Aunque ya te contamos resumidamente qué vimos e hicimos en Madeira en nuestra guía de viaje, hemos elaborado este artículo más extendido para explicar nuestro itinerario día a día y el por qué de nuestras elecciones. Siete días pueden dar para conocer los imprescindibles de Madeira y recorrer las zonas en que se divide. Pero viajando con bebé y en invierno, con una meteorología cambiante, no fue así y nos quedaron pendientes varios de los que, a priori, eran imprescindibles de Madeira. ¡Te lo contamos todo en este post!

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Consejos generales

Si viajas en invierno debes tener en cuenta que llueve bastante, especialmente en la zona norte y en las áreas más altas de montaña, que son justamente los puntos fuertes de Madeira. Es un destino de naturaleza y senderismo y las rutas, llamadas levadas, más famosas se encuentran precisamente en esas áreas altas norteñas. Tiene todo el sentido si pensamos que las levadas son los antiguos canales que llevaban el agua del lluvioso norte a la mas seca costa sureña.

Por este motivo no pudimos recorrer la región septentrional ni la extensa cordillera central de Madeira como nos hubiese gustado y, por contra, pasamos más tiempo del planeado en la costa sur y suroeste, donde más probabilidades de buen tiempo hay.

Madalena do Mar en la costa sur de Madeira
Madalena do Mar en la costa sur de Madeira

La geografía de Madeira no sólo condiciona la meteorología, tan cambiante de una parte a otra de la isla, sino también la forma de visitarla. Disponer de coche para recorrerla es así lo más aconsejable. Hay buenas carreteras, y gratuitas, especialmente en todo el perímetro costero. Ir de un extremo a otro de Madeira de este modo lleva poco más de una hora de conducción. Las vías de montaña son más estrechas y llenas de curvas, requieren de cierta habilidad y paciencia, aunque las vistas y los paisajes lo compensan. Y si no puedes o quieres conducir, deberías alojarte en Funchal y contratar excursiones guiadas para descubrir las principales atracciones naturales madeirenses.

Nosotros también, pese a contar con coche, partimos siempre de Funchal porque allí alquilamos un apartamentoTravellers Pearl by Storytellers. Es un piso de 40 metros cuadrados, junto al centro histórico, moderno, decorado bonito, con parking privado, con cocina completa, incluso lavadora, y con cuna gratis. Sirven cada mañana un desayuno básico (zumos, bollos, panes, fruta), y limpian diariamente el piso. Viajando con un bebé de un año es mucho más cómodo y práctico para nosotros alojarnos en un apartamento y éste en conjunto nos gustó mucho.

Dejando a parte el ya comentado asunto del coche, en Madeira el otro medio de transporte por excelencia es el teleférico. No sabemos exactamente cuántos hay pero raro sería que no tomases alguno durante tu viaje. Sin ir más lejos, en la propia capital, Funchal, hay uno. Nuevamente es consecuencia directa de su oreografía, marcada por profundos desniveles y por altísimos acantilados en la costa, sólo salvables de este modo. Y de paso, disfrutas de vistazas , claro. Nosotros nos montamos en tres teleféricos, los disfrutamos muchísimo y nos habríamos subido a todos.

Teleférido de Achadas de Cruz, el de mayor inclinación de Europa, en Madeira
Teleférido de Achadas de Cruz, el de mayor inclinación de Europa

Y, lógicamente, tratándose de una isla, el barco es el tercer medio de transporte obligado en Madeira. Aunque éste no lo probamos, en parte porque las actividades vinculadas a la navegación son más limitadas en invierno. Puedes tomar un ferry desde Funchal a Porto Santo, la otra isla que forma parte del archipiélago madeirense y donde reina el sol todo el año. Eso sí, ir y volver en el mismo día es complicado dado que cada trayecto supera las 2 horas. Desde la Marina de Funchal parten muchísimas excursiones privadas para navegar hasta otras islas cercanas, para ir a puntos específicos de la costa madeirense, para ver atardecer en la bahía frente a la ciudad, para avistar cetáceos, etcétera etcétera.

