Asociamos el destino turístico del Algarve con sol, playas, pueblos bonitos y rico pescado. Pero a nivel de naturaleza cuenta también con una auténtica joya, no tan conocida, pero de gran valor medioambiental e importante extensión en espacio: Ría Formosa. Es además Parque Natural y está considerado como una de las 7 Maravillas Naturales de Portugal.

Conforma un humedal único con islas, penínsulas, dunas y marismas, que cambian constantemente debido al continuo movimiento de los vientos y las mareas. Ocupa una gran superfice (18.000 hectáreas) que se extiende a lo largo de 60 kilómetros en la costa más oriental del Algarve, comprendiendo las localidades de Tavira, Loulé, Olhao, Faro y Vila Real de Santo Antonio.

La Ría Formosa es en realidad, por tanto, una extensísima laguna marina creada por la protección natural frente al Atlántico que le proporcinan cinco islas barrera (Barreta o Ilha Deserta, Culatra, Armona, Tavira y Cabanas) y dos penínsulas (la de Ancão, frente a Faro, y la de Cacela). Es un paraíso para las aves, tanto las acuáticas como las especies migratorias: hasta 30.000 hacen escala aquí en sus rutas de Europa a África. Y cuenta además con la mayor población de caballitos del mar del mundo.

Playa de la Isla Deserta en la Ría Formosa
Un pequeño playerito blaonco en l playa de la Isla Deserta, Ría Formosa

Nuestra primera toma de contacto con Ría Formasa fue desde Cacela Velha, un pueblo tan pequeño como bonito, con acceso directo al extremo más oriental de este área natural (pertenece al municipio de Vila Real de Santo Antonio). Es diminuto, apenas 4 calles, preciosas, eso sí, con fachadas blancas, puertas y ventanas rematadas en color y muchas flores.

Desde su Iglesia hay el mejor mirador posible a la Ría Formosa y no es el típico slogan turístico: de verdad que las vistas son una maravilla. Junto a ella, unas escaleras que descienden hasta la laguna. Con marea baja se puede salvar a pie ésta para llegar hasta la playa de Cacela Velha. Ojo con los horarios de las mareas porque cuando ésta sube, la única manera de regresar es en alguna de las barquitas que a modo de taxi cruzan de un lado a otro por un módico precio.

Cacela Velha, conocida por sus vistas sobre la ría Formosa
Cacela Velha, conocida por sus vistas sobre Ría Formosa

También tuvimos un pequeño acercamiento a la isla de Tavira, en la playa de Barril. Ésta se encuentra en el único tramo de la isla que está conectado a tierra firme por un puente peatonal, accesible desde la localidad de Pedras d’El Rei. Puedes llegar en coche al pueblo, aparcar en un gran parking de pago próximo al puente, cruzar éste a pie y después, continuar caminando 1,3 kilómetros hasta la playa o bien tomar un mini tren que salva esta distancia en apenas 10 minutos (3,20 euros ida y vuelta en el verano de 2020).

La playa de Barril es extensísima, de fina arena blanca y agua cristalina (las características comunes de todas las playas en Ría Formosa). Cuenta con todo tipo de servicios: tiendas, restaurantes, aseos… Pero su mayor peculiaridad es un fotogénico «Cementerio de anclas»: en las dunas que flanquean la orilla de la playa se han colocado cientos de anclas en conmemoración de la comunidad pesquera que solía vivir en esta isla. Un bonito homenaje.

Cementerio de Anclas en la playa do Barril de Tavira
Cementerio de Anclas en la playa de Barril, isla de Tavira

No obstante, a pesar de estas incursiones «terrestres» desde Cacela Velha y Tavira, dadas las condiciones oreográficas de Ría Formosa, la mejor forma de conocerla es directamente desde el mar. Hay salidas frecuentes en barco desde todas las ciudades antes mencionadas (Faro, Olhao, Tavira, etc) y bajo diversas modalidades: ferries, excursiones organizadas, visitas a islas concretas, lanchas hop on – hop off, etc.

En nuestro caso, lo hicimos desde la Marina de Faro (nos alojábamos en frente) y optamos por la libertad de movernos entre las islas Deserta y Culata con las lanchas de la empresa Animaris: puedes cogerlas a tu antojo y plantearte tu propio itinerario así como decidir cuánto tiempo pasar en cada sitio. Cogimos el primer barco a las 9 de la mañana y pasamos el día entero de excursión.

Nuestra primera parada, y en la que invertimos más horas, fue Barreta o Ilha Deserta, la única isla no habitada de Ría Formosa, con kilómetros de arenal en los que no es difícil sentirte solo frente al océano. Su extensísima playa tiene 7 kilómetros de longitud: en cuanto te alejas del área próxima a la pasarela que conduce al puerto, puedes pasear y nadar en absoluta soledad.

Faro y playa de la isla Deserta, en la ría Formosa
Faro y playa en Ilha Deserta

El agua es tan tranquila y transparente que no te la crees y encima, está bastante bien de temperatura. ¡Un auténtico paraíso! Si no quieres cargar con nada, además, hay un servicio de alquiler de tumbonas y sombrillas y también cuenta con un bonito y moderno restaurante junto al embarcadero.

Pasarelas de madera y restaurante a la llegada a Ilha Deserta, Ría Formosa
Pasarelas de madera y restaurante a la llegada a Ilha Deserta

Las siguientes dos paradas pertenecen en realidada a la misma isla, la de Culatra, solo que a distintas partes de la misma. Nosotros fuimos primero a Culatra, acceso directo al puerto de pescadores, sus almacenes y su pueblo. Es un lugar muy auténtico, donde es palpable que aún viven solo locales (aunque durante el día reciban muchos turistas como nosotros que van y vienen en barco). No hay tráfico a motor; las calles están cubiertas de arena, sobre las que han colocado grandes losetas de piedra para trazar el camino; todas las casas son bajas, coloridas y decoradas con motivos marineros; y hay muchos restaurantes donde poder probar la gastronomía típica a base de pescado y marisco, como sardinas, arroz de navaja, ostras o mejillones.

Calles de arena y casas bajas en la isla Culatra, Ría Formosa
Calles de arena y casas bajas en la isla Culatra

Pasando el pueblo llegas a una pasarela elevada de madera que en un agradable paseo entre dunas conduce a la playa de Culatra: un arenal extensísimo que ocupa todo el extremo meridional de la isla y que hacia el oeste se extiende hasta Farol. Esto quiere decir que, en teoría, podrías llegar caminando por la playa a la siguiente parada de nuestro itinerario. No obstante, nosotros deshicimos el sendero de madera de vuelta a Culatra y ahí tomamos el barco a Farol. Lo más destacable aquí es, como no, su gran faro. Hay también un diminuto pueblo (más pequeño y discreto que el de Culatra) y puedes acceder al otro extremo de la playa de Culatra.

Por supuesto, entre parada y parada, también disfrutamos de los paseos en barco por los canales de la ría y los sorprendentes paisajes de Ría Formosa.

Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

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