Viajar a un todo incluido hace unos años nos habría parecido ciencia ficción. Sin embargo, la película de nuestras vidas en 2025 requería de un giro argumental de este tipo por lo cansados que fueron los meses previos de búsqueda de casa, firma de hipoteca, reforma y mudanza. Queríamos huir de Madrid pero no nos sentíamos con fuerza para organizar un viaje por libre y toda la logística que conlleva. La solución nos llegó en forma de ofertón a un resort todo incluido de República Dominicana. Dormimos, comimos, nadamos, bailamos, jugamos, fuimos en barco, buceamos, vimos atardeceres bonitos… Nuestra hija de 2 años lo gozó y nosotros descansamos. A veces, no se le puede pedir más (ni menos) a la vida.
La República Dominicana es famosa a partes iguales por sus playas de arena blanca, palmeras y aguas turquesas y por sus resorts de lujo. Aunque la primera impresión es siempre ésa, hay más que descubrir en el país, si bien confesamos que desgraciadamente no pudimos constatarlo en gran parte.
Puedes recorrer selvas, cascadas y parajes naturales impresionantes como el lago Enriquillo o la península de Samaná, ideal para ver ballenas (de enero a marzo). Es así mismo un destino recomendable para practicar snorkel y buceo, con arrecifes de coral en la costa caribeña.

Su capital, Santo Domingo, tiene un importante legado cultural en su Ciudad Colonial, que es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí puedes ver monumentos como la Fortaleza Ozama, visitar la catedral, recorrer varios museos y caminar por sus calles con arquitectura de herencia colonial.
República Dominicana cuenta con una más que sólida infraestructura hotelera y con buenos servicios sanitarios. Al no tener una gran extensión, los traslados son cortos. Es un país muy seguro para los turistas. Y, no menos importante, es un destino barato en el Caribe (más economico por ejemplo que Cuba o Cancún): así, es posible encontrar muy buenos precios para vuelos y alojamientos incluso en temporada alta. No hablamos solo de ofertas todo incluido, sino también de oportunidades para viajar por libre escogiendo hoteles o apartamentos más modestos.
No obstante lo anterior, nosotros en este caso nos fuimos a por la oferta del “todo incluido”: vuelos, traslados y alojamiento con todas las comidas y servicios. La contratamos en una web especializada en viajes al Caribe apenas unas semanas antes de la salida. Fue todo un poco improvisado y salió sorprendentemente bien.
Punta Cana es el enclave turístico por excelencia en República Dominicana y allí las infraestructuras turísticas llevan décadas asentadas funcionando. Sin embargo, cada vez más van postulándose como buenos destinos en el país otros sitios menos famosos y, por ende, menos masificados. Es el caso de Bayahibe, donde estuvimos nosotros, pero también Puerto Plata o Miches.
Bayahibe era originalmente una pequeña localidad de pescadores al sureste de la isla, en la costa caribeña (Punta Cana está en la costa del océano). Ha ido ganando en popularidad en los últimos años por sus bonitas playas y por sus zonas para bucear, como la playa Dominicus, donde hay arrecifes de coral. Si buscas un destino más familiar, menos fiestero, y con ritmo más lento, Bayahibe sería mejor elección que Punta Cana.
Los vuelos, directos de Madrid a Punta Cana, fueron con World2fly, que viene a ser una low cost transatlántica. Todo fue correcto en ambos trayectos pero los contenidos audiovisuales los tienes que ver en su App descargada en tu dispositivo conectado al WiFi del avión y en la práctica no pudimos ver absolutamente nada.
Del aeropuerto de Punta Cana a Bayahibe, donde nos alojamos, hay un trayecto de casi dos horas por carretera. En nuestro caso el traslado, ida y vuelta, en autobús estaba también incluido, pero la mayoría de hoteles en Santo Domingo ofrecen este servicio gratis o por un pequeño coste adicional.
En cualquier caso, World2fly tambien tiene vuelos directos desde España a Santo Domingo e incluso a La Romana, que es el aeropuerto más cercano a Bayahibe. Dependiendo de las fechas y los precios, por tanto, puedes cuadrarlo para ahorrarte el viaje por carretera.

República Dominicana presenta clima tropical con posibilidad de lluvias y tormentas, especialmente en la temporada de huracanes (entre junio y noviembre). Los meses más fuertes de turismo son enero, febrero y marzo. También suele haber mucha demanda en abril, diciembre y en verano, aunque hace más calor. Septiembre y octubre serían los meses más tranquilos.
No necesitas visado para estancias turísticas de 30 días, ampliable hasta 120, si eres ciudadano español. Es obligatorio, eso sí, tener un pasaporte con una validez mínima de 6 meses en el momento de entrada y contar con billete de vuelta (o de salida a otro destino). Hay un formulario digital, un ticket electrónico, requerido para entrar y salir del país, totalmente gratuito y que debes gestionar online antes del viaje en esta web.
No hay vacunas obligatorias viajando desde España. Disponen de buenos hospitales y centros de salud; incluso en muchos hoteles hay servicio médico. No obstante, es más que recomendable contratar un seguro de viajes. Por eso te recomendamos reservarlo con Intermundial a través de nuestro blog con un 10% de descuento respecto a las tarifas oficiales.
La moneda oficial es el peso dominicano (DOP): un euro equivale a unos 72 pesos. Sin embargo, se aceptan dólares americanos de manera general e incluso euros en muchas empresas turísticas. También el pago con tarjeta de crédito está extendido.
Muy importante: no olvides llevar un adaptador de enchufe porque en República Dominicana se usa voltaje de 110 Voltios y enchufes tipo americano.

