Situado en la provincia de Teruel, este pueblo de origen medieval parece detenido en el tiempo, con sus casas rojizas, sus calles que serpentean en la montaña y sus murallas que abrazan la colina. Con razón es oficialmente uno de Los Pueblos Más Bonitos de España y, posiblemente, el más bello de Teruel. También es Conjunto Histórico Artístico y candidata a Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
La arquitectura popular de Albarracín se caracteriza por casas de madera y yeso rojizo, construidas adaptándose a la oreografía del terreno, retando a la gravedad, casi colgadas en las paredes rocosas. Si bien es un pueblo bonito en cualquier momento, con los colores del otoño lo encontramos especialmente interesante (y si no, mira las imágenes de prueba).

Albarracín nació en el siglo XI en el territorio peninsular ocupado por los árabes, como capital de la taifa de los Banu Razín, de los que deriva precisamente su nombre. Tras la conquista cristiana pasó a formar parte del Reino de Aragón y llegó a ser un señorío independiente. Su posición estratégica entre montañas y valles fue definitoria durante siglos. Prueba de ello son las construcciones defensivas que aún conserva hoy: las icónicas murallas, las torres vigilantes y los restos del castillo. De hecho, por lo bien mantenidas que están tanto éstas como el resto de las casas y calles, Albarracín conserva hoy una atmósfera medieval única.
Lo visites cuando lo visites, te dejamos esta pequeña guía con lo principal qué ver y hacer durante dos días por Albarracín
La Casa de la Julianeta, del siglo XIV, es la imagen más icónica de Albarracín. Se trata de una casa medieval inclinada que, desde el Portal de Molina justo en frente, ofrece la mejor postal. Justamente por su fama, puede ser difícil conseguir esa foto sin “intrusos”: por la noche o a primera hora del día son los mejores momentos para intentarlo. Por desgracia, no se puede acceder al interior de la Casa de la Julianeta, al ser una vivienda taller privada.

La plaza Mayor es una plaza porticada con forma de U, del siglo XI, rodeada de edificios históricos, incluyendo el Ayuntamiento. Es el epicentro del casco histórico y desde ella parten las principales calles a recorrer. Entre el Ayuntamiento y la calle Diputación Provincial hay un mirador con una de las mejores vistas de Albarracín.

Otra panorámica que compite en belleza con la anterior es la del mirador en la calle de la Catedral que, como su propio nombre indica, está al lado de esta construcción. Se construyó en el siglo XVI en arquitectura gótica, pero en el XVIII se llevó a cabo una importante redecoración de su interior en estilo barroco. La Catedral del Salvador solo se puede visitar como parte de una visita guiada desde 5 euros.

Las murallas que rodean Albarracín son otro imprescindible. Su edificación arrancó en el siglo X aunque gran parte es del XV. Hay 3 vías de acceso: por la calle del Chorro, desde la iglesia de Santiago y por el portal de Molina. Es posible, aunque con cierta dificultad por los tramos empedrados e inclinados, pasear por las murallas y disfrutar así de unas vistas distintas a las de otros miradores del municipio. En ese sentido son recomendables las que ofrece la Torre del Andador (siempre y cuando no llegues al amanecer y pilles una niebla que no deja ver a dos palmos, como fue nuestro caso).

