Con motivo de FITUR 2017 se celebraron muchísimos eventos en torno al mundo del turismo y los viajes. Uno de ellos fue el travel blogger meeting (#TBM): una reunión de blogueros viajeros para dar a conocer Eslovenia, país al que nos entraron unas ganas tremendas de visitar a raíz de esta presentación. Y dirás, ¿para qué me cuentan todo esto? Ah, ya, que se van a ir a Eslovenia de viaje…

Error. De momento al menos… El motivo es porque en este acto se presentó Eslovenia como destino de aventura: nos hablaron sobre rafting, senderismo, espeleología… Incluso de un proyecto llamado Young Adventurers que se desarrolló en este país. Y nos llegó la inspiración literaria.

¿Realmente somos nosotros, Patri y Diego, tan aventureros como pensamos? ¿Estamos siempre dispuestos a lanzarnos a la aventura cuando viajamos? Vamos a resolver la cuestión a la vieja usanza: lista de razones a favor y razones en contra. Que seremos muy modernos bloggers, pero al final, ¡lo tradicional nunca falla!

¡Claro que somos aventureros!

¿Cómo no vamos a serlo? ¡Si en cada viaje realizamos hazañas que comparadas con nuestro día a día de oficina y ordenador parecen escenas sacadas de alguna película de acción! Como cuando nos calzamos los crampones para hacer un ruta (guiada, eso sí) sobre el hielo de Fox Glacier, en Nueva Zelanda. Y nos metimos en una hendidura en una roca helada en la que se me quedó enganchado un crampón y casi tienen que venir a desatascarme… ¡Menudos sudores, ni frío sentía!

Glaciar Franz Joseph en Nueva Zelanda

Momento exacto en que el crampón de mi pie derecho se quedó enganchado en una pequeña pendiente de hielo donde estuve forcejeando varios minutos para lograr avanzar

Somos tan aventureros que el mal de altura no pudo con nosotros cuando estuvimos a 5.000 metros de altitud en la Reserva Eduardo Avaroa, en Bolivia. Ni el barro nos paró cuando Diego se cayó en las orillas de la Laguna Colorada, hundido en el fango blanco hasta la cadera, por fotografiar a los flamencos. ¡Eso sí que fue una aventura! Limpiar mochila, botas y pantalón de ese barro tan denso que parecía cemento… Pero eh, oye, ¡fotones consiguió!

Los flamencos campan a sus anchas en la Laguna Colorada, casi mimetizados con sus aguas rosáceas

Los flamencos campan a sus anchas en la Laguna Colorada, casi mimetizados con sus aguas rosáceas

Incluso nos atrevimos a subir la montaña de Machu Picchu durante dos horas bajo el sol, por un camino empedrado de escalones desiguales y con unas vistas no aptas para personas con vértigo.

Último tramo de subida a la montaña Machu Picchu: el camino se estrecha y se hace más empinado... y duro!

Último tramo de subida a la montaña Machu Picchu: el camino se estrecha y se hace más empinado… y duro!

Aunque para viaje aventurero, Madagascar. Días enteros recorriendo pistas de tierra roja en 4×4 (que afortunadamente no conducíamos nosotros) o cruzando ríos a bordo de transbordadores que parecían hechos por algún listillo de bricomanía con unos barquitos y muchas maderas.

Así cruzaban los todoterrenos el río en Madagascar: un transbordador efectivo a la par que eficiente (tablas de madera entre varias barcas)

Así cruzaban los todoterrenos el río en Madagascar: un transbordador efectivo a la par que eficiente (tablas de madera entre varias barcas)

Al menos en el coche descansábamos… porque cuando llegábamos a nuestros destinos, nos esperaban largas jornadas de caminata, ¡vaya agujetas tuvimos! Eso sí, fuimos los más rápidos en hacer el circuito completo de los Gran Tsingy, escalando pináculos de piedra y cruzando en cuclillas o a rastras cuevas donde anidaban murciélagos y donde casi me dejo la cabeza por un golpetazo atravesando un túnel de piedra (vale, sí, esto más lo del crampón… sí, soy un poco torpe).

Escalando por los Gran Tsingy de Bemaraha, en Madagascar

Escalando por los Gran Tsingy de Bemaraha, en Madagascar

¡Y nos emocionamos solo de pensar en hacer un safari y poder estar cerca de animales, libres, en su habitat natural! Casi se nos saltan las lágrimas cuando vimos un oso perezoso en Wilpattu, Sri Lanka. Qué sensación cuando estuvimos a dos pasos de las focas que campaban a sus anchas en Kaikoura, Nueva Zelanda. ¡Y cuando conocimos a las vizcachas, en Chile! ¡O cuando vimos la cabeza de un caimán blanco en la selva del Amazonas! Los pingüinos en las islas Ballestas, los elefantes en Mineriya, los langures blancos en Bután, el kea en Milford Sound, los lemures malgaches… ¡Que para algo somos fans de David Attenborough!

