Una pequeña Italia dentro de Italia. Así resumiríamos, muy a grandes rasgos, a la isla italiana de Sicilia. Porque Sicilia tiene un poco de todo: historia y cultura, con importantes construcciones en pie desde hace siglos, naturaleza imponente, con playas paradisíacas e incluso un volcán activo, y una rica gastronomía, famosa a nivel mundial.
Una semana es insuficiente a todas luces para explorar Sicilia al completo, sobre todo si tenemos en cuenta que tiene una extensa superficie, 25.000 kilómetros cuadrados que la convierten en la isla más grande del Mediterráneo. Dado que solo disponíamos de 7 días e íbamos con bebé, lo cual implica viajar más lento, centramos nuestro itinerario en la costa oriental de Sicilia.
Eso significa que renunciamos a varios de esos lugares que estarían en cualquier lista de “imperdibles de Sicilia” como la capital Palermo, el precioso pueblo de Cefalú o el mítico Valle de los Templos en Agrigento. Tenemos claro que nos tocará regresar algún día a Sicilia a conocerlos.
Viajar seguro siempre es una prioridad para nosotros, más ahora que lo hacemos con perro y con bebé. Por eso te recomendamos siempre contratar tu seguro de viajes con Intermundial a través de nuestro blog. ¡Consigue un 10% de descuento respecto a las tarifas oficiales!

A pesar de que lo más recomendable para conocer más y conducir menos es alojarse en distintos lugares durante el viaje, nosotros nos quedamos los 7 días en Taormina (sus imprescindibles te los contamos en este post). Lo hicimos así para comodidad de nuestra hija, aún a costa de reducir nuestro radio de exploración de la isla.
Aunque Taormina es una ciudad bellísima que pudimos de este modo recorrer a conciencia, quizá habría sido más interesante alojarnos en Catania. Porque tiene mejores conexiones de transporte y está más centrada geográficamente en la costa oriental, lo que hace más fácil desplazarse hacia el norte y el sur. Y porque es una ciudad más grande, con más opciones de restaurantes, tiendas y transporte público.
Desde que viajamos con bebé para estancias largas siempre optamos por apartamentos, para tener más espacio y para disponer de cocina donde prepararle desayunos y cenas. En este caso se sumaban como requisitos imprescindibles tener piscina y parking privado, porque aparcar en Taormina no es sencillo precisamente.
Taormina Siver House cumple todas estas necesidades y además está fantasticamente ubicado, a dos pasos de la entrada al centro histórico por la Puerta Catania. Es un piso amplio y moderno, con un dormitorio enorme, una sala de estar, con otra cama extra y con cocina integrada, bien equipada, y baño con lavadora. Además te dejan cuna y trona gratis.

Nosotros alquilamos coche y así nos movimos para llegar a todos los destinos del itinerario, lo cual fue bastante cómodo. Como siempre solemos hacer, el coche de alquiler lo reservamos online antes del viaje, a través de Discover Cars. Lo recogimos y devolvimos en el aeropuerto de Catania. En nuestro caso, reservar previamente es importante porque necesitamos también alquilar la silla para niño en el coche.
A pesar de que, sin duda, es mucho más cómodo moverte en tu coche y te permite recorrer más, tiene inconvenientes: en Sicilia conducen regular, se forman bastantes atascos en hora punta y el aparcamiento es complicado en los principales focos turísticos. Nuestra estancia en Sicilia fue durante octubre, con lo que no había muchísimos viajeros. Pero en temporada alta es un factor a tener muy en cuenta: debes llegar temprano por la mañana a cada destino para aparcar y se complica lo de visitar varios sitios en la misma jornada.
Si prefieres no alquilar coche, también hay conexiones en tren y en autobús a los principales lugares turísticos. Aunque en tal caso te recomendamos con mayor motivo alojarte en Catania y esperamos que no tengas un viaje ajustado de tiempo. Porque moverse en transporte público tiene sus desventajas: frecuencia menor de horarios, trayectos más largos, pueblos pequeños excluidos, etc. Para información completa sobre los autobuses te recomendamos esta web.
Nuestro primer día completo lo dedicamos a Taormina, uno de los pueblos más hermosos de Sicilia y base de nuestra estancia en la isla. Todo el recorrido lo hicimos a pie. Lo empezamos desayunando un típico y riquísimo canolo en el bar Luraleo. Entramos al centro histórico atravesando la Puerta Catania e iniciamos nuestro paseo por Corso Umberto, la calle principal que lleva a los puntos más destacados. Siguiéndola pasamos por la Plaza del Duomo, con la Catedral del siglo XIII, por la Piazza IX Aprile, con una panorámica impresionante, y la de Santa Caterina.
Justo antes de llegar a la Puerta Messina, giramos a la derecha para llegar a la principal atracción turística, el Teatro Antiguo de Taormina. Merece la pena pagar los 12 euros de la entrada para visitarlo y disfrutar de las espectaculares vistas del mar y el icónico volcán Etna. Tras salir por la Puerta Messina, seguimos por la vía Luigi Pirandello: allí está el funicular para bajar a Isola Bella (no lo tomamos este día, sí otro) y, un poco más adelante, un mirador sobre la misma Isola Bella cuya vista merece realmente la pena.

