El tiempo que tardamos en visitar un lugar que tenemos ganas de conocer es inversamente proporcional a la distancia que nos separa de él. Ésta parecer ser la ley física que domina nuestros viajes y escapadas, provocando que hayamos tardado años en visitar sitios como las Hoces del Duratón, el desierto de las Bardenas o la sierra de Gredos. Y vamos hoy con otro ejemplo: las barrancas de Burujón.

Este Monumento Natural está situado a tan solo 30 kilómetros de la ciudad de Toledo que, para más inri, es la ciudad natal de Diego y a la que vamos muy frecuentemente. Más concretamente se encuentra en los municipios de Albarreal de Tajo, Burujón y La Puebla de Montalbán.

Las barrancas de Burujon, en los meandros del río Tajo, Toledo

Formado por la erosión del viento y las aguas del Tajo, este paisaje de cortados arcillosos rojizos no deja indiferente e incluso se le asemeja con el cañón del Colorado (comparación excesiva, en nuestra opinión). La extensión total de las cárcavas, o barrancas, es de aproximadamente un kilómetro de longitud, en torno a dos grandes meandros del río Tajo, y supera los 100 metros de altura en algunos puntos.

Para poder disfrutar de su vista hay que recorrer a pie una ruta circular de 4 kilómetros, de acceso gratuito, con numerosos miradores sobre el río en los que observar los cortados desde diferentes perspectivas. Verás muchos carteles advirtiendo sobre no acercarse a los bordes ni apoyarse en las barandillas de madera, debido al peligro de movimiento de tierras. De hecho, hay polémicas con grupos ecologistas a este respecto, así que ten precaución en tu visita.

Sendero con miradores para recorrer las barrancas de Burujón en Toledo

El paseo es sencillo, perfectamente asequible, pero no hay sombra ni fuentes en ningún punto del camino, con lo que conviene ir equipado con agua, además de gorra y protector solar si es un día soleado.

Se accede a esta ruta peatonal por una pista de tierra, señalizada, que parte en el kilómetro 26 de la carretera CM-4000 que une Toledo y Talavera de la Reina. Si vas en coche desde Toledo, la entrada a la pista queda a la izquierda, sólo unos metros antes del cruce del pueblo de Burujón. Hay que avanzar unos metros hasta llegar a un aparcamiento, con grandes carteles indicativos, desde el que parte la senda peatonal de las barrancas. También junto al parking hay un bar en el que detenerse antes o después de la caminata: si decides comer allí, no te pierdas sus croquetas (las venden como su especialidad y no decepcionan).

La erosión del río Tajo en estos meandros ha formado las barrancas de Burujón

Además del bello paisaje de las cárcavas, destaca la gran cantidad de aves que pueden verse aquí: cigüeñas, patos, garzas e incluso especies menos frecuentes como el halcón peregrino, el águila imperial ibérica o el búho real. Por ello es Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA).

Otra vista diferente de las barrancas la tienes desde el lado contrario al que están situadas, en la orilla sur del embalse de Castrejón. Si sigues en coche la carretera CM-4050 que rodea el embalse, dirección Polán, encontrarás un mirador, a escasos metros de la presa.

Las barrancas de Burujón vistas desde el otro lado del embalse de Castrejón, Toledo

Aunque fuimos a la barrancas en agosto y por la mañana, no es de ni de lejos la época más recomendada para ello: es cierto que apenas había gente y las recorrimos casi en solitario, pero hacía demasiado calor y el paisaje estaba muy seco. En primavera, con temperaturas más suaves, e incluso con una verde capa de vegetación sobre los cortados, es más aconsejable. También, si te es posible, haz coincidir tu visita con el atardecer.

Mirador sobre el río Tajo y las barrancas de Burujón
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Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

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