La última mención especial de atractivo en la isla son sus muchos miradores, tanto a los acantilados y cabos de la costa como a los picos y valles centrales. Algunos son fácilmente accesibles, otros requieren de conducir por carreteras de montaña y los hay que sólo puedes llegar caminando. Sea como sea, la lista de miradores tiende a infinito y, desde luego, nosotros sólo pudimos conocer unos pocos.

Día 1. Llegada a Funchal

Dado que aterrizamos en Madeira a las 5 de la tarde y que Alalia cena y duerme entre las 7 y las 8, este primer día no pudimos hacer nada más que instalarnos en el apartamento en Funchal.

Día 2. Levada dos Balcões, casas típicas de Santana, miradores y Funchal

Primer día completo en Madeira y primer día que arrancamos desde bien temprano en coche, hacia esa cordillera central de la que hablábamos.

Nuestra primera ruta en Madeira fue la vereda dos Balcões, una caminata facilísima de apenas 3 kilómetros ida y vuelta por el Parque Florestal de Ribeiro Frío. Atraviesas bosque de laurisilva y terminas en el mirador de los Balcões. Desde éste hay grandes vistas a las mayores cumbres de la isla, incluida la montaña madeirense más alta, el Pico Ruivo con 1861 metros. Cuando decimos que es sencilla es que literalmente Alaia con un año de edad pudo caminar incluso una parte, así que es una elección ideal si no puedes hacer levadas más complejas.

Vistas desde el mirador Balcoes al final de la levada del mismo nombre, Madeira
Vistas desde el mirador Balcoes al final de la levada del mismo nombre

Aunque en el caso anterior tuvimos que caminar un poco para alcanzar el mirador de Balcoes, en otros casos los miradores salen a tu paso directamente según conduces. Y es que recorrer Madeira de mirador en mirador no es solo factible, sino muy recomendable. El mirador do Cabouco está en la carretera que lleva de Ribeiro Frío a Santana y tiene una bonita vista de los paisajes norteños con montañas y valles.

A Santana hay que ir a ver las casas típicas de Madeira, también llamadas “palhoças”. No son viviendas en uso sino que se encuentran en un museo al aire libre de acceso gratuito y en su interior son tiendas de productos tradicionales madeirenses. Con su forma triangular, sus largos tejados de paja y sus característicos colores blanco, rojo y azul, forman una de las estampas más icónicas de Madeira. También puedes verlas en otros puntos de la isla, como una recreación en el Jardín Tropical de Monte en Funchal, que mencionaremos más tarde, pero éstas de Santana son las más famosas y visitadas.

No nos alejamos apenas para comer: en el pequeño municipio de Faial está el restaurante A Chave con una bonita terraza y comida tradicional deliciosa y a buen precio. Aquí probamos por primera vez el pez espada madeirense (que es en realidad pez sable), las lapas a la parrilla y el bolo do caco (pan con ajo y mantequilla), tres de los puntales de la gastronomía de Madeira (de la que te hablamos más extensamente en este artículo).

Para bajar la comida caminamos hasta el Mirador de Guindaste, al que también se puede llegar cómodamente en coche. Las vistas de los escarpados acantilados de la costa norte son impresionantes. El mirador oficial lo forman dos pasarelas de suelo de cristal, pero es casi mejor la panorámica hacia el lado contrario donde están éstas. Los más valientes pueden caminar sobre una roca para obtener una posición más elevada desde la que observar el bravo mar.

Vistas desde el mirador do Guindaste en Madeira
Vistas desde el mirador do Guindaste

Regresamos a Funchal donde aún tuvimos tiempo de pasear por el centro histórico. La calle Santa María está repleta de bares, terrazas y tiendas de arte y todas las puertas de la rúa están pintadas y decoradas. También vimos la Catedral, la plaza del Ayuntamiento y el jardín municipal, con una vegetación super frondosa y exótica. Como broche final cenamos muy bien en uno de los muchos restaurantes de la mencionada calle céntrica: el Santa María.

