Confiesa: si vieses la foto que ilustra este artículo sin más referencia, ¿qué lugar se te vendría primero a la mente? Nosotros diríamos Hawaii. Después, probablemente caeríamos en las Canarias. Y en tercer lugar, nombraríamos Azores. Pero no, la imagen pertenece a Madeira. Aunque las deducciones anteriores no estarían tan desencaminadas, pues todas esas islas comparten características naturales y geológicas. Pero la isla portuguesa de Madeira es más, mucho más, que esos paisajes verdes, impresionantes por otra parte. Y eso descubrimos durante nuestra semana allí y que te contamos aquí.

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Teleférido de Achadas de Cruz, el de mayor inclinación de Europa, en Madeira
Teleférido de Achadas de Cruz, el de mayor inclinación de Europa

Dónde está

Aunque puedan parecer muy remoto, el archipiélago de Madeira y Porto Santo está en realidad a sólo 1 hora y media en avión desde Lisboa, 2 horas desde Madrid (menos que las propias Canarias). Concretamente 1000 kilómetros lo separan del continente europeo y solo 700 de Marruecos.

Madeira forma parte de la Macaronesia, una región geográfica que comprende así mismo los archipiélagos de Canarias, Azores, islas Salvajes (pertenecientes también a Portugal) y Cabo Verde. Los cinco se sitúan en el océano Atlántico y tienen en común su origen volcánico, una gran diversidad de paisajes y una flora muy especial con muchos endemismos. La palabra Macaronesia proviene del griego y puede traducirse como “islas afortunadas”. 

La isla de Madeira tiene sólo 57 kilómetros de largo y 22 de ancho. Parece poca distancia sobre el papel, pero su área central está ocupada por una cordillera con picos de hasta 1.800 metros de altura. Así pues, atravesar de costa a costa no es sencillo… Rodearla es lo más rápido.

Igual que en la canaria isla de La Gomera, en Madeira encuentras bosques de laurisilva, protegidos bajo la figura de Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco y uno de los imprescindibles a ver en Madeira. Unas 15.000 hectáreas de la isla están cubiertas por este bosque subtropical que gusta de temperaturas suaves y humedad constante, concentrado fundamentalmente en la parte norte. No en vano los portugueses llamaron a la isla Madeira, literalmente “madera”, precisamente por la abundancia de árboles.

Casa tradicional en Monte Palace Garden, Madeira
Casa tradicional en Monte Palace Garden, Funchal

Cuándo ir

Madeira disfruta de un clima privilegiado con temperaturas suaves durante todo el año (25 grados en verano, 17 grados en invierno). Esto la convierte por tanto en un destino recomendable en cualquier estación, incluso en invierno, cuando fuimos nosotros (última semana de febrero).

No obstante lo anterior, sí hay que tener en cuenta que en invierno llueve mucho, especialmente en la zona norte y en las áreas más altas de montaña. Por este motivo no pudimos recorrer toda la isla como nos hubiese gustado… Además, la meteorología cambia bruscamente por los vientos o la altitud, con lo que, incluso en el mismo día, dependiendo de la zona a la que vayas, experimentas marcadas diferencias.

La costa sur y suroeste es donde más probabilidades de buen tiempo tienes fuera de temporada alta: Funchal, Cámara de Lobos o Ponta do Sol. Así mismo, la isla de Porto Santo garantiza durante todo el año una climatología más estable sin apenas precipitaciones, con sol constante y sin superar los 30 grados de temperatura. Puedes llegar a ella en 2 horas y media de trayecto en ferry desde Funchal.

Si decides viajar a Madeira en invierno como nosotros, además de las webs de pronóstico meteorológico, resulta muy útil consultar las webcams en tiempo real que hay dispuestas en varios puntos de la isla. Nos fueron de gran ayuda a la hora de decidir sobre la marcha a dónde dirigirnos, a la vista de las grandes oscilaciones meteorológicas que presentan las distintas zonas madeirenses.

Carreiros do Monte en Funchal, Madeira
Carreiros do Monte en Funchal

Cómo moverse

Llegamos en vuelo directo de Madrid a Funchal y en el aeropuerto recogimos nuestro coche de alquiler. Lo reservamos a través de Rentalcars con la compañía Budget: un Volkswagen Touran, de gasolina, con cambio manual y con silla de bebé para Alaia.

Dado lo accidentado de su geografía, disponer de automóvil propio para recorrer la isla es lo más recomendable. En caso contrario, desde Funchal parten numerosas excursiones guiadas de día que te permiten descubrir las principales atracciones naturales madeirenses.

En cuanto a la conducción, hay buenas vías que te permiten ir de punta a punta de la isla en apenas una hora de coche. Pero cuenta con muchísimos rincones encantadores menos accesibles y a esos cuesta un poco más llegar. Las carreteras son además más antiguas en este caso, pero las buenas vistas y los parajes por los que pasan lo compensan.

