
¿Planeando visitar Madeira? ¿Quieres conocer los imprescindibles a visitar en la isla portuguesa? En artículos anteriores ya te contamos cómo organizar un viaje de 7 días a Madeira (con bebé), cómo decidir tu itinerario y adaptarlo si la meteorología no te acompaña, incluso qué comer y dónde disfrutar de la estupenda gastronomía madeirense. Pero te lo ponemos aún más fácil con una de esas listas claras y concisas sobre qué no debes perderte si viajas a Madeira.
El undécimo imprescindible, en Madeira y en cualquier otro viaje, es el seguro de viajes. Y es que viajar seguro es una prioridad, sobre todo si viajas en familia como nosotros: por eso te ofrecemos ¡un 15% de descuento! contratando el seguro de viajes de Intermundial a través de nuestro blog.
La capital madeirense es la puerta de entrada a cualquier viaje por la isla pero es además una ciudad muy interesante, lo que la convierte por derecho propio en un imprescindible en Madeira. Como te contamos en nuestra guía de viaje, la tomamos como base para los siete días de nuestra estancia en la isla. Esto nos permitió conocerla con calma, visitando distintos puntos de Funchal en diferentes momentos, de acuerdo con nuestro itinerario día a día en la isla.
Su centro histórico es agradable, especialmente la calle Santa María, repleta de bares, terrazas y tiendas de arte, con todas las puertas de esta vía pintadas y decoradas. Terminada ésta encuentras el Mercado de Lavradores, con puestos de comida típica, con mención especial para las fruterías. Y un poco más lejos, siempre accesible en un paseo a pie, la Catedral, la plaza del Ayuntamiento y el jardín municipal, con una vegetación super frondosa y exótica. También merece una visita el fuerte de Santiago, original del siglo XVIII y construido frente al mar para defender la ciudad. Y en el extremo contrario de la costa, la marina de Funchal, desde el que parten numerosas excursiones en barco.

Pero si hay un barrio imperdible en Funchal éste es Monte, situado en la parte más alta de la capital. Si quieres ahorrarte la caminata y encima disfrutar de buenas vistas, has de llegar en teleférico (18 euros ida y vuelta por persona, niños hasta 6 años gratis). En Monte dos son las atracciones principales. Una es el Monte Palace Tropical Garden, unos jardines gigantes con más de 100.000 especies de plantas, fuentes, lagunas y hasta flamencos. La otra atracción imprescindible es la llamativa tradición de los Carreiros do Monte: grandes cestos de mimbre que se lanzan carretera abajo desde Monte hasta Funchal. Digno de ver al menos, si no te atreves a montarte.

Es la península más oriental de Madeira. De origen volcánico y fuertemente castigada por los vientos, aquí no hay árboles, solo matojos y arbustos, en lo que es casi un paraje semidesértico de tonos ocres. Por ello el contraste con el verde del resto de la isla es brutal. También brutales son las vistas: puedes llegar a divisar la isla de Porto Santo de hecho. Todo ello lo convierte en otro imprescindible en Madeira.

Aunque bien puedes llegar hasta allí en coche y simplemente dar un corto paseo disfrutando de la panorámica, lo suyo es realizar una ruta que conduce al mismo extremo de la península. Es un sendero lineal de poco más de 7 kilómetros y poco desnivel de media, sin dificultad salvo si tienes vértigo, dado que discurre por lo alto de llamativos acantilados. Precisamente por esto en días de mucho viento, que son frecuentes por estos lares, puede ser peligrosa. Si viajas con bebé, como era nuestro caso, el porteo es obligatorio.
Son los antiguos canales que se crearon para conducir el agua desde el norte hasta el sur de la isla. Los primeros se construyeron en el siglo XVI y a día de hoy hay unos 2.000 kilómetros de canalizaciones y alrededor de 1.400 se han acondicionado como rutas de senderismo. Algunas pueden recorrerse por caminos paralelos a las mismas y en ocasiones andas literalmente sobre las mismas levadas. Son obras de ingeniería sorprendentes, por lo escarpado del terreno donde han sido erigidas. Muchas además atraviesan largos túneles: concretamente hasta 40 kilómetros de túneles que hay en Madeira.

Hay levadas para todos los gustos: cortas, largas, fáciles, complicadas, entre laurisilva, junto a la costa, por plataneras… Pero desde luego es imprescindible en Madeira recorrer alguna. Las más populares son las que atraviesan zonas de montaña y permiten disfrutar de los paisajes más representativos madeirenses, con cascadas y lagunas incluidas, como la levada de Caldeirao Verde o la de 25 Fontes. Por lo mismo, suelen ser largas y requieren de cierta forma física. Si no es tu caso, si tu estancia coincide con mala climatología o simplemente si no te apatece caminar tanto durante las vacaciones, también hay rutas muy sencillas como la de Balcoes o un sendero accesible en Queimadas.
Las palhoças son una de las señas de identidad de Madeira, seguro que has visto alguna imagen suya incluso sin saber que se encuentran en esta isla, por lo que son otro de los imprescindibles a conocer en Madeira. Son construcciones de madera, blancas con zócalos rojos azul y con un gran techo triangular de paja, cuya principal función era que el agua de lluvia resbalase convenientemente. Los materiales con que se edificaban abundan en Madeira y por eso eran así las casas tradicionales.
Aunque las puedes encontrar en diversos puntos de la isla, como una recreación que hay en el Jardín Tropical de Monte en Funchal, las casas típicas madeirenses más famosas son las del municipio de Santana. No son viviendas ya, sino que están orientadas al turismo, como un pequeño museo al aire libre además de para el comercio de productos artesanos locales.

