La conservación en Madagascar es, o debería ser, una preocupación global: la anteriormente conocida como “isla verde” se ha convertido en la “isla roja“, no en vano el 90% de sus bosques originales han desaparecido. Lo que ya de por si es una catástrofe en cualquier ecosistema, lo es aún más en su caso pues es el quinto país con mayor diversidad del mundo y el segundo en diversidad de primates (el 94% de ellos amenazados). De las alrededor de 200.000 especies que se le calcula, el 70% son endémicas. Cuando lo llaman el octavo continente no es un simple dicho. ¿Pero cómo proteger esta soberbia naturaleza siendo uno de los diez países más pobres del mundo? Patricia Wright desde luego tiene algunas soluciones al respecto.

Lemur Dorado, descubierto en Ranomafana en 1986

Lemur Dorado, descubierto en Ranomafana en 1986

Para quien no conozca a la primera mujer en conseguir el Indianapolis Prize, empecemos por el principio. En 1986, un año después de acabar su doctorado en antropología, Patricia se embarcó en un viaje de exploración a Madagascar. Su objetivo era buscar algún resto del Gran Lemur de Bambú, una especie que se creía extinta pero de la que había muchos registros fósiles. Ella lo redescubrió en 1987 para la ciencia, vivito y coleando, aunque muy amenazado. Además descubrió otra especie de la que no se tenía constancia, el Lemur Dorado de Bambú. Sus hazañas no terminan ahí: gracias a sus esfuerzos y a su descubrimiento de este nuevo lemur, en 1991 se creó el Parque Nacional de Ranomafana. Además dirigió un estudio de 26 años sobre las interacciones sociales de los lemures y creó una alternativa válida para las cientos de especies del parque y, muy importante, para la comunidad que vive en la zona.

Porque el equilibrio en un ecosistema es imposible sin tener en cuenta a su depredador principal (en este caso, el hombre): cuando este depredador no consigue satisfacer sus necesidades presiona hasta que ese equilibrio desaparece, mucho más si se encuentra, como en Madagascar, por debajo del umbral de la pobreza, Lo primero para lograr ese equilibrio era pues involucrar a la población local: había que mejorar su vida y  convencerles de que su porvenir era mayor si protegían su medio natural que si simplemente lo usaban sin control para abastecerse. Patricia pronto vio claro que con los recursos de una población que está entre las más pobres del planeta no era ni remotamente suficiente, había que ganar a la comunidad internacional.

Parada a comer en un claro paradisiaco del Parque de Ranomafana

Parada a comer en un claro paradisiaco del Parque de Ranomafana

Y es que ningún parque natural es económicamente viable, por más que en él vivan 12 tipos de lemures, especies únicas de reptiles y anfibios y más de 64 especies endémicas de aves. Ranomafana no era menos y por ello debía captar recursos del exterior. Así nació el instituto  ValBio, dependiente de la Universidad estadounidense Stony Brook, en el que investigadores, documentalistas, profesores, estudiantes o meros visitantes pueden profundizar en el conocimiento de especies únicas en el mundo, de primera mano y a precios muy competitivos.

Para la comunidad local tiene también efectos positivos mediante dos vías. Primero, da trabajo directo en el parque: ayudantes para investigación con sueldos estables, y guías, que no son tan estables, pero estacionalmente pueden a llegar a ganar incluso más que ellos. Y segundo, en la periferia del parque progresivamente también ha mejorado la situación: en 2010 se contaban ya 22 pueblos, 19 escuelas y 15 clubs de conservación donde intentan mejorar los conocimientos de la población sobre nutrición, hábitos sanitarios y sobre su ecosistema y las interrelaciones que existen entre las especies. Además, se han creado programas para reforestar la zona y conservar su biodiversidad.

Gecko de cola de hoja, camuflado en la vegetación de Ranomafana

Gecko de cola de hoja, camuflado en la vegetación de Ranomafana

Ya de cara al viajero, es importante saber que Ranomafana se puede visitar todo el año, si bien la zona es húmeda y abundan las sanguijuelas en el camino de acceso (sobre todo durante la estación lluviosa del año en Madagascar). Por tanto, el pantalón corto en la época seca, largo en los meses de lluvias, y las zapatillas con buen agarre son fundamentales.

Hay distintos itinerarios que se pueden realizar, desde 2 horas de duración hasta varios días, pero siempre acompañado por un guía local al que se debe pagar sus honorarios, en función de la ruta elegida, a parte de la entrada al parque. El itinerario de día completo, que nosotros contratamos, no es precisamente un paseo de entretenimiento: son 8 horas en plena naturaleza que pondrán a prueba tu habilidad para andar apartando lianas y subiendo cuestas escurridizas. La mayor parte del tiempo estás fuera de caminos trazados, entre árboles y matorrales, pero sin duda merece la pena porque llegas a ver muchas especies distintas de animales.

Es recomendable ir pronto si quieres ver lemures: su actividad diaria, aunque errática, sí que suele ser más activa a primera hora de la mañana para después ir a reposar a media mañana a sus nidos (tienen varios refugios y rotan de unos a otros para ponerle las cosas difíciles al fossa, su depredador natural).

Lemur de Milne-Edwards observando a los visitantes de Ranomafana

Lemur de Milne-Edwards observando a los visitantes de Ranomafana

En 2007 Ranomafana fue incluido en la lista de la Unesco de lugares Patrimonio de la Humanidad, un galardón merecido para el regalo que ha hecho Patricia al mundo, que viene con un recuerdo. Ya hay gente que está construyendo un mundo mejor, tal vez lo único que haga falta es fijarnos más en estas personas y apoyarlas.

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6 Comment on “Maravillas de Madagascar: Parque Ranomafana, el regalo de Patricia Wright

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