Día 3. Teleférico de Achadas da Cruz, Ponta do Sol y Cabo Girao

Condujimos una hora y cuarto para llegar desde Funchal al teleférico de Achadas da Cruz, prácticamente en la punta contraria de la isla. Este teleférico desciende 451 metros hasta el poblado abandonado de Achadas, a los pies de un alto acantilado, con un 98% de inclinación, lo que le convierte en el más inclinado de Europa. Es además muy barato, 5 euros, aunque en la cabina solo caben 6 personas como máximo, así que en temporada alta se deben de formar largas colas.

Una vez abajo encuentras el antiguo poblado de Achadas, hoy abandonado, rodeado de cultivos. Puedes seguir un sendero hacia el oeste, siempre paralelo al mar, para recorrer un poco la zona y llegar incluso hasta una cascada que desciende por el acantilado hasta el mar. Nosotros no pudimos llegar porque la marea alta nos impedía el paso final….

Achadas da Cruz, en la costa norte de Madeira
Recorriendo Achadas da Cruz

Deshaciendo el camino de la mañana de vuelta a Funchal en coche, fuimos parando en otros puntos interesantes. La Cascata dos Anjos (literalmente “de los Ángeles”) desciende sobre la carretera, mojando a todo el que pasa por allí, a las afueras de la localidad de Ponta do Sol. Es simplemente una curiosidad que, por obra y gracia de Instagram, se ha convertido en uno de los spots más fotografiados de la isla. La vía en la que se encuentra está cerrada oficialmente al tráfico aunque puedes pasar hasta allí para captar la imagen. Si te pilla de paso, no es mala parada. Si tienes que ir ex profeso, tampoco merece tanto la pena.

Ponta do Sol hace honor a su nombre y disfruta de muchas horas soleadas al año; si todo te falla en la isla, dirígite aquí como último reducto de buen clima. Cuenta además con una tranquila playa de piedra bien acondicionada en la que hay dos bares. Comimos en uno de ellos, el Ponta do Sol – Sun Spot Cafe y, sorprendentemente, nos gustó mucho, todo a base de platos de pescado, bien cocinados y presentados con muy buen gusto.

La última parada del día fue en el Cabo Girao, el mirador más famoso de Madeira, a visitar por el módico precio de 3 euros. Con suelo de cristal se eleva 589 metros sobre la costa en lo que es el cabo más alto de Europa. Quizás fue por el atardecer, pero sí nos pareció que la vista merecía la pena.

Vistas desde el mirador de Cabo Girao, Madeira
Vistas desde el mirador de Cabo Girao

Día 4. Madalena do Mar, Faja dos Padres y Cámara de Lobos

Nuestro primer intento de actividad del día nos llevó hasta la Península de San Lorenzo, en el extremo oriental de Madeira. Pero hacía mucho viento y llovía así que abortamos misión. Afortunadamente pudimos recuperarlo al día siguiente, como te contamos más abajo en este articulo. El segundo intento también fue frustrado: nos dirigimos al punto de inicio de la levada das 25 fontes, una de las más populares madeirenses. Allí hacía incluso peor meteorología con muchísimo frío, niebla y lluvia también. Desgraciadamente, esta ruta no pudimos retomarla por el constante mal tiempo de los siguientes días.

En vista del doble fracaso, decidimos rendirnos a la evidencia y volver a la costa sur, donde el clima es siempre más benigno. Primero paramos en Madalena do Mar, un bonito y pequeño pueblo costero donde Alaia pudo disfrutar de un parque infantil frente al mar y bajo el sol.

Muy cerca, tomamos el teleférico de Faja dos Padres. Faja en portugués, fajana en castellano, es un terreno llano cultivable junto al mar. Faja dos Padres solo es accesible por mar en barco o con un teleférico que desciende 350 metros desde Quinta Grande por 12 euros ida y vuelta. Lo que allí encuentras es una playa a los pies del alto acantilado, con aguas aptas para el snorkel, un restaurante y huertos de frutas locales (plátano, papaya, mango, aguacate…). El nombre se debe a que los primeros pobladores de la zona fueron los curas, o padres, de la Sociedad de Jesús. Nos encantó este sitio, comimos muy a gusto y lo disfrutamos muchísimo.

