Una imagen vale más que mil palabras. Y en el mundillo de los viajes, más. ¿A quién no le han entrado unas ganas irrefrenables de visitar un lugar a raíz de ver una seductora fotografía? Nosotros nos confesamos culpables: somos muy de culo veo, culo quiero. Y tantas estampas hemos visto de los campos de lavanda en flor de la Provenza francesa en verano que ir allí era una pequeña obsesión.

Ya habíamos tenido una primera toma de contacto con esos campos morados en Brihuega, Guadalajara. Y ahí descubrimos que si la imagen invita, el olor conquista. Lástima que en el blog no tengamos forma de transmitirlo. Esto no hizo sino reafirmarnos en nuestro deseo de viajar algún día a la Provenza ¡y por fin pudo ser!

Atardecer en los campos de lavanda de Valensole, Provenza de Francia
Atardecer en los campos de lavanda de Valensole, Provenza

La magia se hizo realidad gracias al tren de alta velocidad que une España y Francia, Renfe SNCF. Desde Madrid hasta Marsella, pasando por Barcelona, Girona, Nimes, Lyon y muchas otras ciudades que merece la pena descubrir. En nuestro caso, fueron 7 horas y media de trayecto desde la madrileña estación de Atocha hasta Aix-en-Provence, antigua capital de la Provenza francesa.

La escapada era corta, apenas 4 días, pero decidimos aprovecharla al máximo. Tomamos como base la bellísima ciudad de Aix-en-Provence y alquilamos un coche para recorrer con libertad los campos de toda la región, ubicados fundamentalmente en carreteras secundarias no accesibles fácilmente en transporte público. Otra alternativa es contratar excursiones guiadas desde la Oficina de Turismo de Aix-en-Provence: las hay de día completo o de media jornada, en diversos horarios, francés o inglés, y yendo a distintas zonas.

Mercado en Cours de Mirabeu, Aix-en-Provence
Mercado en Cours de Mirabeu, Aix-en-Provence

Y es que la Provenza es muy extensa, más de lo que imaginábamos, con diferentes subáreas y hasta distintas fechas de floración de la lavanda que van de mediados de junio a mediados de agosto. Nosotros estuvimos del 6 al 10 de julio y todos los campos que visitamos, fundamentalmente en torno a Valensole, estaban en su esplendor.

Si dudas sobre los lugares adecuados a visitar para ver esos campos morados tal y como esperas, puedes informarte en esta completísima web con varias propuestas de rutas según el calendario. Los itinerarios y descripciones son muy precisos y te serán de gran ayuda. Nuestro recorrido se centró fundamentalmente en la carretera D6 de Manosque a Valensole y en la D8 de éste a Brunet.

Aix nos gustó mucho más de lo esperado: la que pensábamos que sería simplemente la base desde la que movernos hacia otros puntos más interesantes se convirtió en uno de los grandes aciertos del viaje. Su centro histórico, si bien no es el más bello que hemos visto, tiene mucho encanto. Y en cuanto a museos y exposiciones de arte está al nivel de cualquier capital: que Cezanne naciese allí no es solo un dato histórico. En este post más detallado puedes leer todo lo que se puede ver y hacer en Aix.

Plaza del Ayuntamiento de Aix en Provence, Francia
Plaza del Ayuntamiento de Aix en Provence

Pero no solo de lavanda se alimentan nuestras ansias viajeras, así que decidimos aprovechar el road trip y conocer otros lugares icónicos de la Provenza, que, creednos, son muchos. Como el tiempo era limitado, nuestras elecciones se orientaron hacia conocer algunos de «Los pueblos más bonitos de Francia» y sus interesantes alrededores.

