La bretona Saint-Malo ha sido y es una ciudad marinera por excelencia. Está situada en un estuario en la denominada Costa Esmeralda, en el Canal de la Mancha: esa franja al noroeste de Francia y frente a las islas británicas. En Saint-Malo se producen las mayores mareas de Europa, igual que en el próximo, y más famoso, Monte Saint-Michel. Precisamente nosotros visitamos la ciudad como parte de un road trip por Normandía y Bretaña en el que Saint-Michel era nuestra base.
El mar ha sido históricamente la fuente de riqueza y esplendor de Saint-Malo, alcanzando su máximo apogeo entre los siglos XII y XVIII, gracias al comercio marítimo y a los corsarios. Aunque popularmemte se les equipara a los piratas, en realidad sus ataques a barcos extranjeros estaban permitidos por el rey de Francia. Y estas incursiones les procuraban grandes tesoros que enriquecían también a Saint-Malo. Por ejemplo con la construcción de las llamadas casas corsarias, viviendas de granito gris grandes y elegantes, situadas junto a las murallas.

Por contra, el momento más bajo de su historia tuvo lugar fue durante la Segunda Guerra Mundial, con constantes bombardeos que acabaron con prácticamente el 80% de su núcleo histórico. A pesar de ello, Saint-Malo fue reconstruido y muy bien reconstruido, manteniendo el estilo de las edificaciones previas.
¿Sabías que Saint-Malo se autoproclamó república independiente entre 1590 y 1594 bajo el lema: “Ni francés, ni bretón, sino de Saint-Malo”? Se rebeló contra el rey de Francia durante las Guerras de Religión y estableció un gobierno autónomo para proteger sus intereses comerciales y marítimos, apoyándose además en su calidad de ciudad inexpugnable tras resistir asedios de ingleses, franceses y bretones.
Las murallas medievales que protegen la ciudad son lo primero visible de Saint-Malo. Fueron construidas en el siglo XII pero ampliadas y reforzadas en el XVII. Rodean completamente el casco antiguo de la ciudad, al que llaman “Intra Muros”. Si vas en coche, tendrás que aparcar fuera: junto a la puerta Saint-Vincent hay varios parkings.
Al otro lado de las murallas están el mar, las playas y varios bastiones que formaban parte de la estructura defensiva de la ciudad. Ocupan islotes muy próximos a la costa, sólo accesibles a pie durante la marea baja. Los que merecen una visita son el de Grand Bé, porque guarda la tumba de Chateaubriand, el escritor romántico francés por excelencia, originario de Saint-Mailo, y el Fuerte Nacional, que ofrece una de las mejores vistas de la ciudad.
Frente a la muralla están también los icónicos troncos de roble clavados en la arena. Los colocaron así en el siglo XIX a modo de rompeolas para proteger la ciudad de las grandes mareas.

El recorrido turístico de Saint-Malo empieza por atravesar la muralla y la opción más recomendable es la mencionada puerta de Saint-Vincent. Cuenta con dos llamativos escudos de madera correspondientes a Saint-Malo y a Bretaña.
Nada más cruzarla llegas a la Plaza de Chateaubriand, sí, también en honor al escritor. En esta plaza se encuentra el Castillo, del siglo XV, hoy Ayuntamiento y Museo de Historia.
Desde la plaza de Chateaubriand hay un acceso al camino de ronda sobre las murallas (les remparts), la actividad imprescindible a hacer en Saint-Malo y una forma diferente de admirar la ciudad. Son 1.754 metros de recorrido que puedes hacer durante aproximadamente una hora de tranquila caminata. Si vas con niños, es factible hacerlo con carrito aunque hay algunos tramos de escaleras (pocos, pero los hay).
En este camino de ronda encuentras estatuas de los personajes ilustres locales como Jacques Cartier, descubridor de Canadá. También disfrutas de las vistas a los islotes y bastiones que rodean la ciudad, las playas e incluso el faro. Pero sobre todo puedes observar de cerca las “casas corsarias”, las que pertenecían a los ricos de la época dorada de Saint-Malo. Muchas fueron destruidas por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial pero han sido reconstruidas tan bien que cuesta diferenciarlas de las originales.
En algunas de estas casas corsarias se puede entrar para descubrir su interior y para aprender más sobre ellas y sus dueños originales en una visita guiada. Es el caso de Demeure de Corsaire (Hôtel Magon) o de Hôtel Asfeld.

El camino de ronda termina en la Grand-Porte que es la más antigua de la ciudad. Tras bajar, lo mejor es continuar con el otro paseo más típico de Saint-Malo: recorrer las calles de su pequeño centro histórico y buscar los bonitos edificios de entramado de madera que aún se conservan.
La parada turística ineludible es la Catedral de Saint-Vincent, construida a lo largo de varios siglos entre el XII y el XVIII, destruida durante la guerra y reconstruida de nuevo. Si entras, busca la estatua de madera de la Virgen patrona de Saint-Malo, y la tumba del ya mencionado Jacques Cartier.

Si quieres descansar o comer algo, hallarás muchísimos bares y terrazas en el tramo de paseo junto a la muralla entre la Grand-Porte y la Puerta de Saint-Vincent. Lo más típico es pedir sidra, gallettes, similares a los crepes pero hechas con harina de trigo sarraceno, o mariscos y pescados.
Y si aún te queda tiempo tras recorrer las murallas y la ciudad intra muros, puedes echar horas, y kilómetros, pasando de playa en playa. Saint-Malo está totalmente rodeada de ellas. Eso sí: consulta el horario de las mareas antes.