Cuando organizábamos el viaje a Islandia, una de nuestros mayores quebraderos de cabeza venía por planear qué visitar cada día y cuánta distancia recorrer por jornada. Planificamos un road trip en toda regla, durmiendo cada noche en una zona diferente del país para ir siempre avanzando en el itinerario marcado. Ya de regreso, podemos decir que es una de las veces que mejor hemos planteado el recorrido: sin prisa pero sin pausa (somos un poco activos de más tal vez, advertimos). Sea como sea, os contamos aquí resumidamente cómo fue cada etapa del viaje e incluso las carreteras e indicaciones que seguimos (¡a tope con los mapas!).

Aunque la planificación previa fue muy importante, también hubo cambios sobre la marcha, por las variaciones meteorológicas o las condiciones de carreteras. En este sentido, como siempre, ¡Dios bendiga la conexión a internet! Y Dios bendiga a Myfi Travel: un router wifi super manejable y cómodo que nos permitía consultar las previsiones del tiempo, las mejores rutas o las distancias en cualquier momento sin complicaciones. Si estás interesado en contratar sus servicios, puedes hacerlo en su página web y usando nuestro código VAGAMUNDOS10 obtendrás un 10% de descuento.

Día 0. El 26 de agosto a las 23.25 horas cogíamos el vuelo de Madrid a Reikiavik con Icelandair: no era el mejor horario posible pero el único para llegar en trayecto directo en solo 4 horas. Aterrizamos cerca de las 3 de la madrugada, lloviendo a mares, noche cerrada, medio adormilados y cansados. Nada más llegar, cogimos el Suzuki Grand Vitara que nos llevaría a recorrer Islandia y nos fuimos hacia el hotel iStay Cottages para descansar unas pocas horas antes de emprender el road trip.

La playa negra de Dritvik en la península Snaefells

La playa negra de Dritvik en la península Snaefells

Día 1. Tras una (corta) noche de sueño y acompañados de viento, niebla y lluvia partimos directamente hacia la Península de Snaefells, conocida por inspirar a Julio Verne para el inicio de su libro Viaje al centro de la Tierra. Como el tiempo no acompañaba y a ratos la niebla apenas permitía ver a más de 10 metros, realizamos pocas paradas: los acantilados rocosos de Lóndrangar, las playas negras de Djúpalónssandur y Dritvik, unidas por un paseo costero que caminamos, y el cráter de Saxhöll. Nos llevamos una pequeña decepción porque no llegamos a ver siquiera de lejos al volcán que da nombre a esta zona…

La icónica montaña Kirkjufell y la cascada del mismo nombre, en la península Snaefells

La icónica montaña Kirkjufell y la cascada del mismo nombre, en la península Snaefells

Pero sí pudimos ver y fotografiar la montaña Kirkjufell, una de las postales más típicas de Islandia que nos quedaba a dos pasos del hotel Framnes, donde dormimos esa noche. Para terminar, visitamos brevemente Stykkisholmur, la principal ciudad de esta zona y con aparición estelar en la película La vida de Walter Mitty. Un primer día con una climatología un poco puñetera, bastantes kilómetros de carretera, pero empezando a alucinar con los paisajes islandeses.

Día 2. Amanecimos con lluvia y niebla pero el tiempo fue mejorando ligeramente durante la jornada. Desde Stykkisholmur tomamos un ferry hacia los fiordos del Oeste: recomendados por ser bellos, únicos y menos turísticos. Nada más desembarcar lo confirmamos. Desde la carretera contemplabas colinas, playas y cascadas espectaculares. El objetivo del día era llegar a ver frailecillos en los Acantilados de Latrabjarg, que albergan una de las mayores colonias de este peculiar ave. Éramos conscientes de que suelen estar únicamente de mediados de abril a mediados de agosto, pero confiábamos en tener un golpe de suerte: lamentablemente no fue así. Pensamos que nos quedaríamos sin ver frailecillos por tanto (poco sospechábamos entonces que lograríamos nuestro deseo días después).

La impresionante playa rosa Rauðisandur en la zona de los fiordos del oeste de Islandia

La impresionante playa rosa Rauðisandur en la zona de los fiordos del oeste de Islandia

Paramos en la playa Rauðisandur: uno de los primeros lugares islandeses que nos dejó sin habla. Atravesando paisajes alucinantes sin apenas encontrar coches, casas o personas, llegamos a la primera gran cascada de nuestro itinerario: Dynjandi, a dos pasos además de nuestro alojamiento para esa noche: la granja de caballos Laugabol, donde además de los equinos encontramos la sorpresa de ver cachorros de zorro ártico.

Dynjandi, la primera gran cascada que vimos en Islandia

Dynjandi, la primera gran cascada que vimos en Islandia

Día 3. Y salió el sol ¡por fin! mientras continuábamos conociendo el territorio occidental islandés. Empezamos por la llamada capital de los fiordos del oeste, Ísafjörður. Desde allí partimos por la zigzagueante carretera 61 que bordea más fiordos haciendo paradas frecuentes para admirar los paisajes e incluso pudimos ver una colonia de focas. Jornada de conducir bastante hasta llegar al North Star Hotel Stadarflot.