A 50 kilómetros de Aix, nada más llegar a Roussillon encuentras un cartel en que se indica, con orgullo, que estás entrando en el tercer pueblo más bonito de Francia, según elección de los propios franceses. Encaramado en lo alto de un desfiladero y rodeado de bosques, rápidamente llama la atención que todas sus casas son de tonos rojizos, anaranjados y amarillos. No tuvieron que ir lejos para buscar estos tonos: la piedra arenosa sobre la que está construido el pueblo es el origen de estos pigmentos que durante siglos fueron objeto de comercio e intercambio.

Abandonada ya como industria, hoy se puede recorrer la zona mediante dos rutas de 3 y 1 kilómetro respectivamente, ambas sencillísimas. El Sendero de los Ocres discurre por las antiguas áreas de extracción de ocre, ahora repobladas por árboles (la naturaleza siempre recupera su espacio). Es una visita maravillosa que te contamos más detalladamente en este post y estos paisajes están a la altura de los campos de lavanda en flor, sin duda ninguna.

El Sendero de los Ocres, en Roussillon, Francia
Entrando al Sendero de los Ocres en Roussillon

Muy cerca de Roussillon, en la misma región del Luberón, se encuentra otro de esos pueblos franceses de postal del que probablemente hayas visto alguna foto: Gordes. Está literalmente encaramado en una roca y todos sus edificios han sido construidos en piedra blanca (somos muy fans de este tipo de uniformidades urbanísticas). Hay que pasear por sus calles empedradas, admirar su castillo medieval y divisarlo desde el mirador al que se puede llegar caminando desde el mismo pueblo. También, ya con coche, puedes ir hasta la cercana Abadía de Sénanque: su arquitectura cisterciense rodeada por morados campos de lavanda conforma otra de esas imágenes con que puedes haberte topado en Internet:

Nuestra última parada, en dirección casi opuesta a las anteriores, en los Alpeas de Alta Provenza, fue Moustiers-Sainte-Marie. Llegamos un poco de casualidad pues nuestro verdadero objetivo era atravesar las famosas Gargantas de Verdon, el cañón más profundo de Europa forjado por el río Verdon hasta llegar al lago Sainte-Croix. Moustiers-Sainte-Marie es la puerta de entrada a este paraje natural y decidimos aprovechar su cercanía. ¡Qué acierto! El pueblo más bonito de los que vimos, para nuestro gusto.

Colgado en una montaña, formado por edificios históricos bien conservados y con calles empedradas (las señas de identidad de todos estos pueblos bellos, por lo visto), Moustiers-Sainte-Marie los supera por 3 motivos de peso. Primero, ¡hay una cascada en medio de sus calles! El río Adou atraviesa el pueblo y en un determinado punto protagoniza un salto de agua que queda enmarcado por un puente y los edificios de ambas orillas. Segundo, en el punto más alto y visible del municipio se encuentra la capilla de Nuestra Señora de Beauvoir, solo accesible a pie por un camino de 262 peldaños con unas vistas preciosas sobre Moustiers-Sainte-Marie. Y tercero, como guinda del pastel, una estrella dorada, suspendida por una cuerda entre dos rocas, luce sobre el pueblo: la leyenda cuenta que un caballero de Moustiers la colocó allí en agradecimiento tras regresar vivo de las Cruzadas. ¿Mola o no mola este pueblo?

Si necesitas más razones para visitar la Provenza, aquí van unas cuantas que nosotros no tuvimos tiempo de incluir en nuestro itinerario: los campos de lavanda de Sault, la ciudad portuaria de Marsella, la icónica Costa Azul, el Parque Nacional costero de Calanques, las ciudades históricas de Nimes, Arlés o Avignon, el salvaje Parque Natural de la Camarga, los viñedos de la región, la ciudad de Grasse famosa por su producción de perfume, más pueblos bonitos como Les Baux-de-Provence … ¿Quién da mas? Definitivamente tenemos que volver.

Como siempre, os dejamos un mapa con nuestro recorrido por la Provenza. ¿Y tú? ¿Has estado? ¿Alguna recomendación?

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Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

2 Comment on “Road trip por la Provenza francesa

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