Nos acercamos después a los jardines de Villa Comunale, un parque municipal gratuito, bastante grande, con construcciones antiguas y con una amplia área de juego infantil. De allí volvimos al centro histórico para comer en la terraza del restaurante Gambero Rosso, recomendable por su relación calidad / precio, partiendo de la base de que Taormina es una ciudad muy cara en general. Aconsejamos especialmente la parmigliana.
Seguimos conociendo el centro, esta vez calles distintas a las de nuestro recorrido inicial del día. Aunque un itinerario apto para silla de bebé , como era nuestro caso, dejaba fuera muchos callejones y rincones que parecían encantadores desde lejos. Pasamos por delante del Hotel San Domenico Palace, famoso para todos los fans de la serie The White Lotus. Tomamos algo en la Plaza del Duomo y vimos atardecer sobre el Etna desde la Piazza IX Aprile. Por último, cenamos en Trattoria Don Ciccio, aunque nos gustó menos que el restaurante de la comida.
El Etna es una parada imprescindible si visitas la zona este, en particular, o Sicilia, en general. Omnipresente en las panorámicas desde casi cualquier punto de la costa oriental, es el mayor volcán activo en Europa y Patrominio de la Humanidad de la UNESCO. Desde Taormina, es fácil llegar en un trayecto de alrededor de una hora hasta el Rifugio Sapienza, en la vertiente sur del Etna, a casi 2.000 metros de altura. Aquí hay varias áreas de aparcamiento, muchísimos restaurantes, tiendas y oficinas para la contratación de actividades. Por allí es factible llevar a un bebé en carrito. Para el resto de actividades que mencionaremos, mejor portea. Comimos en uno de los bares allí, elegido totalmente al azar, pero resultó bastante ajustado de calidad y precio: Bar Ristorante Crateri Silvestri
En la zona en torno al Refugio Sapienza, además de disfrutar del paisaje volcánico, hicimos las dos caminatas típicas y sencillísimas en torno a los dos Cráteres Silvestri, perfectamente visibles y accesibles desde la carretera. Para una experiencia más aventurera en el Etna, hay que tomar el teleférico allí mismo, por el nada módico precio de 50 euros por adulto ida y vuelta (niños menores de 5 años, gratis; mascotas, admitas). Así se salva fácilmente la distancia hasta los 2.500 metros de altura, desde donde se puede divisar incluso la costa y el mar. Para quien se atreva a subir más alto, hay que seguir a pie o bien contratar el tour completo por 78 euros: al teleférico le sigue un viaje en buses especiales 4×4 hasta los 3.000 metros. Desde allí ya solo queda continuar a pie hasta la cumbre, siempre acompañado obligatoriamente por un guía vulcanólogo especializado, no se puede ir por libre.

Nosotros llegamos hasta los 2.500 metros con el teleférico y dimos un breve paseo por allí. En nuestra opinión, si no vas a hacer la experiencia completa de llegar hasta la cumbre, no tiene mucho sentido la subida con el teleférico, dado el alto coste.
El final del día lo pasamos en el bonito pueblo de Acireale. Tomando el céntrico Corso Umberto I pasas por los principales puntos de interés: la barroca Iglesia de San Sebastiano, la amplísima Plaza del Duomo con la Catedral, la Iglesia de San Pietro y San Paolo y la Biblioteca, y el jardín municipal gratuito con vistas de la villa Belvedere (con varias áreas infantiles).
La jornada previa del Etna exigía un poco de descanso y por eso decididimos pasar un día de relax sin salir de Taormina y sin conducir. Concretamente lo pasamos en la famosísima Playa de Isola Bella. Para llegar a ella desde Taormina, que está situada en lo alto respecto al litoral, se puede bajar a pie, en autobús local o con un teleférico que sale de la vía Luigi Pindarello y cuyo fin básico es salvar esta distancia entre ciudad y playa (10 euros ida y vuelta).