Junto con las murallas forma el conjunto fortificado de Albarracín el Castillo o Alcázar. Su historia va liada a la del municipio. Fue construido por la familia Banu Razín en el siglo XI, luego pasó a pertenecer al Reino de Aragón y con el devenir de los siglos fue expoliado y destruido. Hoy se pueden visitar, por 4 euros, los restos de sus muros defensivos y sus torreones así como algunas edificaciones de su interior: viviendas palatinas, patios, aljibes…
Y, para terminar con las construcciones defensivas, en el extremo sur está la Torre de Doña Blanca, del siglo XIII. Tiene 18 metros de altura y muros muy gruesos. Hoy se usa como sala de exposiciones y desde su terraza hay una buena panorámica.
Si aún te quedan ganas de sacar fotos, te recomendamos dos lugares más para disfrutar de las mejores vistas de Albarracín: la calle Palacios y la calle Santa María. Ofrecen panorámicas muy distintas entre sí, a diferentes partes del municipio, así que intenta disfrutar de ambas.
Pasear por Albarracín sin rumbo y observando todas sus casas es ya de por sí un lujo pero si te interesa conocer las construcciones más significativas, aquí va la lista.
Subiendo por la calle Azagra, una de las vías más típicas para acceder al centro histórico, encuentras dos de estos edificios destacados. En primer lugar, está la Casa de la Brigadiera, actual Hotel Albarracín. Es una casa señorial original del siglo XVI con 3 pisos de altura y cuya parte trasera asoma a los escarpes rocosos del lado oriental de Albarracín.
Un poco más adelante, en la misma calle Azagra y en curva, se encuentra la Casa de los Navarro Arzuriaga, del siglo XVII. Es imperdible porque debe de ser la única vivienda azul de todo Albarracín, probablemente consecuencia de las influencias de la arquitectura andaluza de la época. No se puede visitar su interior pues está ocupada por viviendas privadas.

Cerca de la Casa de la Julianeta, en la calle Portal de Molina, se ubica esta otra casa, menos popular pero que es también museo: la Casa Pérez y Toyuela, casa noble del siglo XII, alberga hoy un museo etnográfico que recrea cómo vivían sus habitantes originales. Tiene 3 plantas, todas visitables, como parte de un tour guiado desde 11 euros.
En el camino desde la Plaza Mayor a la Catedral pasas por la Casa de los Monterde, del siglo XVII. Está considerada como una de las construcciones más notables de Albarracín, tanto por su valor arquitectónico como por la calidad decorativa de sus detalles: fíjate en el picaporte con tres lagartos y en el gran escudo heráldico en su fachada.
Junto a la Catedral, accesible desde su claustro, está el Palacio Episcopal. Actualmente alberga el Museo Diocesano con destacacas colecciones de arte sacro. Puedes visitar tanto éste como las antiguas dependencias del Obispo por 3,5 euros.
El Paseo fluvial del río Guadalaviar rodea la parte baja del municipio, la que no circunda la muralla, en un recorrido circular de menos de un hora. Es una ruta sencilla pero sobre terreno irregular, con tramos de sendas de piedra, escaleras, puentes colgantes y pasarelas. Lo mejor es que permite disfrutar de unas fantásticas vistas de Albarracín, las murallas y las características casas rojizas del pueblo.
Si te queda tiempo, merece la pena acercarse en los alrededores de Albarracín hasta los Pinares del Rodeno. Se trata de un bosque de pinos en una zona de arenisca roja, con llamativas formaciones provocadas por la erosión. Hay también arte rupestre datado de los años 6000 al 2000 A.C: figuras de toros, ciervos, caballos, humanos bailando o cazando. Por desgracia la lluvia nos impidió conocer en persona los Pinares del Rodeno pero nos parecía sumamente interesante.
Una vez respondida la duda de qué ver y hacer en Albarracín, queda la otra gran cuestión en cualquier viaje: ¿dónde comer en Albarracín? Aquí va la lista de los que probamos en primera persona:
La última duda a despejar es dónde dormir en Albarracín. Nosotros nos alojamos en Apartamento Blasco. Es una pequeña casa de pueblo, de dos plantas. Admite mascotas, tiene aparcamiento gratis cercano, es batato y está bien situado para llegar al meollo turístico a pie rápidamente. Sus muebles y decoración interior son un poco antiguos, pero al cambio, compensa por el resto de sus características y es suficiente para un par de días.
Para finalizar, como siempre, te dejamos un mapa con las ubicaciones de todos los lugares de Albarracín mencionados en el artículo.