He estado en París 8 veces. La primera vez que la visité, hace casi 20 años, era una niña que soñaba con ver con sus propios ojos esa ciudad romántica de la que había visto cien películas y mil pósters (de ahí precisamente este post sobre localizaciones de cine en París). Y la última fui con mi hija de año y medio. Creo que con estos titulares queda claro que para mí es la ciudad más bonita del mundo. Así que este post es una declaración de amor a París, eso sí, con argumentos.

Viajar seguro siempre es una prioridad para nosotros, más ahora que lo hacemos con perro y con bebé. Por eso te recomendamos siempre contratar tu seguro de viajes con Intermundial a través de nuestro blog. ¡Consigue un 10% de descuento respecto a las tarifas oficiales!

Si siempre decimos que la mejor forma de conocer una ciudad es caminándola, en París es una obligación. Sobre todo porque andar por ella es muy agradable, en parte gracias a la reforma urbanística promovida por Luis Napoleón Bonaparte, sobrino de Napoleón, en el siglo XIX. Porque el París medieval era un entramado de callejuelas sin ventilación y con graves problemas de higiene, lejos de la imagen actual. Hasta que Napoleón III encargó al arquitecto Haussman la remodelación de la ciudad. Una remodelación que se basó en el orden y la uniformidad: grandes calles rectas, perfectas cuadrículas de casas, edificios todos de la misma altura con los mismos colores y elementos ornamentales…

Su objetivo no era solo “limpiar” París: esta reforma obedecía también al requisito de evitar las sublevaciones populares. El nuevo trazado urbano evitaba la formación de barricadas y permitía el rápido despliegue de cañones y tropas para someter cualquier amago de revolución. Y a día de hoy ha dado como resultado que, pese a albergar a millones de habitantes y turistas, rara vez te crea sensación de agobio cuando recorres París.

Excepto en el que es mi barrio favorito, Montmartre, el barrio bohemio por excelencia, hogar del mítico Moulin Rouge y donde vivieron artistas como Gaugin, Matisse o Modigliani. Aún hoy en día conserva parte de ese espíritu, visible especialmente en lugares como la Plaza du Terte (si bien los pintores que ves por la calle son más bien caricaturistas que asaltan a los turistas). Es desde luego un oasis en medio de París: como si salieses de la gran ciudad y te encontrases en medio de un pueblo de calles empedradas y casas bajas. Por lo mismo, es más fácil sentir la masificación del París turístico y menos sencillo de recorrer.

Tampoco se libra de esos sitios que Instagram ha popularizado y donde encuentras colas para hacer la foto de rigor como el Mural de los Te amo, donde encuentras escrita 311 veces esta frase en 250 idiomas.  Las cuestas dominan este barrio. Afortunadamente siempre puedes subirte al funicular de Montmartre para salvar las empinadas escaleras que llevan desde el tiovivo que hizo famoso la película Amelie hasta la icónica basílica blanca del Sacre Coeur, desde donde tienes unas bellísimas vistas de todo París.

Subida al Sacre Coeur en Montmartre, París
Subida al Sacre Coeur en Montmartre, París

Pasear por las riberas del Sena es otro placer ineludible. Siguiendo la corriente del río que atraviesa París, además, puedes llegar también a los principales puntos de interés de la ciudad. Empezando por la catedral de Notre Dame, rodeada literalmente por las aguas del Sena, pues se ubica en la isla de la Cité. Es el edificio religioso más famoso de París. Se construyó en los siglos XII – XIII, en estilo gótico y es conocida sobre todo por sus grandes rosetones y vidrieras. Tras el terrible incendio que sufrió en 2019 Notre Dame ha reabierto sus puertas el 8 de diciembre de 2024, gran oportunidad por tanto para verlas. También merece la pena subir a sus tejados para observar de cerca sus famosas gárgolas y de paso disfrutar de las vistas de París.

Caminando un poco más, llegamos al museo del Louvre, el más visitado del mundo, precursor del resto de museos europeos y estadounidenses modernos, con obras maestras de la talla de La Gioconda o la Venus de Milo. Entrar en él puede suponer la perdición: horas paseando por sus galerías admirando su colección. Si no tienes las fuerzas o el tiempo, siempre puedes recorrer sus exteriores, sobre todo el patio con su famosa pirámide, construida en los años 80 para albergar el hall desde el que distribuir a los visitantes del museo.