Día 4¡Bienvenidos al norte! El sol inicial dejó paso a las nubes, pero no llovía, que era lo importante. Nos detuvimos en Hvitserkur, el rinoceronte de piedra: una de esas fotos que todos hemos visto sin pisar Islandia. Condujimos hasta Akureyri, la segunda ciudad más importante del país tras Reikiavik.

En vez de ir directos por la ring road, nos desviamos bordeando la costa de la península Trollaskagi (la península de los Trolls) conociendo además Siglufjörður, un bonito pueblo pesquero. Llegamos a Akureyri con tiempo para pasear por la ciudad y descansar en el Hi Hostel local.

Día 5. Iniciamos la jornada con nubes en la cascada Godafoss (¿como saltarse “la cascada de los dioses”?) y dedicamos el resto del día al lago Myvatn y todo su área circundante, famosa por sus paisajes surrealistas. El sol fue ganando fuerza durante el día y terminamos con cielo completamente despejado.

La cascada de los dioses, Godafoss

Nuestro recorrido empezó en la zona geotérmica de Hverir. De allí pasamos a la cercana Krafla con el cráter Viti que rodeamos a pie. Volvimos hacia el lago parando en Grjótagjá, más conocida como la cueva de Jon Snow e Ygritte en Juego de Tronos. Subimos hasta el cráter Hverfjall y alucinamos con las vistas de todo el área de Myvatn. Hicimos una corta ruta por las formaciones de lava de Dimmuborgir. Y terminamos en los pseudo cráteres situados en la costa sur del lago.

Nos retiramos a descansar al Guesthouse Stöng donde pasamos la mejor noche de nuestra estancia en Islandia, contemplando las auroras boreales más potentes que hayamos visto nunca.

Día 6. Aún en el norte y con tiempazo de sol y calor, visitamos en manga corta el Parque Nacional Jokulsargljufur. Para ello circundamos este área natural subiendo por el lado oeste en la carretera sin asfaltar 862 y bajando por el este por la 864 y haciendo varias paradas.

En primer lugar, la impresionante cascada Dettifoss, que con su enorme potencia se convirtió en una de nuestras favoritas de Islandia. Recorrimos una estupenda ruta de 2 – 3 horas por el valle Vesturdalur con montañas rojas y negras y formaciones de lava gigantes. Intentamos hacer lo propio en el cañón Asbyrgi, pero debía de haber algún tipo de polen local que desconocemos y que me provocó un considerable ataque de alergia: huimos de allí. Ya en el lado este, volvimos a parar en Dettifoss para contemplarla desde la orilla contraria a por la mañana y caminamos hasta la cascada Selfoss (1 hora y media ida y vuelta). Jornada cumplida: a dormir al cercano Grímstunga Guesthouse.

Día 7. Nuestro plan inicial para este día era ir por libre a través de carreteras de montaña hasta la caldera volcánica de Askja, en las Tierras Altas. Debido a las lluvias de los días previos y el mal estado de las vías desechamos la idea y contratamos una excursión en super jeep con la empresa Fjalladýrð. En coche nos dirigimos hacia Mödrudalur, un pueblo super bonito de casas de madera con hierba en el tejado, desde donde partía el tour.

Cráter Viti de la caldera de Askja y lago Öskjuvatn

Cráter Viti de la caldera de Askja y lago Öskjuvatn

Los paisajes que atraviesas para llegar a Askja son casi tan impresionantes como el propio cráter. Llovió e hizo muchísimo viento, lo que nos dificultó la visita. También recorrimos a pie el cañón Drekagil, contemplamos desde lejos la gran extensión de hielo del Vatnajökull y caminamos sobre el inmenso campo de lava Holuhraun, de 84 kilómetros cuadrados de extensión y formado por la reciente erupción en 2014 de un volcán justo al norte de Vatnajökull. Regresamos a Mödrudalur, recogimos nuestro jeep y nos dirigimos hacia el este, a descansar al Guesthouse Svartiskógur Egilsstaðir.

Día 8. Esta jornada iba a estar dedicada a recorrer los fiordos del este, pero amaneció lloviendo y para el día siguiente el pronóstico meteorológico era incluso peor. Decidimos no parar en ningún punto de esta zona, salvo en su ciudad principal, Egilsstaðir, para hacer compra de alimentos, e ir directamente hacia el sureste. Queríamos llegar a la laguna de icebergs Jökulsárlón antes de que las precipitaciones fuesen a más. Lo logramos, aunque había bastante niebla y no pudimos ver el sol brillando en los bloques de hielo de este lago tan icónico.

También visitamos la playa de Diamantes con sus trozos de iceberg procedentes de la laguna sobre la arena negra. Sin poder hacer mucho más por el mal tiempo, fuimos a descansar a nuestra cabañita en Lambhus Cottages.