Especial cuidado hay que tener en cuanto te adentras en el interior de la cordillera central madeirense, porque la altitud aumenta rápidamente: de la costa a los mil y pico metros de altura en apenas pocos minutos. El consumo de gasolina (cuyo precio es ligeramente inferior al de España) y el uso del embrague se disparan considerablemente por estas fuertes pendientes.

Dónde alojarse

Cogimos un único alojamiento para los 7 días en Funchal, desde donde recorrimos el resto de la isla. Desde que viajamos con Alaia intentamos concentrar las noches en un mismo lugar, en la medida de lo posible, aunque nos suponga hacer más kilómetros en coche. Si no tienes auto propio también es buena opción porque todas las excursiones para conocer otras zonas de Madeira salen de la capital. Igualmente si quieres tomar un barco para avistar cetáceos o para visitar la isla de Porto Santo pues las embarcaciones parten del puerto de la capital madeirense.

Centro histórico de Funchal, capital de Madeira
Centro histórico de Funchal

Alquilamos un apartamento de 40 metros cuadrados, junto al centro histórico, con parking privado y con nombre un tanto rebuscado, Travellers Pearl by Storytellers. Lo elegimos porque para nosotros es importante disponer de cocina, donde preparar los desayunos y cenas de Alaia, y de cuna, para seguir cumpliendo con sus rutinas de sueño cuando no estamos de viaje. Resultó un gran acierto. Como extras, te dejan cada mañana un desayuno básico en la puerta (zumos, bollos, panes, fruta) y limpian diariamente el piso.

Levadas: senderismo en Madeira

Generalmente las islas van asociadas en la mente de la mayoría a turismo de sol y playa. Pese a que Madeira cuenta con bonitas playas, sobre todo en la segunda isla de Sao Porto, es en realidad un destino de naturaleza y aventura: sus costas son más bien para subirse a miradores y admirar acantilados que para tumbarse al sol entre chapuzón y chapuzón. Y , como ya nos pasó en La Palma, el senderismo aquí es casi obligatorio.

Las levadas son los antiguos canales que conducían el agua desde el lluvioso norte hasta el más seco sur de la isla. Desde el siglo XVI hasta hoy han construido unos 2.000 kilómetros de estas canalizaciones, de las que una grandísima parte se han acondicionado como rutas de senderismo. Resultan una proeza de ingeniería, por lo escarpado del terreno donde han sido erigidas, y como rutas facilitan el paso peatonal por la alta montaña.

Hay todo tipo de levadas: cortas, largas, fáciles, complicadas, entre laurisilva, junto a la costa, por plataneras… Pero es obligatorio realizar alguna. Las más populares son las que atraviesan zonas de montaña y permiten disfrutar de los paisajes más representativos madeirenses, con cascadas y lagunas incluidas, como la levada de Caldeirao Verde o la de 25 Fontes. Para nosotros fue imposible realizarlas por la conjunción de ir con bebé más mal tiempo, pero al menos pudimos tener una primera toma de contacto gracias a rutas muy sencillas como la de Balcoes o un sendero accesible en Queimadas.

Itinerario diario

Teniendo en cuenta todo lo anterior, te contamos aquí resumidamente lo que hicimos cada jornada pero te recomendamos visitar nuestro artículo con el itinerario completo detallado de nuestro viaje por Madeira.

Día 1. Levada dos Balcões, casas típicas de Santana, miradores y Funchal

Empezamos nuestro recorrido por la isla con un ruta, la de Balcões. Es una sencilla caminata de 3 kilómetros ida y vuelta por el Parque Florestal de Ribeiro Frío. Permite disfrutar del bosque de laurisilva durante el camino y de las vistazas desde el Mirador de los Balcões como broche final.

Vistas desde el mirador Balcoes al final de la levada del mismo nombre, Madeira
Vistas desde el mirador Balcoes al final de la levada del mismo nombre

Y si el senderismo es obligado en Madeira, no lo es menos ir a ver las casas típicas de Madeira, también llamadas “palhoças”, en Santana. No son viviendas en uso sino que se encuentran en un museo al aire libre de acceso gratuito y por dentro son tiendas de productos tradicionales madeirenses.

Comimos en el cercano municipio de Faial, en el restaurante A Chave con una bonita terraza y comida tradicional deliciosa y a buen precio. Para bajar la comida caminamos hasta el Mirador de Guindaste, al que también se puede llegar cómodamente en coche. Las vistas de los escarpados acantilados de la costa norte son impresionantes (como puedes comprobar en la foto que ilustra este post).

