Definitivamente un fin de semana no basta para conocer Viena. Sí es suficiente para sentir su hechizo, asombrarse con sus plazas y palacios, descubrir museos con colecciones envidiables y decidir que vas a tener que volver.

El núcleo histórico de Viena es una sucesión de grandiosos edificios, prueba de su pasado imperial. Construcciones en su mayoría barrocas, con fachadas llenas de detalles para observar durante horas. Y estatuas, muchas estatuas: adornando cada plaza, cada entrada, cada friso. Fotógrafos del mundo: id preparados.

Situada a orillas del Danubio, como sus vecinas Budapest y Praga (las comparaciones son inevitables), Viena ya jugó su papel durante el Imperio Romano. Y si bien tuvo importancia en los siglos posteriores, su mayor esplendor se dio en el XIX, con la dinastía de los Habsburgo, hacedora de las principales construcciones palaciegas de la ciudad. No solo dejaron su sello a nivel político y arquitectónico, pues esta dinastía era gran amante de la música y convirtió a Viena en el epicentro mundial de este arte. Los grandes compositores de música clásica nacieron, vivieron o trabajaron en algún momento en esta ciudad: de Mozart a Beethoven pasando por Strauss o Mahler. No es de extrañar por tanto que en el imaginario colectivo Viena haya quedado ligada indiscutiblemente a la música y hoy en día sigue acogiendo numerosísimos conciertos y festivales, no solo de estilo clásico sino de muchos otros como el jazz, el rock e incluso la electrónica.

El Palacio Hofburg es uno de los complejos palaciegos más grandes del mundo. Su construcción se extendió desde el siglo XIII hasta el XX y fue el núcleo de poder de la dinastía Habsburgo durante su etapa álgida. Debido a su enorme tamaño, simplemente recorrerlo, pasando de edificio en edificio y de plaza en plaza, admirando sus fachadas, supone ya un agradabilísimo paseo. Si quieres conocer sus distintos espacios, hay para todos los gustos: el Museo de Sisí, la Escuela de Equitación Española, el museo de Éfeso, el museo del Papiro, los Apartamentos imperiales, la Iglesia de San Agustín… Y la Biblioteca Nacional, que fue a la que entramos, atraídos por las espectaculares fotos que habíamos visto en Internet.

El Palacio Hoffburg en Viena

La Sala Principal de la Biblioteca Nacional Austríaca es una de las más bellas que hemos visto nunca. Es la biblioteca barroca más grande de Europa, con más de 200.000 libros a la vista. Las estanterías de madera en varios niveles, rodeadas de estatuas y de dos globos terráqueos venecianos, tienen su punto culminante en el centro de la sala, con una espectacular cúpula con frescos pintados en ella. Merece la pena admirarla con calma y revisar las pantallas interactivas donde explican algunos de los símbolos y motivos gráficos de las pinturas. La entrada cuesta 8 euros, 7 si dispones de la Viena City Card.

La Oficina de Turismo comercializa la Tarjeta Turística de Viena que da acceso a transporte público gratuito y descuentos en museos, monumentos, actividades e incluso restaurantes y tiendas. Está disponible para diferentes tramos de tiempo: 24, 48 o 72 horas. Teniendo en cuenta que las entradas en general no son baratas, si planeas visitar varios lugares turísticos, puede salir muy rentable. Puedes ver todas las ventajas específicas descargándote este folleto informativo.

El edificio del Parlamento Austríaco parece sacado de la mismísima Atenas. Aunque construido en el siglo XIX está claramente inspirado en los templos griegos e incluso cuenta con una enorme estatua de Atenea frente a su entrada. Desafortunadamente, está en obras, previstas hasta 2021, con lo que no se puede acceder al interior y su fachada está cubierta de andamios. No obstante, si paseas por allí podrás hacerte una idea de su enormidad y belleza.

Parlamento de Viena

Y justo a su lado se encuentra otra bellísima construcción, también en obras cuando la visitamos: el Ayuntamiento. Del siglo XIX y estilo neogótico, su arquitecto fue el mismo que el de la Catedral de Colonia, Alemania. Su fachada está llena de estatuas y detalles, pero lo más visible es su Torre, de casi 100 metros de altura. Hay visitas guiadas gratuitas al interior del Ayuntamiento los lunes, miércoles y viernes a las 13 horas (lamentablemente nosotros fuimos un sábado). La plaza delante del acceso principal del edificio es amplísima y suele acoger eventos.

Precisamente cuando estuvimos, en febrero, había instalada una pista de hielo gigante, de 9.000 metros cuadrados con una rampa de 120 metros para pasar por varios niveles. Realmente impresionante. El llamado «Sueño de Hielo» también incluía puestos de comida local, acompañamiento musical y alquiler de patines. Damos fe de que estaba super concurrido.