Y eso que llegar a ver algunos animales nos ha costado lo nuestro… En tres países distintos hemos ido en busca de ballenas. La primera, en Nueva Zelanda, fue un desastre absoluto: horas en un mar picado mareadísimos y sin lograr ver nada. La segunda, en Tromso, fue la más dura: enero en la costa ártica de Noruega, en una lancha abierta, persiguiendo ballenas jorobadas con todo el frío del mundo ¡pero las vimos al menos de lejos! Y a la tercera fue la vencida: grandiosa y bien cerca, en la costa sur de Sri Lanka. Claro que yo me pasé todo el viaje en barco vomitando y vi a la ballena azul entre mareo y mareo. Ya, ya sé qué estás pensando: el crampón, el golpe en la cueva, el mareo en el barco… Parece que la aventura me sienta algo peor a mí que a Diego.

Traje oficial de ir a ver ballenas a -5° #Tromso En total 5 pantalones y 6 camisetas/chaquetas #holamuñecomichelin Más en nuestro blog https://vagamundosviajeros.com/category/europa/noruega/

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¡Pero sigamos con el recuento! Recordamos la noche que dormimos en una jaima en el desierto, en Merzouga. U otra noche que nos fuimos a las afueras de Tromso caminando a oscuras entre la nieve en busca de las auroras boreales. La vez que nos perdimos con el depósito casi vacío en las carreteras de Nueva Zelanda y llegamos de milagro a una gasolinera. El rafting por el peligroso río Zambeze que hizo Diego tras ver las cataratas Victoria (cuando no había hecho rafting antes en su vida). Todas las rutas que hemos andado por bosques, montañas y hasta selvas. ¡Si es que somos unos aventureros!

Welcome to the Jungle!! Paseíto fácil por el parque de Ranomafana, en Madagascar

Welcome to the Jungle!! Paseíto fácil por el parque de Ranomafana, en Madagascar

Aunque comodones también somos…

Sí, nos gusta la buena vida. Confesamos que nunca nos hemos movido en autocaravana, aunque nos gustaría probarla. Y que los campings los dejamos atrás cuando pasamos la veintena.

Hemos de reconocer que en los países más aventureros hemos recurrido a guías y a coches con conductor. En Madagascar por ejemplo no echamos en falta viajar en su transporte público, el taxi brousse: hasta 30 personas vimos apiladas en una furgoneta de 12 plazas.

Un taxi brousse bien cargado en su recorrido por Madagascar

Un taxi brousse bien cargado en su recorrido por Madagascar

Elegimos alojamientos económicos, incluso albergues, pero siempre intentamos tener nuestra habitación y baño privados. Y de vez en cuando también nos damos algún capricho: un hotel de presupuesto más alto, pero con algún encanto especial que nos lo compense.

Hotel Lanka Beach Bungallows, en Tangalle. "Infinite pool": piscinear mirando el mar de fondo

Hotel Lanka Beach Bungallows, en Tangalle. “Infinite pool”: piscinear mirando el mar de fondo

Y si valoramos dónde dormimos, comer bien es un imprescindible para nosotros. Nos encanta probar nuevas gastronomías y hacemos una gran labor de investigación para descubrir los mejores restaurantes de los lugares que visitamos. ¡Si hasta nos inventamos un hastagh para las fotos de nuestras comilonas viajeras! #diegocomiendoporelmundo

También tenemos un lado urbanita y nos gusta conocer ciudades, grandes y pequeñas: Nueva York, Londres, Oslo, Córdoba, Vitoria, Copenhague… Disfrutamos de pasear por calles curiosas, visitar museos o fotografiar monumentos y edificios.

MANHATTAN (NUEVA YORK) DESDE UN RASCACIELOS

Vistas de Manhattan (Nueva York) desde un rascacielos

E incluso a veces nos morimos por pasar un par de días en la playa sin nada más que hacer que tumbarnos al sol, chapotear y tomar un mojito.

Playa de Estoril, Portugal

Playa de Estoril, Portugal

Así que… ¿somos aventureros? ¿somos convencionales? ¿somos (ay Dios lo que voy a escribir) turistas? Nosotros creemos que somos vividores 🙂 Así que en ello estamos: en vivir lo mejor posible cada viaje (y contarlo por aquí).

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Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

5 Comment on “¿Somos auténticos aventureros?

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