Caminando en Faial hacia el Mirador do Guindaste, Madeira
Caminando en Faial hacia el Mirador de Guindaste

Regresamos a Funchal donde aún tuvimos tiempo de pasear por el centro histórico: la calle Santa María, la Catedral, la plaza del Ayuntamiento, el jardín municipal… Y cenamos muy bien en uno de los muchos restaurantes de la mencionada rua céntrica: el Santa María.

Día 2. Teleférico de Achadas da Cruz, Ponta do Sol y Cabo Girao

En la costa noroeste está el teleférico de Achadas da Cruz. Desciende 451 metros de acantilado hasta el poblado abandonado de Achadas con un 98% de inclinación, lo que le convierte en el más inclinado de Europa. Y solo cuesta 5 euros.

En el trayecto de regreso a Funchal fuimos parando en otros puntos interesantes. Ponta do Sol hace honor a su nombre y disfruta de muchas horas soleadas al año. Allí se encuentra la instagrameable Cascata dos Anjos (literalmente “de los Ángeles”), que vierte su agua sobre la carretera. Y también allí comimos frente a la playa en el Ponta do Sol – Sun Spot Cafe.

La última parada del día fue en el Cabo Girao, un mirador con suelo de cristal a 589 metros situado en el cabo más alto de Europa. Disfrutar de la panorámica cuesta 3 euros pero merece la pena.

Vistas desde el mirador de Cabo Girao, Madeira
Vistas desde el mirador de Cabo Girao

Día 3. Madalena do Mar, Faja dos Padres y Cámara de Lobos

Los primeros intentos del día terminaron en planes frustrados por el mal tiempo: la Península de San Lorenzo, en el extremo oriental de Madeira, y la levada das 25 fontes, una de las más populares madeirenses. Decidimos pues huir a la costa sur, donde el clima es siempre más benigno. Primero paramos en Madalena do Mar, un bonito y pequeño pueblo costero.

Muy cerca tomamos el teleférico de Faja dos Padres por 12 euros ida y vuelta. Te lleva a una playa a los pies del alto acantilado rodeada por un agradable restaurante y muchos huertos de frutas locales (plátano, papaya, mango, aguacate…). Nos encantó este sitio y lo disfrutamos muchísimo.

Cerramos el día en Cámara de Lobos. Es de las localidades más antiguas de la isla, de las primeras que crearon los descubridores portugueses de Madeira. Es muy pintoresca la zona en torno al puerto con sus barquitas de colores, llamadas xavelhas, con una foca creada por el artista callejero Bordalo II y con múltiples bares y restaurantes.

Arte callejero de Bordalo II en Cámara de Lobos, Madeira
Arte callejero de Bordalo II en Cámara de Lobos

Día 4. Punta San Lorenzo, Porto da Cruz y ruta accesible desde Queimadas

Este día sí pudimos recorrer la península de San Lorenzo, en el extremo más oriental de Madeira. Es un área muy diferente al resto de la isla, verde y llena de árboles. Aquí en cambio dominan los paisajes secos, rocosos, casi desérticos. E hicimos una ruta de 7 kilómetros ida y vuelta que lleva hasta la misma punta de la península, aunque la acortamos ligeramente por ahorrarnos la subida final a la Ponta do Furado.

Ruta a la Punta de San Lorenzo en Madeira
Ruta a la Punta de San Lorenzo

Después de la caminata, fuimos a Porto da Cruz, a comer al restaurante A Pipa, de nuevo con comida tradicional madeirense, que nos gustó mucho.

Terminamos el día caminando de nuevo, con una ruta accesible llamada “un camino para todos“. Es un sendero llano y con barandillas, de apenas 2 kilómetros, ideal para familias, que parte del parking de Queimadas. Es una forma fácil de tener contacto al menos con el bosque de laurisilva madeirense y con los paisajes que las levadas tradicionales te permiten ver en mayor plenitud.

Día 5. Porto Móniz, miradores y Funchal

Las piscinas naturales de Porto Moniz son las más famosas de Madeira. En el noroeste de la isla, cuesta 1,5 euros la entrada y por las fotos parecen realmente bonitas. Desgraciadamente nosotros las pillamos cerradas por mal tiempo y solo pudimos verlas de lejos.

Para compensar el trayecto hasta allí, visitamos el mirador Eira da Achada en el pueblo vecino de Ribeira de Janela, con una bonita panorámica de la abrupta costa norte.

Sin cansarnos de la lluvia, condujimos hasta el mirador de Terra Grande, en la Sierra de Agua: picos con nubes enganchadas a un lado, océano bajo el sol en la costa sur al otro. Probablemente fue nuestro mirador favorito de la isla.

Vistas desde el mirador Terra Grande en Serra da Agua, Madeira
Vistas desde el mirador Terra Grande en Serra da Agua

Buscando el sol llegamos a la costa suroeste, a Caniço, y allí comimos en el lugar más original del viaje: Talho do Caniço. Enormes y baratísimas espetadas (brochetas) de carne a la parrilla en una especie de merendero montado por una carnicería local.