La belleza de Isola Bella es indudable pero no es nada cómoda viajando con niños: por ser de piedra, por estar llena incluso en octubre , por la ausencia de sombra natural y por la cercanía de las vías del tren. Es imprescindible llevar escarpines y es aconsejable alquilar una tumbona con sombrilla (dede 20 euros por persona la más barata). La isla de Isola Bella es accesible a pie cuando baja la marea aunque solo se puede entrar a ella previo pago, dado que alberga un palacio con jardines. Lo mejor de Isola Bella son sus aguas cristalinas, ideales para nadar y hacer snorkel. Comimos en el mismo chiringuito de la playa en el que alquilamos las tumbonas, Mendolia Beach Club.
Terminamos el día en Taormina viendo atardecer desde el mirador junto a la Iglesia Madonna della Roca que, como su propio nombre indica, alberga una capillita excavada en piedra donde se expone una imagen de la Virgen. Puedes llegar en coche hasta un área junto a la iglesia o bien subir a pie desde el centro historico, durante unos 20 minutos, por una empinada escalera. Sea como sea, las vistas sobre Taormina, la costa y el Etna merecen la pena.

Cenamos en la Trattoria da Ugo: no la recomendaríamos, en comparación con otros restaurantes de Taormina.
El cuarto día nos desplazamos en coche a Catania, la ciudad más grande y conocida de la costa oriental siciliana, la más próxima al aeropuerto, y rica en patrimonio histórico y cultural. Por todos estos motivos también suele estar muy concurrida y el tráfico en torno a ella es un poco caótico. Es mejor no planificar un horario ajustado de visitas en una jornada en Catania. Ahora bien, si te gusta la arquitectura barroca, te vas a volver loco en esta ciudad. Es tal la cantidad de iglesias, palacios y edificios históricos que encuentras en un corto paseo que nombrarlos nos llevaría un artículo entero.
Aparcamos en las inmediaciones de Villa Bellini, un parque público gigantesco con jardines bonitos y varias áreas infantiles (empezar cansando a Alaia es nuestra mejor opción cuando visitamos una ciudad nueva). Tomamos la Vía Etnea, una calle comercial amplia que pasa por el Anfiteatro romano, perfectamente visible desde el exterior, y por la impresionante Iglesia de San Miguel Arcángel, hasta llegar al la Plaza del Duomo. Allí están la icónica Fuente del Elefante, símbolo de la ciudad, la Catedral de Santa Ágata, de acceso gratis y en cuyo interior está la tumba del compositor Bellini, y la Iglesia de la Badía de Santa Ágata, también de entrada gratuita salvo si quieres disfrutar de las vistas desde su cúpula.

Al lado de la Plaza del Duomo está el Mercado de pescado de Catania. Lo recorrimos, vimos los puestos de pescado y marisco fresco, observamos la actividad de compradores y vendedores y caminamos por las calles aledañas repletas de restaurantes, bares, puestos de comida callejera y paraguas de colores a modo de decoración. Comimos allí, evidentemente a base de pescado, en Scirocco Sicilian Fish Lab, cien por cien recomendable. Entramos al antiguo Teatro Romano de Catania, del siglo II (6 euros la entrada, no accesible con carrito). Si lo hubiésemos visto antes del de Taormina probablemente nos habría gustado más. Por último vimos desde fuera las iglesias barrocas del siglo XVII de la Vía Crociferi, dando un paseo muy agradable. Nos quedó pendiente el Castillo Ursino que alberga un museo.
De regreso hacia Taormina paramos en Castelmola, un pequeño pueblo con increíbles vistas panorámicas sobre la costa y el Etna. Se recorre muy fácilmente, aunque con bien de cuestas. Allí la visita estrella es el Bar Turrisi, famoso por su decoración con objetos en forma de pene. También cuenta con estupendas vistas, a la Catedral de Castelmola, en primer término, y a la costa siciliana de fondo. La bebida estrella en Barr Turrisi es el vino local de almendras.
Nada más aterrizar en Sicilia, hablando con un siciliano sobre nuestro itinerario, nos auguró que Noto sería lo que más nos gustaría de la isla. Y vaya que sí acertó. Noto es la principal representante del barroco siciliano del Val di Noto, un área geográfica que comprende el extremo sur de la isla y que tiene en su haber 8 ciudades inscritas como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO precisamente por su arquitectura. Y todo hay que devérselo a una catástrofe. En 1693 la zona quedó destruida completamente por un grave terremoto y sus urbes se reconstruyeron en este estilo barroco tan característico.
El itinerario más sencillo en Noto es acceder por la Puerta Real al corso Vittorio Emanuele, calle principal que atraviesa el centro histórico y donde se encuentran los principales monumentos. Los palacios e iglesias son a cual más espectacular, pero los puntos ineludibles son la Plaza de la Inmaculada con la Iglesia de San Francisco de Asís (entrada gratis) y la Plaza del Duomo con el Palacio Ducezio, hoy Ayuntamiento, y con la Catedral y su monumental escalinata (entrada de pago, solo en metálico). No obstante, lo mejor es perderse por las calles de Noto admirando sus construcciones de piedra dorada, la famosa pietra di Noto.