Y cerramos el día en otro municipio costero del sur, Cámara de Lobos. Es de las localidades más antiguas de la isla, de las primeras que crearon los descubridores portugueses de Madeira. Su nombre se debe a que por aquel entonces la zona estaba llena de leones marinos; hoy en día el único que puedes ver es el creado por el artista callejero Bordalo en el puerto. Precisamente toda la zona en torno al puerto con sus barquitas de colores, llamadas xavelhas, y muchísimos bares y restaurantes, es muy pintoresca y agradable.

Arte callejero de Bordalo II en Cámara de Lobos, Madeira
Arte callejero de Bordalo II en Cámara de Lobos

Día 5. Punta San Lorenzo, Porto da Cruz y ruta accesible desde Queimadas

Este día sí, pudimos por fin recorrer la península de San Lorenzo, en el área más oriental de Madeira. Es un área muy diferente al resto de la isla, verde y llena de árboles. Aquí dominan los paisajes secos, rocosos, casi desérticos. En verano de hecho predominan los tonos ocres, aunque nosotros aún encontramos algo de verde al ser invierno.

Ruta a la Punta de San Lorenzo en Madeira
Ruta a la Punta de San Lorenzo

Además de disfrutar de ese contraste y de las vistas al océano, a San Lorenzo se viene a recorrer una famosa ruta de 7 kilómetros ida y vuelta que lleva hasta el extremo final de la península. No es complicada, pero el terreno es irregular y hay bastantes peldaños (factible porteando, no apta para niños). La mayor dificultad está justo en el tramo final de subida a la mismísma punta de San Lorenzo, pero nosotros nos la ahorramos. Justo al inicio de esta subida hay además un bar con una gran terraza para descansar antes de emprender el trayecto de regreso. Eso sí: en temporada alta debe de ser imposible realizarla salvo madrugón, porque ya nosotros en febrero a la vuelta encontramos muchísimas personas y dado que el sendero es sumamente estrecho, vas literalmente en fila india.

Después de la caminata, nos habíamos ganado una buena comida y a eso fuimos a Porto da Cruz, concretamente al restaurante A Pipa, que nos gustó mucho. Nuevamente almorzamos a base de comida madeirense y probamos el picado de carne (trozos de ternera frita con ajo y pimienta). Lo lleno que estaba este restaurante un día entre semana de temporada baja da fe de su calidad.

Picado de ternera en el restaurante A Pipa, en Porto da Cruz
Picado de ternera en el restaurante A Pipa, en Porto da Cruz

Porto da Cruz está en la costa noreste y, como es habitual en Madeira, se sitúa a los pies de un acantilado frente al bravo mar. Años atrás hubo una importante fábrica de caña de azúcar de la que aún se conserva una alta torre industrial frente a la playa.

Terminamos el día mojándonos un poco en el lugar donde arranca una de las levadas más célebres de Madeira, la de Caldeirao Verde. Como no estábamos en condiciones de hacerla porteando un bebé con frío y lluvia, optamos por la alternativa fácil que parte del mismo punto que la levada, el parking de Queimadas. Se trata de una ruta accesible llamada literalmente “un camino para todos“.

Con apenas 2 kilómetros de lontigud une el Parque Forestal de Queimadas con el Pico das Pedras en un sendero llano, con barandillas y apto incluso para silla de ruedas (si no ha llovido y está todo embarrado, como nos lo encontramos nosotros). Es una forma de tener contacto al menos con el bosque de laurisilva madeirense y con los paisajes que las levadas tradicionales te permiten ver en mayor plenitud.

Día 6. Porto Móniz, miradores y Funchal

Decíamos que Madeira no es un destino de playa y nosotros además no somos especialmente playeros. Pero sí queríamos visitar las piscinas naturales de Porto Moniz. No son las únicas de la isla (en el cercano pueblo de Seixal por ejemplo hay otras) pero sí son las más famosas. Están en el noroeste de la isla, luego nos llevó 55 minutos en coche llegar desde Funchal. Cuesta 1,5 euros la entrada y son tan especiales porque las piscinas se han formado sobre terreno de lava negro en el que entra el agua del mar azul turquesa. Por las fotos parece un auténtico espectáculo. Desgraciadamente nosotros las pillamos cerradas por mal tiempo y solo pudimos verlas de lejos.