Finalmente regresamos a Funchal donde conocimos la Fortaleza de San Joao, el Fuerte de Santiago, la Marina de Funchal y el Mercado de Lavradores.

Día 6. Funchal

Esta jornada dejamos el coche aparcado y no nos movimos de Funchal para realizar la actividad turística imprescindible: coger el teleférico. Por 18 euros ida y vuelta te permite disfrutar de una hermosa panorámica de la ciudad además de transportarte hasta Monte, el barrio más alto de la capital.

En Monte la principal visita es el Jardin Tropical Monte Palace (15 euros): 70.000 metros cuadrados con más de 100.000 especies de plantas y espacios de lo más exóticos como un gran lago con cisnes y cascada o varios jardines orientales. También en Monte nos acercamos a la iglesia de Nossa Senhora do Monte (gratis).

Lago central en Monte Palace Garden, Madeira
Lago central en Monte Palace Garden

Y nos entretuvimos viendo a los Carreiros do Monte: los curiosos conductores de unos grandes cestos donde bajan a los pasajeros desde Monte al centro de Funchal. Aunque originariamente sí que servían como un medio de transporte real allá por el siglo XIX, hoy se empean solo para disfrute turístico (35 euros por pareja).

De vuelta en el centro de Funchal, comimos en Taberna Ruel y cerramos el día en Blandy’s Wine Lodge, una bodega en la que hicimos una interesante visita guiada de 30 minutos con una pequeña cata de dos de sus vinos madeirenses, por 10,5 euros cada uno.

Día 7. Pico Areeiro, Playa Reyes Magos en Caniço y Machico

Nuestro último día en Madeira empezó, como no, bajo la lluvia. Hasta el Pico do Areeiro se puede llegar cómodamente en coche. Con sus 1818 metros de altura es la tercera montaña más alta de Madeira. Las vistas deben de ser impresionantes, aunque con la niebla nosotros no veíamos ni a dos plamos.

En vista del resultado, apostamos sobre seguro dirigiéndonos hacia la soleada costa suroeste, a puntos cercanos al aeropuerto. En primer lugar, a la Playa Reis Magos en Caniço. Y después, a Machico, primer puerto en el que desembarcaron los descubridores portugueses de Madeira, allá por 1419. Allí comimos muy bien en la terraza del restaurante Mercado Velho.

El resumen de nuestro recorrido de 7 días, sobre el mapa:

Si en cualquier viaje siempre se quedan sitios por descubrir en el tintero, en éste la lista de pendientes sería especialmente abultada, por la combinatoria de mal tiempo y bebé. Mención especial merecen la parte más montañosa de Madeira así como las levadas más populares, dado que estarían en cualquier ranking de imprescindibles de la isla.

Gastronomía madeirense

Por último, no menos importante, hablemos de cómo se come en Madeira. Su gastronomía es simple pero deliciosa y fue de lo que más disfrutamos en el viaje. Por ello hemos publicado un artículo completo sobre qué comer y dónd ecomer en Madeira.

Sus platos típicos son a base de marisco y pescado, lógico al tratarse de una isla: el pulpo y las gambas, cocinados de diferentes formas, las lapas a la brasa, los filetes de atún a la plancha y, sobre todo, el pez espada. Pero cuidado que el pez espada madeirense nada tiene que ver con el emperador o pez espada que conocemos en España. Éste en realidad se llama “sable negro” y lo preparan rebozado, con plátano y salsa de maracuyá.

¿Y qué decir de la fruta? Madeira es un destino tropical y no cabe duda de ello por la variedad y lo multicolor de sus frutas tropicales: chirimoyas, fruta de la pasión, papaya… Mención especial merecen los plátanos, más pequeños y dulces.

Frutas en el Mercado de Lavradores de Funchal, Madeira
Frutas en el Mercado de Lavradores de Funchal

Por último, para regar todos estos platos Madeira cuenta con su propio vino. La Denominación de Origen de Madeira comprende 500 hectáreas de viñedos de variedades blanca y tinta y produce vinos con una graduación alcohólica mínima del 18%. Aunque también los hay de mesa, los vinos dulces son los más famosos.

Pero si no te gusta el vino, también tienes alternativa local: la poncha. Es una bebida alcohólica a base de aguardiente de caña de azúcar, miel y zumo de limón. Está presente en todos los bares de la isla aunque los hay especializados que prácticamente solo sirven poncha, como Poncha do Pescador en Funchal o Filhos D’Mar en Cámara de Lobos.

¡Y hasta aquí nuestra guía de viaje de Madeira! ¿Ya te hemos convencido para ir?

Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

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