Nos dirigimos a continuación a Siracusa, con fama de ciudad muy bella también, aunque en comparación con Noto nos desmereció bastante. Nos centramos en la isla de Ortigia, un pequeño islote conectado por dos puentes al resto de Siracusa y donde se encuentra el área más antigua y, por tanto, los principales monumentos. Es el caso de la Fuente de Diana o los restos del Templo de Apolo, el más antiguo de Sicilia que data del siglo IV A.C.
Pero lo más impresionante de Siracusa es la Plaza del Duomo con la Catedral , la Iglesia de Santa Lucía, el palacio arzobispal, el Ayuntamiento y otros palacios. La Catedral está construida sobre el templo griego de Atenea del siglo V A.C . Su interior no iguala en belleza a su exterior pero la entrada cuesta solo 2 euros. Fuera de Ortigia nos faltó por visitar el Parque Arqueológico de Neápolis con un teatro griego, iglesias y otros restos de construcciones romanas.

El último día completo en Sicilia nos lo tomamos con mucha calma y sin prisa nos acercamos a Savoca, un pequeño pueblo a pocos kilómetros de Taormina, mundialmente conocido por haber sido elegido para recrear el pueblo natal de Vito Corleone en El Padrino. En la plaza principal donde está el Bar Vitelli, una de las principales localizaciones de la película, hay una estatua en homenaje a este hecho y varios carteles a lo largo del pueblo lo recuerdan. Tomando la via San Michele, con bonitas vistas durante su recorrido, llegas a la Iglesia de San Nicoló, otro de los escenarios de El Padrino. Incluso si no eres fan del filme, es un pueblo bastante bonito para verlo y pasearlo.

Por la tarde volvimos a Taormina para disfrutar de las últimas horas allí y de la cena en el que fue para nosotros el mejor restaurante que conocimos en la ciudad, Trattoria Tiramisu. No es barato pero todo estaba buenísimo y fueron sumamente amables. Siempre hay cola así que reserva con antelación.
El día 7 antes de coger el avión para dejar Sicilia rumbo a Malta solo nos dio tiempo a desayunar en el Bam Bar. Es otro de esos locales enTaormina que siempre tiene cola. En este caso porque vende supuestamente la mejor granita siciliana, una especie de sorbete ligero de distintos sabores. Desde luego fue la mejor que probamos en el viaje.
Aunque disfrutamos mucho de nuestro itinerario, nos quedamos con ganas de conocer algunos lugares que teníamos en nuestra lista:
La gastronomía siciliana es una mezcla de influencias mediterráneas, árabes y europeas: una deliciosa mezcla que merece la pena disfrutar. Los alimentos fundamentales son la pasta, por supuesto; el pescado y el marisco, como no podía ser de otro modo siendo una isla; el famosísimo pistacho de Bronte; la almendra local; las curiosas naranjas rojas; los particulares vinos sicilianos; el omnipresente queso ricotta, muy suave y utilizado en mil recetas dulces y saladas; o la icónica salsa de tomate casera.
Sicilia es además un destino ideal para probar la más informal street food, con los arancini a la cabeza: bolas de arroz empanadas y fritas con distintos rellenos (ragú, verduras, queso, etc.). En Catania el concepto de comida callejera se extiende a los productos del mar y puedes comerte una fritura de pescado mientras paseas por sus calles.
Y si lo tuyo es el dulce, has llegado al lugar adecuado. La opción más obvia y deliciosa son los canolli, unos tubos de masa crujiente rellenos de queso ricotta y otros ingredientes (pistacho, chocolate). Pero también puedes probar la cassata (tarta de mazapán y ricotta) , la pasta di mandorla (almendra) o la ya mencionada granita (sorbete de frutas).
En este artículo te hablamos con todo lujo de destalles de los principales platos de la gastronomía siciliana y los restaurantes donde los degustamos durante nuestro viaje por la isla italiana.

Sin duda que las comidas y cenas en las trattorias serán paradas tan imprescindibles en tu viaje por Sicilia como los monumentos, museos o playas. Buon appetito!
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