Museo de Louvre de París
Museo de Louvre de París

Casi en frente del Louvre, en la orilla opuesta del Sena, se encuentra el que para mí es el mejor museo parisino: el museo d’Orsay. No puede competir en fama ni en cantidad de obras magnas con el Louvre, pero sin embargo es el paraíso de los amantes del impresionismo. Sólo la edificación en sí ya merece la pena: una antigua estación de tren de la que se conserva perfectamente la estructura, con una iluminación exterior perfecta. No se necesita tanto tiempo para recorrerlo como el Louvre y disfrutarás revisitando las pinturas impresionistas que estudiaste en tus libros escolares ¡porque están todas allí!

Retomando el paseo por el Sena puedes pasar por los jardines de Tullerías, que fueron de hecho los primeros jardines públicos de París. Su nombre se debe a las fábricas de “tuilles” o tejas que antes se encontraban situadas aquí. 

Y de las Tullerías, a la plaza de la Concordia, que es la segunda más grande de Francia. Desde su construcción ha vivido importantes episodios históricos. Se creó en el siglo XVIII como Plaza de Luis XV, con una enorme estatua del rey. Posteriormente durante la Revolución Francesa pasó a llamarse Plaza de la Revolución y aquí pasaron por la guillotina a 1.200 personas, entre ellas la famosa María Antonieta. Terminada la Revolución se la renombró como Plaza de la Concordia y en 1840 se colocó el famoso obelisco egipcio procedente de Luxor que hoy puedes admirar allí.

Otro lugar ineludible son los Campos Elíseos. La avenida más famosa de París tiene 2 kilómetros de largo, alberga un montón de tiendas carísimas de las marcas más prestigiosas del mundo y es la meta final del Tour de Francia. Puedes tomar los Campos Elíseos desde la Plaza de la Concordia, pasar por el Arco de Triunfo y continuar caminando hasta llegar al Gran Arco en el distrito financiero de la Defense. Parece ser que desde este arco hay vistazas, aunque personalmente nunca lo hemos comprobado.

Si quieres rendir un tributo póstumo a Napoleón, debes ir a los Inválidos. Se trata de un conjunto arquitectónico construido en el siglo XVII como residencia para militares retirados. Alberga varias edificaciones: iglesias, museos, etc. Pero por lo que es más conocido es porque en su interior se encuentra la tumba de Napoleón. Recordemos que Napoleón murió exiliado en la isla de Santa Helena, pero en 1840 sus restos fueron trasladados a los Inválidos. 

Seguimos el curso del Sena pero ¿y si quieres cruzar de orilla a orilla? Fácil, porque hay 37 puentes a lo largo de los 7 kilómetros en los que el río Sena atraviesa París, de muy distintos estilos y arquitectura. Por ejemplo puedes atravesar el Puente Alejandro III, inaugurado para la exposición universal de París en 1900, y del que llaman la atención sobre todo sus grandes esculturas doradas. O por el Pont Neuf o Puente Nuevo que, curiosamente, es el puente más antiguo de París y declarado Patrimonio Mundial de la Unesco. O quizás quieras acercarte al Puente de Bir-Hakeim, desde el que tienes unas vistas estupendas de la torre Eiffel.

Y caminando, caminando, llegamos al símbolo parisino por excelencia: la torre Eiffel. Quién iba a decirles a los franceses que esta construcción, tan denostada y criticada por la inmensa mayoría cuando se edificó con motivo de la Exposición Universal celebrada en París en 1889, acabaría convirtiéndose en el icono inconfundible de la ciudad. Nuevamente te esperan colas para subir a sus alturas pero, esta vez de veras, no puedes perderte las vistas de la ciudad desde su mirador. Y para completar la experiencia, no te pierdas los alrededores: paseo por el Trocadero y picnic en los Campos de Marte bajo la sombra de la torre Eiffel.

En Campo de Marte, bajo la mirada de la torre Eiffel
En Campo de Marte, bajo la mirada de la torre Eiffel

Este mismo recorrido por las orillas del Sena puedes hacerlo en barco: hay cruceros para todos los gustos y horarios. Fui reacia durante mis primeras visitas a hacer uno porque me parecía una turistada, hasta que finalmente lo probé. Y es una gran turistada. La ciudad aparece aún más preciosa, si cabe, y con calma y sin cansarse puedes ver de nuevo los principales puntos turísticos. ¿Es mejor tomar un crucero de día o de noche? ¡Difícil cuestión! Nosotros elegimos las vistas nocturnas, para completar los paseos diurnos a pie, porque París también hay que admirarla a la luz de las farolas.