En 2019 se conmemora el 150 aniversario de la inauguración de la Ópera de Viena, que es no solo un edificio espectacular, sino una institución en sí misma. ¿Quién no ha visto en televisión el tradicional Concierto de Año Nuevo retransmitido desde aquí? A falta de entradas para ver un espectáculo, el premio de consolación es realizar un tour de 40 minutos por su interior. Los fines de semana puedes unirte a las visitas guiadas en español a la 1, a las 2 o a las 3 de la tarde. Las entradas se compran 15 minutos antes, por 9 euros (sin descuento con la City Card) y merecen realmente la pena. Mira todo lo que aprendimos con esta visita a la Ópera de Viena.

Escalera principal de la Ópera de Viena

Junto a la Ópera, delante del museo Albertina, hay otro lugar icónico de Viena, aunque mucho menos imperial y elegante. Se tata del puesto callejero de perritos calientes Bitzinger. No te extrañe que haya cola para comprar unas típicas salchicha y cerveza que comer allí mismo de pie en la calle. Y no te extrañe tampoco que te sorprenda resultándote mucho más buenas de lo esperado.

Puesto de salchichas Bitzinger, entre la Ópera y el museo Albertina

La Catedral de San Esteban, cuya construcción se inició en el siglo XII pero se prolongó durante siglos, es el principal edificio religioso en Viena. Aunque su ubicación no es la mejor (en medio de calles comerciales que le quitan un poco de encanto) es un edificio grandioso, majestuoso y su tejado con azulejos de colores llama la atención. Se puede recorrer su interior con audioguía, visitar sus catacumbas en un tour guiado y subir a sus Torres Norte y Sur para contemplar las espectaculares vistas de la ciudad. Si quieres realizar todas las actividades el coste es de 14,90 euros; no aplican descuentos con la City Card. Si no quieres gastar nada, admirarla por fuera y por dentro (hasta la mitad de la nave central más o menos) es gratis.

¿Son recomendables las vistas desde las Torres de la Catedral? Sí y no. La Sur es la más alta con 136,4 metros, pudiendo subir hasta el mirador situado a 67 metros, que es el punto más alto accesible de la Catedral. Hay que pagar 5 euros y ascender a pie 343 escalones pero te ahorramos el esfuerzo: el mirador es cerrado, pequeño y con ventanas acristaladas estrechas, con lo que la panorámica es muy pobre. La Torre Norte es más baja, «solo» puedes llegar a 50 metros y la entrada cuesta 6 euros. Pero subes cómodamente en ascensor y la terraza es al aire libre, más amplia y con una visión mucho mayor. Ambas cierran a las 17.30. Nuestro consejo: subir a la torre Norte en los últimos turnos para ver atardecer sobre Viena.

Además del estilo imperial y barroco el otro protagonista arquitectónico en Viena es el modernismo. Muestras de él se encuentran en varios puntos de la ciudad y, dado que verlos era gratis y que nos pillaban de camino en nuestros paseos por la ciudad, pudimos ver algunos: el reloj Ankeruhr, situado en la plaza Hoher Markt, el edificio Urania junto al río (que es un centro comercial) y el edificio Secesión, con el llamativo y dorado «Friso de Beethoven» creado por Klimt.

El reloj Aker en la plaza Hoher Market, Viena

Lo mismo nos sucedió con el Stadtpark (el Parque de la Ciudad), muy cercano a la Ópera y por tanto, fácil de acercarse en un corto paseo. El motivo por el que los turistas suelen visitarlo es hacer una foto a la estatua dorada en homenaje al compositor Johan Strauss.

Estatua de Johann Strauss en el parque Stadtpark de Viena

En el camino desde la Ópera hasta el Stadtpark una parada imprescindible es el Café Sacher, donde probar la archiconocida tarta de chocolate del mismo nombre. Tuvimos que esperar una cola de 30 a 40 minutos y el trozo de tarta nos costó 7 euros, pero prometemos que es la mejor Sacher que hemos comido nunca. Acompañarla de un café es una gran idea: en Viena la cultura cafetera es muy importante y las opciones son muchas y muy originales.

Disfrutando de la archiconocida tarta Sacher en el café del mismo nombre en Viena

Nuestro segundo y último día en Viena lo empezamos temprano, en el Palacio Belvedere:conviene entrar temprano y evitar los tours y grupos numerosos que llegan algo más tarde. Es un conjunto arquitectónico de varias construcciones de estilo barroco repartidas en unos amplios y bellos jardines (que seguro que se disfrutan mucho más en primavera con flores y mejor temperatura). Actualmente sus edificios se han reconvertido en Museos. El Alto Belvedere es el principal y guarda una importante colección de escultura y pintura austríacas, desde la Edad Media hasta nuestros días, que puedes recorrer a la vez que visitas las estancias interiores del edificio, realmente bellas y ya de por sí solas dignas de una visita. El Bajo Belvedere y la Orangery (antiguo invernadero) albergan las exposiciones temporales.