Para compensar el trayecto hasta allí, subimos hasta el mirador de Santinha con buenas vistas sobre el propio Porto Moniz. Aunque más nos gustó el mirador Eira da Achada en el pueblo vecino de Ribeira de Janela con una bonita panorámica de la abrupta costa norte.

Seguimos con mal tiempo porque, a lo loco, nos atrevimos a conducir hacia el interior montañoso de Madeira, concretamente a la Sierra de Agua. Así llegamos al mirador de Terra Grande, que tiene vistazas con mayúsculas: picos con nubes enganchadas a un lado, océano bajo el sol en la costa sur al otro. Probablemente fue nuestro mirador favorito de la isla. Intentamos avanzar por la misma carretera hasta otro mirador célebre, más alto aún, el de Encumeada, pero desde allí no se veía ya absolutamente nada por la niebla y la lluvia.

Vistas desde el mirador Terra Grande en Serra da Agua, Madeira
Vistas desde el mirador Terra Grande en Serra da Agua

Vencidos por la meteorología, regresamos hacia la zona segura de la isla, esta vez a la costa sudeste. Paramos a comer en Talho do Caniço, en el pueblo del mismo nombre, Caniço. Es una carnicería que ha habilitado una parrilla con mesas en su parte trasera, de modo que compras directamente los trozos de carne y te los cocinan a la brasa en una espetada (una brocheta enorme). Junto a la parrilla hay también un bar para comprar bebidas, pan y cuatro cosas básicas más: aquí lo importante es la carne. Baratísimo, diferente y muy rico. Eso sí, no es el sitio más cómodo para estar con bebé.

Finalmente regresamos a Funchal y, aún con el coche, paramos a conocer la Fortaleza de San Joao, de acceso gratuito y con buenas vistas sobre la capital madeirense debido a su ubicación en altura.

Ya a pie recorrimos el Fuerte de Santiago, frente al mar y del siglo XVII; la Marina de Funchal, con los barcos que realizan las múltiples excursiones a ver cetáceos o a visitar las islas cercnas; el Mercado de Lavradores, con coloridos puestos de comida tradicional; y el centro histórico donde nos tomamos unas ponchas en el bar Poncha do Pescador.

Fuerte de Santiago en Funchal, Madeira
Fuerte de Santiago en Funchal

¿Y qué es una poncha? Es una bebida alcohólica tipiquísima en Madeira hecha a base de aguardiente de caña de azúcar, miel y zumo de limón, aunque hoy en día hay múltiples variantes con más sabores (maracuyá, fresa, etc).

Día 7. Funchal

Y al septimo día, nos rendimos. Dejamos de explorar bajo la lluvia y nos quedamos en el soleado Funchal, descansando de carretera. Cumplimos con la que es la actividad imprescindible en Funchal: coger el teleférico. Te permite disfrutar de una hermosa panorámica de la ciudad además de transportarte cómodamente hasta Monte, el barrio más alto de la capital. Cuesta 18 euros ida y vuelta por persona, niños hasta 6 años gratis.

Una vez en Monte, al bajar del teleférico te topas directamente con la principal visita a realizar aquí: el Monte Palace Tropical Garden. Es una especie de jardín botánico exótico y pintoresco, enorme: 70.000 metros cuadrados con más de 100.000 especies de plantas. La entrada puede parecer cara, 15 euros por persona, pero aseguramos que merece la pena.

Jardín Tropical de Monte en Funchal, Madeira
Jardín Tropical de Monte en Funchal

Es gratis en cambio conocer la iglesia de Nossa Senhora do Monte. Y frente a ésta puedes disfrutar de un espectáculo único: cestos gigantes corriendo cuesta abajo cargados con personas. Sí, esto son los Carreiros do Monte. Una alternativa al teleférico basada en carrinhos do cesto o cestinhos en los que los carreiros bajan a los pasajeros desde Monte al centro de Funchal. Aunque originariamente sí que servían como un medio de transporte real allá por el siglo XIX, hoy se emplean solo para disfrute turístico. Son apenas 2 kilómetros de recorrido por el nada módico precio de 35 euros por pareja.