Día 9. Las previsiones no mintieron y el día salió feo, feo, feo: lluvia, niebla y muchas nubes. Aprovechamos para dormir más, el día que menos madrugamos de todo el viaje. Nos dirigimos hacia la parte sur del Parque Nacional Vatnajökull, a Skaftafell. Dejamos el coche y caminamos primero hasta la cascada Svartifoss: una maravilla también llamada cascada negra por las columnas de basalto de este color sobre las que cae el agua. Tras el corto camino de hora y media, fuimos en dirección al glaciar Skaftafellsjökull: otra breve ruta de hora y media ida y vuelta. En el trayecto al alojamiento en Hörgsland Guesthouse, paramos a contemplar más lenguas de glaciar que se extienden desde Vatnajökull hacia la ring road.

Día 10. El más intenso del itinerario, con muchísimas paradas y con un tiempo cambiante: ahora sol, ahora lluvia, ahora viento, ahora nubes… Todo seguido en intervalos de pocos minutos. Comenzamos en el cañón Fjaðrárgljúfur: una belleza que puedes contemplar desde arriba y desde la orilla del río que lo atraviesa. Junto a éste, el sorprende campo de lava ya cubierto por vegetación de Eldhraun.

En Vik la visita obligada es la playa negra Reynisfjara con sus columnas de basalto y sus formaciones rocosas en forma de dedos de troll. Aquí nos llevamos la gran e inesperada alegría de avistar unos pocos frailecillos rezagados que aún no habían abandonado Islandia. Tras la sorpresa, condujimos hasta el otro extremo de la costa, a los acantilados Dyrhólaey que recorrimos a pie durante un largo paseo.

Siguiente parada: el avión estrellado DC-3 en la playa Solheimasandur y caminata de más de una hora para ir y volver hasta el aeroplano desde el aparcamiento. Ya apurando el día llegamos a la cascada Skogafoss y vimos atardecer desde detrás de la cascada Seljalandsfoss, una de las fotos que más deseábamos conseguir. Agotados, pusimos rumbo al hotel Hella.

Día 11. El sol nos acompañó todo el día en nuestra vuelta a las Tierras Altas, esta vez por nuestra cuenta, en Landmannalaugar. Uno de los sitios que más nos impresionaron, no ya de Islandia, sino de todos los que hemos visitado en nuestros viajes: sus montañas de colores parecían un cuadro pintado para nosotros. Hicimos dos rutas para subir a los montes Brenninsteinsalda y Bláhnjúkur: las vistas desde éste último son de quitar el hipo.

Nos marchamos lamentando no poder hacer el trekking de Laugavegur de 4 días que lleva de Landmannalaugar a Thórsmörk. Cansados y felices nos fuimos a descansar al Guesthouse Steinsholt.

Día 12. El de las turistadas islandesas: Círculo Dorado, Reikiavik y Laguna Azul. Por cercanía al alojamiento, visitamos los tres enclaves del Círculo Dorado en orden inverso al que sigue la mayoría. Primero la doble cascada Gullfoss, seguido del Geyser que da nombre a todos los géiseres y por último el Parque Nacional Thingvellir, con la falla Almannagjá que separa las placas tectónicas de América del Norte y Europa.

Pasamos la tarde en Reikiavik, caminándola sin rumbo: una capital cómoda, fácil de pasear, de casas bajas y murales de diseño. El atardecer lo vimos a remojo, desde la archiconocida Laguna Azul. Tras relajarnos y exfoliarnos, a dormir al City Hi Hostel de Reikiavik.

Día 13. Nuestro último día completo en Islandia y el único sin planning prefijado. Decidimos volver sobre nuestros pasos de jornadas anteriores y aprovechar el buen tiempo para ver un par de lugares que se nos habían quedado pendientes en el sur del país. Regresamos a la cascada Skogafoss: esta vez con sol nos conquistó, el doble arco iris que la adornaba también contribuyó. Y otra cascada muy especial, con el agua cayendo dentro de una cueva: Gljufrabui.

Nos acercamos hasta el glaciar Sólheimajökull, espectacular con cielo despejado. Cuando nos alejábamos de él pinchamos una rueda y pasamos casi 3 horas hasta que pudimos reanudar el camino de vuelta a Reikiavik. Devolvimos el coche en la agencia de alquiler y nos dimos el lujo, por primera vez en todo el viaje, de cenar en un restaurante y tomar un par de cervezas en un bar por ser nuestra noche de despedida de Islandia.

Día 14. Mañana tranquila en Reikiavik: paseo, desayuno y rumbo al aeropuerto para coger el vuelo de vuelta a Madrid. Se acabó la aventura islandesa: ¡volveremos!

Para más información, puedes leer nuestra completa guía de alojamientos con el detalle de cada uno de los hoteles, hostels, granjas y guesthouses donde dormimos durante el viaje. También el post en el que te contábamos consejos para alquilar coche, elegir seguro y conducir de manera segura por Islandia.

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Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

4 Comment on “Diario de viaje en Islandia

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