La joya de la corona del museo del Alto Belvedere son las 24 obras del pintor austríaco más importante de todos los tiempos: Gustav Klimt. Aquí puedes ver, entre otros, su cuadro más archiconocido, El beso. Las salas donde se exponen las obras de Klimt son las más preciadas pero no dejes de ver el resto de la colección. Muchas otras obras de artistas coetáneos, que formaron el movimiento artístico de «Secesión» vienesa, son igual de impactantes. La entrada cuesta 15 euros, 13.50 con la Tarjeta Turística.

El mundialmente conocido cuadro de El Beso de Gustav Klimt, en el Museo Belvedere de Viena

Nuestra última visita, más alejada del centro, fue la casa Hundertwasser, obra del arquitecto del mismo nombre. Construida entre 1983 y 1985 como un proyecto artístico y social, se ha convertido, por obra y gracia de Instagram, en uno de los imperdibles de Viena. Los habitantes de este edificio tienen derecho a decorar como les plazca la parte de la colorida fachada que rodea a sus ventanas. Como resultado, más de 200 árboles y arbustos adornan la casa y muchos más turistas hacen fotos y stories cada día frente a ella. Cuando fuimos, en invierno, la fachada estaba bastante descolorida y sucia; nos dijeron a posteriori que la mejoran al llegar el bueno tiempo. Tal vez fuese por eso y por la falta de hojas y flores en las plantas decorativas, pero nos desencantó un poco. Como consuelo, verlo es cien por cien gratuito.

Edificio Hundertwasser en Viena

No puedes irte de Viena sin entrar en alguna de sus cervecerías. La cultura cervecera austríaca se deja sentir en su capital (no en vano acoge varios festivales anuales en torno a esta bebida). Salm Brau lleva produciendo su propia cerveza desde 1924 a la vera de los jardines del Belvedere: es un restaurante enorme, con decoración tradicional que incluye artilugios de la antigua fábrica y gastronomía típica austríaca. ¡No perderse el codillo! Pero ojo, que en Viena también hay una larga historia de producción enológica y abundan las «tabernas» en las que probar los vinos locales. Zwölf-Apostelkeller o la Bodega de los Doce Apóstoles existe desde el siglo XIV y cuenta con sus propios caldos. Su arquitectura es muy curiosa, con bodegas en varios niveles, suele haber música en directo, hay mesas de sobra como para no tener que reservar y la carta se compone de platos típicos nacionales, como el schnitzel (el escalope vienés). Además, tienes descuento en la cuenta con la Tarjeta Turística.

Cerveza de fabricación propia en la cervecería Salm Brau, Viena
Cerveza de fabricación propia en la cervecería Salm Brau, Viena

Y después de contarte todo lo que vimos, hacemos repaso de todo lo que nos perdimos. Nuestro fin de semana en Viena se nos quedó corto, nos faltó un día más para haber podido recorrer:

  • El Palacio de Schönbrunn es una construcción barroca grandiosa de varios edificios y jardines. Su situación algo alejada del centro de Viena (era la residencia de verano de los Habsburgo) y nuestro tiempo tan limitado en la ciudad nos impidió visitarlo.
  • La noria gigante del parque de atracciones Práter con sus 65 metros de altura es un símbolo de la ciudad y un grandioso mirador desde el que admirar toda Viena.
  • Los museos de Ciencias Naturales e Historia del Arte, en el Barrio de los Museos junto al Palacio Hoffburg, solo pudimos verlos desde fuera y ya sus fachadas prometían. Y nos dio muchísima pena perdernos el Albertina, detrás de la Ópera: tiene una de las colecciones más amplias del mundo de dibujos y grabados y últimamente expone también algunas obras cumbre del impresionismo francés, como Monet, Degas y Renoir.
  • La iglesia Votiva, famosa por su belleza y cuyas torres son visibles desde muchos puntos del centro de la ciudad; la de San Carlos, con su amplia cúpula a la que se puede subir; la de San Leopoldo, considerada una de las principales construcciones modernistas…
La plaza Maria Theresien une el Barrio de los Museos con la Ringstraße
La plaza Maria Theresien une el Barrio de los Museos con la Ringstraße

Sin duda tendremos que volver a Viena para conocer todos los lugares que se nos quedaron pendientes y volver a disfrutar de los que nos gustaron.

Nos alojamos en el Hotel Austria Trend Hotel beim Theresianum, muy cerca de la Estación Central, que tiene conexión directa en tren con el aeropuerto. El Palacio Belvedere está a unos 10 minutos andando mientras que el centro de Viena está a un paseo de unos 20. Las habitaciones son modernas, amplias y casi a estrenar; pagamos 75 euros la noche por habitación doble.

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Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

2 Comment on “Un fin de semana en Viena

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