Vista nocturna del Sena y el puente Alejandro III
Vista nocturna del Sena y el puente Alejandro III

En cualquier caso, es una ciudad infinita y siempre te sorprende: no importa cuántas veces haya estado, en cada visita descubro un nuevo rincón encantador. Y si te cansas de París, coge el tren hasta Versalles: en mi opinión el famoso palacio barroco no merece tanto la visita como sus jardines, que son realmente dignos de ver. Además, la extensísima zona ajardinada de 800 hectáreas, con estanques, árboles, setos de mil formas, estatuas y flores, es de libre acceso, con lo que podrás pasear horas por allí libremente.

Mural en la plaza Saint Liszt, París
Mural en la plaza Saint Liszt, París

Paseos y monumentos a parte, vamos con las cuestiones prácticas. ¿Dónde dormir? Es difícil encontrar alojamientos con buena relación calidad / precio en el área central de París. Para localizarla exactamente, la zona centro es la que está delimitada por la Périphérique (algo así como la M-30 en Madrid). Los que mejor responden a este equilibrio de los que conozco están ambos en las inmediaciones de Montmartre. Uno es el Art Hotel: moderno, cómodo y muy bien comunicado gracias a su cercanía a la estación Gare du Nord. El otro es Hotel des Batignoles: muy agradable, con habitaciones con salita y mini cocina y en un barrio tranquilísimo, con un parque con área infantil.

¿Dónde comer? Éste es para mí el gran punto débil de París: comer bien es realmente caro. No conozco el restaurante definitivo que pueda aconsejar sin asomo de duda, la verdad, así que sólo puedo recomendar, para no arruinarse:

  • La especialidad de la creperie Coeur de Breizh son las galletetes bretonas, similares a las crepes pero hechas con trigo sarraceno (sin gluten por tanto). Tiene 2 locales en París y menús a 15 euros, bebida incluida (precio de 2024).
  • Puede que en Madrid hayas comido en alguno de los locales del grupo de restauración italiana Big Mamma. En París cuentan con hasta 7 restaurantes. Yo probé Mamma Primi, cerca de Montmartre, y la relación calidad – precio es más que recomendable estando en la capital francesa.
  • Entre la Torre Eiffel y Los Inválidos, las calles de la Universidad, Malar, Grenelle están repletas de restaurantes de todas las nacionalidades. El vietnamita Dong Phat es una buena opción y cuentan con menús económicos desde los 12 euros.
  • Comer un bocadillo o sandwich al aire libre es muy parisino: hay cientos de puestos de comida para llevar, sobre todo en los lugares más proclives a comer admirando las vistas, como las escaleras del Sacre Coeur, las orillas del Sena o a la sombra de la torre Eiffel.
  • Entrar en alguna de las brasseries de las calle Lepic, por la que se sube a Montmartre, es otro clásico. Entre ellas, la más famosa es la cafetería donde trabajaba Amelie (Cafe des 2 Moulins, en el número 15).
  • Una buena idea es cenar en Oberkampf, un barrio cerca de la plaza de la República con gente joven, restaurantes informales y bares animados.
  • Siempre puedes probar suerte con el menú del día de algún restaurante en el Barrio Latino, que tienen precios más ajustados que en otros distritos parisinos.

No obstante, no importa cuánto me cobren por un café y un triste sandwich, le perdono todo a París y estoy deseando volver… Siempre descubriré un nuevo rincón que me enamore.

Vistas de la Torre Eiffel de París
Vistas de la Torre Eiffel de París

Viajera, internetera, cinéfila, inquieta, 2.0

8 Comment on “Mis imprescindibles de París

  1. Pingback: Mis imprescindibles de París

  2. Pingback: 15 películas para viajar a Roma - Vagamundos Viajeros

  3. Pingback: Un fin de semana en Valencia - Vagamundos Viajeros

  4. Pingback: 10 destinos internacionales para viajar en primavera - Vagamundos Viajeros

  5. Pingback: Qué hacer en Hanoi - Vagamundos Viajeros

  6. Pingback: Un día en Girona - Vagamundos Viajeros

  7. Pingback: Milos, nuestra isla griega favorita - Vagamundos Viajeros

  8. Pingback: Nuestros viajes de 2024 - Vagamundos Viajeros

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde Vagamundos Viajeros

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo