Todos viajamos a Islandia atraídos por esos paisajes únicos que hemos visto en fotos y vídeos montones de veces y que nos hacen pensar en planetas desconocidos y tierras salvajes. Sabemos que hay cascadas, glaciares, volcanes… Y aún así, aún sabiendo que nos espera lo nunca visto, es imposible no sorprenderse una vez que estás allí. No solo por lo que ves, sino por lo que aprendes.

Hemos querido compartir algunas de esas maravillas naturales que presenciamos y descubrimos, con la explicación de cómo y por qué han tenido lugar: porque en ocasiones, la historia que hay detrás es incluso más impresionante que lo que estás viendo con tus ojos.

Las cascadas son las reinas de Islandia: bellas, imponentes, poderosas. Las encuentras a cada paso y es  prácticamente imposible que alguna no caiga en tu itinerario. Pero una destaca por encima de todas en lo que a potencia se refiere. Dettifoss es la cascada con mayor volumen de agua de toda Europa, llegando a los 500 metros cúbicos por segundo. Se sitúa en el noreste del país y puede verse desde ambos lados de sus 100 metros de ancho. La abastece el río Jökulsá á Fjöllum, que nace en el glaciar Vatnajökull (del que hablaremos más adelante).

Vista de la cascada Dettifoss desde la orilla este

Hay otro elemento natural que abunda en Islandia, es mucho más temible y ha configurado su orografía: los volcanes. Simplificando mucho, dos razones explican esta circunstancia. Primero, Islandia se sitúa sobre la dorsal atlántica, en la separación entre las placas tectónicas eurasiática y norteamericana. Y de hecho puedes caminar junto a las enormes fallas que atraviesan el Parque Natural Thingvellir. La más extensa, Almannagjá, forma un cañón imponente.

Y segundo, que Islandia es lo que geológicamente se denomina “un punto caliente”: un lugar al que ascienden grandes cantidades de magma procedente de zonas entre el manto y el núcleo de la Tierra (si tienes interés por conocer más, este post lo explica realmente bien). Pese a que no es tan raro ni infrecuente ver un volcán en erupción, lo que más observas en cualquier viaje por este país es el resultado posterior de esta alta actividad.

Por ejemplo, los alrededores del lago Myvatn son un parque de atracciones: de atracciones geotérmicas. Cuando los recorres te queda claro que aquí la Tierra está viva, en movimiento, “cocinando”. A lo largo de la historia ha vivido numerosas erupciones volcánicas que han dado lugar a un paisaje de lo más variopinto. El terreno ocre de Hverir con sus pozos de barro y fumarolas; el bosque de formaciones de lava de Dimmuborgir; el cráter negro de Hverfell, fabuloso mirador de la zona; la caldera volcánica de Krafla con su laguna azul brillante; los pseudocráteres de Skútustaðir producto del contacto de la lava con el agua del lago… Incluso una cueva protagonista en Juego de Tronos, Grjótagjá (donde Ygritte y Jon Snow consumaban su amor).

Seguro que te suena el impronunciable volcán Eyjafjallajökull que en 2010 acaparó titulares por paralizar el tráfico aéreo europeo. Pero nos sentimos sumamente ignorantes cuando nos hablaron de otra erupción más reciente, en el 2014, de la que no teníamos conocimiento y con resultados mucho más impactantes: un campo de lava de ¡85 kilómetros cuadrados! llamado HoluhraunPara que te hagas una idea, es el tamaño de Manhattan, ahí es nada.

Durante 6 meses en este área de las Tierras Altas, al norte del campo de hielo Vatnajökull, estuvo saliendo el magma procedente de la erupción del volcán islandés más grande, el Bárðarbunga situado 50 kilómetros más al sur. Es increíble caminar por la superficie negra, rugosa y de rocas afiladas de Holuhraun: aún en algunas fisuras aprecias que sale calor de su interior. Para visitarlo, es necesario contratar un tour o disponer de un super jeep, un 4×4 normal no sirve. Nosotros lo recorrimos como parte de la excursión a Askja.

Vista del campo de hielo Vatnajökull desde el campo de lava Holuhraun

Askja, otra maravilla natural que alberga Islandia. Este volcán tan famoso como temible ha erupcionado en numerosas ocasiones creando una caldera de gran extensión en la que destacan un inmenso lago azul de aguas heladas y un cráter, Viti, con una laguna celeste de aguas termales. Por si fuera poco, está rodeada de campos de lava negros y rojos, desiertos de ceniza y montañas desnudas. Parajes que la propia NASA escogió para sus entrenamientos, cosa que encuentras perfectamente lógica una vez allí: ¿puede haber un lugar más marciano? Si al escenario le sumas un viento brutal que roza la tormenta de arena, puedes acercarte a la experiencia que supuso para nosotros esta visita.