Bajamos de vuelta a Funchal con el más aburrido, pero seguro, teleférico y comimos en Taberna Ruel: gran calidad de pescado y marisco pero también precio más alto que la media, es un restaurante para darse un pequeño homenaje.

Y cerramos el día con actividad enoturística, porque el vino de Madeira es toda una celebridad. Blandy’s Wine Lodge es una bodega situada en pleno centro de Funchal (junto al Jardín Municipal) que ofrece varias modalidades de visita y cata. Hicimos un interesante tour guiado de 30 minutos con una pequeña cata de dos de sus vinos, por 10,5 euros por persona.

Día 8. Pico Areeiro, Playa Reyes Magos en Caniço y Machico

Dado que el avión de vuelta despegaba a las 6 de la tarde, nos cundió nuestro último día en Madeira. Como somos unos cabezotas y nos costaba rendirnos a la evidencia de que la meteorología no estaba de nuestro lado, decidimos hacer una última intentona de explorar las altas cumbres madeirenses.

Hasta el Pico do Areeiro se puede llegar cómodamente en coche. Con sus 1818 metros de altura es la tercera montaña más alta de Madeira. Las vistas deben de ser impresionantes, aunque con la niebla nosotros no veíamos ni a dos palmos. Y desde aquí parte una ruta que te lleva, no sin cierta dificultad, hasta el Pico Ruivo, éste sí, el más alto de la isla.

En vista del resultado, apostamos sobre seguro dirigiéndonos hacia la soleada costa sudeste, a puntos cercanos al aeropuerto. En primer lugar, a la Playa Reis Magos en Caniço. Como muchas otras en Madeira, es una pequeña playa de piedra pero muy bien equipada, con una terraza y con un bonito paseo que recorre la costa.

Finalmente paramos en Machicoprimer puerto en el que desembarcaron los descubridores portugueses de Madeira, allá por 1419. Tras un corto paseo, comimos muy bien en la agradable terraza del restaurante Mercado Velho, ubicado en el que fuera el mercado local y junto al fuerte de Nossa Senhora do Amparo.

Pendientes

Tal y como avisábamos al inicio de este post, varios imprescindibles de Madeira se nos quedaron en el tintero, pero los listamos aquí igualmente para que los tengas en cuenta de cara al itinerario que plantees.

Pájaro en el mirador Balçoes en Madeira
Pájaro en el mirador Balçoes
  • Centro de Vulcanismo y Grutas de Sao Vicente. Desgraciadamente las grutas estaban cerradas por mantenimiento en el momento de nuestra visita. En el Centro de Vulcanismo aprendes sobre cómo se formó Madeira y sobre las distintas capas geológicas de nuestro planeta. La visita se completa con un recorrido guiado de 30 minutos por los túneles de lava.
  • Levada do Caldeirao Verde. Es probablemente el sendero más transitado por los viajeros que llegan a Madeira. Y eso que tiene cierta dificultad y recorrer sus casi 9 kilómetros, atravesando 4 túneles, lleva una media de 6 horas y media. A cambio, puedes disfrutar del bosque de laurisilva en su esplendor y con el premio final de una cascada.
  • Levada das 25 Fontes. Es otra de las rutas más conocidas de Madeira porque permite disfrutar de maravillosos paisajes en una corta distancia y sin apenas dificultad: 8,6 kilómetros ida y vuelta, unas 3 horas de caminata. Su nombre se debe a la Lagoa das 25 Fontes (laguna de las 25 fuentes), la meta final del sendero y alimentada por las aguas que bajan de Paúl da Serra.
  • Curral das Freiras es un bonito pueblo ubicado en un profundo valle rodeado de altas montañas, casi escondido, imposible de ver desde la costa incluso sin estar demasiado lejos de ella. El mejor lugar desde el que observarlo es el mirador de Eira do Serrado.

¡Y hasta aquí el repaso a nuestros siete días en Madeira! ¿Y tú? ¿Ya la conoces? ¿Recomendarías algún otro sitio de la isla? ¿O estás deseando planear tu primer viaje allí?

Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

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