El resort donde nos alojamos era el Sunscape Dominicus La Romana. Antes de estar allí pensábamos que sería de gama media pero nos sorprendió enormemente. Es muy grande, con muchísimas habitaciones, instalaciones modernas cuidadas, personal encantador y una grandísima oferta de ocio y de restauración. Quizás porque no estamos acostumbrados a este tipo de alojamientos, a nosotros nos resultó de nivel alto.
Tiene playa privada y dos piscinas, la de adultos y la infantil, que cuenta con columpios y atracciones acuáticas para los peques. Las zonas ajardinadas son amplísimas con patos, gallinetas y tortugas campando a sus anchas. Hay actividades gratuitas durante todo el día, incluso acuáticas en la playa con posibilidad de reservar kayak o patinete acuático. Disponen así mismo de club infantil para niños de 3 años en adelante; aunque Alaia tenía solo 2 y le permitieron unirse a alguna actividad acompañada por uno de nosotros.

Las comidas se sirven en dos restaurantes muy amplios tipo buffet, con una variedad sorprendente y horarios holgados. Hay así mismo varios restaurantes temáticos, solo para las cenas, sin necesidad de reserva previa, de gastronomías internacionales como italiana, mexicana u oriental: mención especial para éste último, de especialidad teppanyaki, que es un auténtico espectáculo. Es aconsejable acudir a primera hora de la noche a los restaurantes temáticos para evitar esperas largas. Por último, varias cafeterías y barras de bar ofrecen bebidas y cócteles, muy bien elaborados, durante todo el día. Es prácticamente imposible pasar hambre o sed, garantizado.

Éste es otro ámbito en el que apenas teníamos experiencia previa. Generalmente alquilamos un coche para recorrer por libre el destino y visitar los lugares y atracciones a nuestro antojo. En este viaje optamos por contratar unas cuantas excursiones puntuales para que nos llevasen y trajesen. Las cogimos en el hotel directamente al día siguiente de nuestra llegada, por comodidad, pero también puedes reservarlas online previamente en plataformas como Civitatis. Comparando precios, no había apenas diferencia real.
Dado que nuestro objetivo principal era descansar y que las actividades con una niña de dos años son más limitadas, decidimos hacer una excursión conjunta los tres y otra individual cada uno en días alternos.
Cómo consejo general, ten paciencia porque los desplazamientos son a ritmo pausado. Nos tocó esperar casi una hora entre el bus que llevaba del hotel al puerto y el barco en una de las salidas, por ejemplo.
Es la excursión imprescindible si te alojas en Bayahibe o La Romana porque queda bastante cerca. Es una actividad de día completo en barco. Se detiene primero en unas piscinas naturales donde pueden verse estrellas de mar para finalmente llegar a Saona. Allí estás durante 2 o 3 horas con tiempo libre para pasear entre palmeras , bañarte en el mar azul turquesa o hacer snorkel.
El precio de la excursión varía mucho en función del tipo de barco, el número de asistentes, el tipo de comida y bebida e incluso los servicios que ofrecen a bordo. Nosotros optamos por una cara, 120 dólares por persona (niños gratis), en catamarán, con capacidad para entre 30 y 40 personas, con barra libre durante la navegación y un menú bastante variado en Saona (arroz, pasta, pollo, cerdo, camarones). Yendo con una niña de 2 años preferimos no jugárnosla; si no es tu caso, una alternativa más barata también te servirá.

A pesar de que sí ves estrellas de mar e incluso peces voladores (atento desde el barco) y de que los paisajes son indudablemente bellos, en nuestra opinción se trata más bien de una excursión de diversión y fiesta que de “ir a ver cosas”. De hecho, Isla Saona no es el sitio más indicado para hacer snorkel por ejemplo, la vecina Isla Catalina sería más apropiada (a la que puedes ir también en excursiones del mismo estilo que Saona).
Llevaba muchos años con la espinita clavada del buceo y ya en otros viajes estuve tentada con la idea de probarlo. Y es que en destinos como República Dominicana es habitual poder realizar primeras inmersiones directamente en el mar con la supervisión de un instructor. Los pasos son:
En mi caso fueron dos inmersiones y la segunda fue infinitamente mejor que la primera, así que recomiendo poder hacer dos pese a ser la primera experiencia. El coste fue de 120 dólares por unas 4 horas de actividad en total, con todo incluido: recogida en el hotel, traje, aletas, equipo de inmersión, traslado en barco, etc. Lo hice con la empresa local Coral Point Diving. A pesar de que no vi nada súper espectacular durante el buceo, sí muchos corales y peces, para mí fue una primera vez inolvidable.
Aunque venden actividades de “inmersión en cenotes”, realmente son más bien cuevas marinas. Diego probó el snorkel en la cueva del Chicho, una piscina natural de agua cristalina bajo estalactitas y estalagmitas, dentro del Parque Nacional de Cotubanama. Fueron 3 horas de actividad con recogida en el hotel, caminata por el parque hasta la cueva, la inmersión guiada en ella y un aperitivo; todo por 46 euros. Le resultó interesante, pero prescindible.
La Cueva Padre Nuestro, también en Cotubanamá, o la Cueva de las Maravillas, con pictografías, estalactitas y estalagmitas, son otras opciones.

Personalmente me quedé con las ganas de hacer una excursión a Santo Domingo, para conocer la capital dominicana, pero era demasiado tiempo de traslado, algo más de 3 horas entre ida y vuelta. Y, por supuesto, habríamos hecho el tour de avistamiento de ballenas en Samaná, de haber ido en los meses de enero a marzo.
¡Y éste fue nuestro viaje de 7 noches en República Dominicana! ¿Has tenido experiencias viajeras similares allí o en otro destino?