Cráter Viti de la caldera de Askja y lago Öskjuvatn

Dettifoss, Askja, Holuhraun… Todos forman parte del Parque Nacional de Vatnajökull, nombrado así por el glaciar más extenso de Islandia y segundo más grande de Europa. 8.000 kilómetros cuadrados, el 8% de la superficie del país, y una media de 400 metros de espesor: así de apabullantes son las cifras del glaciar Vatnajökull. Es tan inmenso que es imposible no encontrarte con él cuando recorres la costa sur. Sus numerosas lenguas de hielo alcanzan fácilmente la ring road y así atisbas a abarcar su grandiosidad.

También la laguna de icebergs más famosa del mundo forma parte de este parque. Jökulsárlón es el resultado directo del retroceso en que se encuentra Vatnajökull: apareció en 1934 y desde entonces ha ido ampliando su extensión a medida que el deshielo del glaciar avanza. De hecho es muy frecuente presenciar cómo los trozos de hielo se desprenden convirtiéndose en los icebergs flotantes del lago. No somos los únicos visitantes: las focas adoran nadar entre estos bloques helados.

Pero lo más sorprendente de Vatnajökull es que oculta bajo su superficie la mayor cordillera volcánica del país: hielo y fuego. Unos volcanes activos ¡y mucho! que entran en acción con bastante frecuencia, provocando caos, destrucción, destrozos… Pero también belleza, modificando paisajes, creando otros nuevos, generando cambio constante a su alrededor.

¿Ejemplos? Eldhraun, literalmente “desierto de lava”, es un enorme área al sur de Islandia que atraviesa la ring road, de 565 kilometros cuadrados de extensión, resultado de las erupciones del volcán Laki entre 1783 y 1784, de las mayores registradas en la historia reciente. Afectaron a toda Europa provocando el oscurecimiento del cielo y transportando ceniza en el aire hasta Francia. Causaron la muerte de un tercio de la población islandesa, además de la ruina de cosechas y animales. Un desastre en toda regla. Hoy este campo de lava ha sido colonizado por musgo y otras plantas dando lugar a un paisaje asombroso en el que el negro y el verde forman una combinación bellísima. La prueba de algo que se puede constatar en muchos lugares de Islandia: la vida logra abrirse paso incluso tras las mayores destrucciones.

El enorme campo de lava Eldhraun al sur de Islandia

Y es que cuando un volcán erupciona bajo un glaciar, el problema no es la lava, sino la avalancha de hielo y agua que provoca su fusión y la cantidad de sedimentos que arrastra. El resultado se denomina en geología sandur (sandar en plural) y ¿sabes de dónde toma el nombre? Del islandés Skeiðarársandur: una planicie de 13.000 kilómetros cuadrados entre Vatnajökull y el mar, formada por la arena y agua derivadas de las numerosas explosiones de los volcanes glaciares. El sandur más grande del mundo.

Aunque si hubo unos paisajes en Islandia que nos enamoraron de verdad, fueron las montañas de colores de Landmannalaugar que encima tuvimos la suerte de conocer en un día soleado. Forman parte del parque natural de Fjallabak, en el acceso sur de las Tierras Altas, y son el punto de partida de la ruta senderista islandesa más famosa, Laugavegur, que lleva hasta Thorsmork. La actividad volcánica de la zona ha pintado estos paisajes de muchas tonalidades, que van desde el negro y el rojo al ocre y verde, pasando por el azul de los ríos y lagos que las atraviesan. Los cortos trekkings al volcán Brennisteinsalda y a la montaña Bláhnjúkur son una estupenda forma de conocer esta región en una sola jornada, si no dispones de varios días para recorrer la Laugavegur al completo.

Por último, aunque no es exclusivo de Islandia, el fenómeno natural más impresionante que hemos presenciado nunca: las auroras boreales. Las conocimos en Tromso y no pensábamos que en este viaje volviésemos a encontrarlas, con lo que la ilusión de verlas fue incluso mayor. Dos días salimos en su busca: alertados por el alto nivel de actividad solar anunciado para esos días, poniéndonos el despertador para levantarnos en el alojamiento de turno a las 12 de la noche y tener la necesaria oscuridad y rezando para contar con cielos despejados. Y allí estuvieron: tiñendo el cielo de verde con destellos rosas y hasta amarillos. Otro motivo más para alucinar en Islandia.

Las auroras boreales aparecieron dos noches durante nuestro viaje por Islandia

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6 Comment on “Maravillas naturales en Islandia

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