Desconocemos la cifra exacta de teleféricos en Madeira pero será difícil que no caigas en alguno durante tu viaje. Incluso en la capital, Funchal, hay uno. No es de extrañar teniendo en cuenta la oreografía de la isla, con grandes desniveles y altísimos acantilados en la costa. Antes no tocaba otra que recorrer estas distancias a pie pero hoy en día, afortunadamente, disponemos de estos marabillosos teleféricos que, además, te permiten disfrutar de vistazas . Nosotros nos subimos en tres teleféricos pero si tenemos que elegir solo uno como imprescindible en Madeira, sería el de Achadas da Cruz.
¿Por qué? Este teleférico presenta un 98% de inclinación a lo largo de sus 451 metros y es así el más inclinado de Europa. Huelga decir que ofrece por ello una panorámica maravillosa sobre el paisaje de la costa norte de Madeira. Una vez abajo, encuentras un antiguo poblado, abandonado y rodeado de cultivos. Puedes seguir un sendero hacia el oeste, siempre paralelo al mar, para recorrer un poco la zona y llegar incluso hasta una cascada que desciende por el acantilado hasta el mar. Es un paisaje casi salvaje. El teleférico de Achadas de Cruz es además muy barato, solo 5 euros. Pero en la cabina apenas caben 6 personas como máximo, en temporada alta se forman largas colas.

No obstante, si prefieres un teleférico que te deje en una zona con más servicios e instalaciones, con una bonita playa y un agradable restaurante con terraza, deberías optar por el de Faja dos Padres, en la soleada costa sur. Eso sí, el precio del billete sube a los 12 euros.
Si antes decíamos que no sabíamos cuántos teleféricos hay en Madeira, más incontables aún son sus miradores. Los hay casi a cada paso cuando conduces por sus carreteras, pero éste es sin duda el imprescindible. Porque con sus 580 metros Girao es el cabo más alto de toda Europa. Evidentemente por esto mismo su mirador es también único y prueba de ello es la increíble panorámica que ofrece de la costa sur de la isla, incluyendo los “poios madeirenses”, los cultivos agrícolas en terrazas. Los puedes observar con detalle gracias a una pasarela de cristal no apta para viajeros con vértigo. La entrada cuesta solo 3 euros y, más por ese precio, el mirador Girao merece definitivamente la pena.

Madeira no es un destino de playa pero sí que hay llamativas piscinas naturales. Las de Porto Moniz son las más turísticas, aunque no las únicas (hay otras en el vecino pueblo de Seixal sin ir más lejos). Son tan especiales porque las piscinas se han formado sobre terreno de lava negro en el que entra el agua del mar azul turquesa. Por las fotos parece un auténtico espectáculo. Cuentan además con una amplia zona de solarium y con áreas de aguas poco profundas para los más pequeños. La entrada solo cuesta 3 euros y la temperatura del agua no baja de 18 grados. Sin embargo nosotros las pillamos cerradas y, como se puede ver en esta foto, mucho menos bonitas, por el mal tiempo. Esperamos que tú tengas mejor suerte.

Las primeras grutas volcánicas abiertas al público en Portugal se originaron hace 890 mil años en la localidad madeirense de San Vicente tras una erupción volcánica. La parte exterior se solidificó rápidamente pero en su interior se formaron tubos de lava de entre 5 y 6 metros de altura. Es posible recorrer hasta kilómetro y medio de estas grutas con un guía. La visita se completa con el Centro de Vulcanismo, donde te informan sobre la formación geológica de las grutas y el propio nacimiento del archipiélago de Madeira. Desafortunadamente durante nuestra estancia en Madeira las Grutas de San Vicente estaban cerradas temporalmente.
Viejo conocido de cualquier viajero que haya visitado la canaria isla de la Gomera, Madeira es otro de los pocos reductos en el mundo donde se puede encontrar este bosque subtropical que hace millones de años ocupaba gran parte del sur de Europa y norte de África. La laurisilva (literalmente, selva de laureles) se conserva en estas islas gracias a la temperatura suave constante y a la humedad. Los bosques de laurisilva se extienden por 15.000 hectáreas en Madeira, un 20 % de su superficie total, concentrándose especialmente en el área norte. La mejor forma de conocer este imprescindible de Madeira es a través de las levadas, como las ya mencionadas de Caldeirão Verde o Balcoes.

Simple y deliciosa, la gastronomía madeirense fue de lo que más disfrutamos en nuestro viaje y por eso le dedicamos un artículo completo. Siendo una isla es obvio que los pescados y mariscos son sus platos estrella, encabezados por el pez espada, que es en relaidad “sable negro” y suelen servir rebozado, con plátano y salsa de maracuyá, y por las lapas a la parrilla. Los más carnívoros pueden probar la espetada (brocheta de carne) o el picado: trozos de ternera frita con ajo y pimienta.

Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0
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