ciudad para descubrir su historia, cultura y patrimonio, experiencia de la que obtuvimos la información para publicar este artículo.

Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: