Ya desde el primer momento que aterrizas en territorio butanés, te das cuenta de que estás en un sito especial… Para empezar, el aeropuerto es el más bonito que hayas visto nunca, construido siguiendo la arquitectura tradicional del país. Y ya puede parecerte bonito porque durante toda tu estancia allí no vas a ver ni una sola construcción que no respete este estilo,

sea una casa unifamiliar, un edificio de varios pisos o un hospital. En Bután respetar las costumbres y tradiciones culturales no es sólo una frase promocional, te lo aseguro.

Aeropuerto Internacional de Paro (Bután)

Aeropuerto Internacional de Paro (Bután)

Y para continuar, nada más bajar del avión, te encuentras un cartel gigante con una imagen del rey y la reina actuales (jovencísimos, él fue coronado en 2008). Bután es una monarquía muy reciente, se formó a principios del siglo XX y el actual regente es el quinto de su linaje. De hecho, es también un Estado igual de reciente que nació precisamente con la coronación del primer rey de la actual dinastía, poniendo fin así a una larga época de guerras y conflictos. Sea por esto, sea porque su monarquía ha seguido una política de respeto a las tradiciones y al budismo combinada con aperturas al exterior en aspectos clave para la población (permitió voluntariamente la formación de un Gobierno Parlamentario en 2007), los butaneses adoran a su familia real. Es lo más normal del mundo encontrar fotos suyas colgadas en las paredes de tiendas, restaurantes, hoteles, casas… Y hablan de ellos con orgullo y confianza.

En Bután Estado y religión van de la mano. Su bandera, mitad naranja mitad amarilla simboliza esa unión. Incluso en los edificios oficiales (los icónicos dzong) conviven las estancias del monasterio con las oficinas del Gobierno. El budismo es la religión única y está en la base de sus leyes y sus costumbres. Incluso figuras históricas, como el arquitecto que construyó los dzong en el siglo XXVII, se convierten en parte de su mitología budista y son venerados en forma de estatuas en los monasterios junto a las figuras de Buda u otras deidades. Para nosotros, europeos ateos que soñamos con un Estado laico de verdad, es realmente chocante y, de entrada, rechazamos un Estado confesional de este tipo. Pero es que en Bután han sacado mucho provecho a esta unión…

Monje budista rezando

Monje budista rezando

Su Constitución recoge el respeto al medio ambiente como uno de sus puntos principales. Reglan, por ejemplo, cuántas hectáreas hay que mantener sin construir por cada vivienda que se edifica. Nos explicaron cómo durante un tiempo se exportaba madera, pero dado que cada vez se hacía más explotación de ello y se talaban más y más árboles, crearon leyes para impedirlo. El budismo prohibe matar animales, pero los turistas comemos carne (muchos habitantes butaneses también aunque reconocen que no deberían por su religión), así que toda la carne se importa de la India y allí no existe la industria alimentaria. Aún menos la caza, claro (salvo para la familia real).

El resultado es que tienen un ecosistema envidiable, con unos bosques y valles asombrosos y especies animales de todo tipo (incluso leopardos de las nieves) que están extinguiéndose en otras regiones, emigran a Bután para sobrevivir.

También tienen beneficios sociales: las medicinas son gratuitas. Además de los hospitales “modernos”, hay hospitales de medicina tradicional, donde te prescriben hierbas naturales o tomar saunas y baños de piedras calientes (en las propias instalaciones del hospita). La educación por supuesto también es totalmente gratuita. Todos deben vestir el traje oficial butanés en su día a día, en todas sus actividades públicas: la kira para las mujeres, el gho para los hombres. Y, como curiosidad, la poligamia está permitida para hombres y mujeres, es decir, tanto un hombre como una mujer puede contraer matrimonio con varias personas. No es lo más común (porque hay que tener un alto nivel económico para permitírselo) pero es legal. El anterior rey, por ejemplo, está casado con cuatro hermanas, las cuatro reinas madres.

Niños butaneses con el traje típico gho

Niños butaneses con el traje típico gho

En definitiva, curiosidades a parte, sacrifican el enriquecimiento capitalista en pos de mantener las tradiciones y la naturaleza (todo muy acorde también con la filosofía budista, claro). Ésta es la base de su política, lo que llevó a su cuarto rey (el anterior al vigente) a aplicar el famosísimo índice de “Felicidad Nacional Bruta” como medida de riqueza de su país, más allá del tradicional PIB. Y esto que se convirtió en su momento en una noticia de lo más comentada y que desde fuera resulta difícil de creer, se convierte en una realidad de lo más tangible cuando llegas allí y ves que realmente es así, que lo fundamental para ellos es preservar lo que tienen e ir abriéndose al exterior muy poco a poco por temor a que todo se vaya al garete.

A nivel de política exterior también viven en una encrucijada… Geográficamente situado entre India y China, Bután es rico en recursos naturales pero pobre en muchos otros medios (no tienen ejército, no tienen industria apenas). Su país aliado es India: son indias las empresas constructoras que operan en el país, sólo los indios pueden circular por territorio butanés por su cuenta sin necesidad de visado, es hindú el capital para construir las empresas hidroeléctricas (la primera fuente de riqueza del país, la segunda es el turismo como te expliqué).

China también ha hecho sus intentos, pero tras invadir el Tíbet, en Bután les temen (hasta hace unos pocos años ni siquiera se permitía la entrada a turistas chinos). Aún así, Bután también es consciente de su excesiva dependencia de la India y ésta presiona para impedir que establezcan tratos con otros Estados. Parece como si se moviesen entre dos aguas en todos los aspectos de su vida política y puedes ves la fragilidad de su existencia. ¡Es un país tan joven!

Durante todo nuestro viaje pasábamos del rechazo a su forma de Gobierno y a su ferviente creencia religiosa, al respeto por el país tan maravilloso que han logrado construir y por los valores tan positivos que mantienen. Como Bután mismo, también nosotros nos quedamos entre dos aguas… Lo que sí tenemos claro es que es un país totalmente diferente a otro que hayamos visitado. ¡Así que corre a conocerlo!

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Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

One Comment on “Bután: manual de usos y costumbres

  1. Pingback: Los dzong de Bután | Vagamundos

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